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TOÑI ESCAÑO Y KIKE BLANCO | COMPONENTES DEL "DÚO BRASS", CONJUNTO AVILESINO QUE LLEVA 30 AÑOS ANIMANDO FIESTAS Y VERBENAS

Casados con la música

Una pareja de delineantes incombustible que lleva treinta años trazando los planos de una historia de amor sobre los escenarios del Principado

Toñi Escaño, durante una actuación junto a una foto de su marido, Kike Blanco.

Toñi Escaño, durante una actuación junto a una foto de su marido, Kike Blanco.

Lo dice Toñi: "Llevamos una pila de praos". Esto, para un músico asturiano, significa que su agenda, por fortuna, apenas tiene fechas libres. Toñi Escaño y Kike Blanco son los integrantes del "Dúo Brass", una agrupación con raíces avilesinas y corveranas que cumple este verano treinta años repletos de éxitos sobre los escenarios. Ahí es nada. Pero Escaño y Blanco, capaces de hacer temblar al respetable con el "Olvídame y pega la vuelta" de Pimpinela, son más que músicos. Ambos son delineantes y desde hace más de tres décadas, también pareja. Tienen dos hijos, Jorge y Alejandro, entre la adolescencia y la madurez. Su vida es una "folixa", una historia de amor por los escenarios y un ejemplo de lucha y constancia. Los planos de sus cimientos son una partitura.

Él, nacido en Madrid, se trasladó siendo muy crío a Los Campos. Ella, de La Luz de siempre. Estudiaron Formación Profesional en Avilés en promociones diferentes y, casualidades de la vida, los dos estaban decididos a trabajar como delineantes. Pero la música se metió por el medio. "El pertenecía a la Banda de Música de Corvera y una de mis hermanas también. Yo bajaba a los ensayos y así conocí a Kike. Un día, la banda viajó a Chantada, en Galicia, y empezamos a salir", relata Toñi Escaño. Era el año 1986.

Pasaron los meses y avanzó el noviazgo. Surgió también el sueño de formar una orquesta de metales, a la antigua usanza. Kike había estudiado en el Conservatorio de Avilés y tocaba la tuba. "Yo empecé a ensayar con ellos de forma fortuita", precisa la cantante. Así nació "San Francisco Metal Brass" , una banda que debutó un fin de año de hace treinta años en un garaje de Villalegre.

"En el concierto estaban nuestros padres y poco más, los mismos que nos ayudaron a despegar porque por aquel entonces el mayor de la orquesta era Kike y tenía veinte años", recuerda Toñi Escaño. Eran tan guajes que sus padres también tuvieron que avalar el primer crédito que pidieron para comprar el primer equipo para la banda. Los años siguieron pasando, y con un cambio de representante cambiaron también de nombre. Quitaron el San Francisco y se quedaron con "Metal Brass Orquesta". Dieron caña, mucha, hasta hace aproximadamente dieciséis años. "Por aquel entonces trabajábamos muchísimo, teníamos muchísimos 'bolos' y viajábamos sin parar. Nosotros tuvimos a nuestro primer hijo, luego vino el segundo... Ya no éramos los críos del principio. Por aquella época comenzó también el 'boom' de los camiones-orquesta y continuar nos obligaba a meternos en una inversión muy importante de la que no estábamos al cien por ciento seguros", confiesa la cantante avilesina.

Tras un parón, Kike Blanco y Toñi Escaño decidieron, con el respaldo de su familia, llevar el dúo que son a los escenarios de toda Asturias. Ahora procuran no salir del Principado -tienen una fecha apalabrada en León-, pero en la región animan a todo aquel que se les ponga por delante: fiestas, bodas, comuniones, comadres, nocheviejas... "Empezamos a lo tonto y a lo bobo y es la mejor decisión que pudimos haber tomado. Nos estamos encontrando a gente maravillosa por el camino", coinciden.

Porque el "Dúo Brass" son dos, pero sus seguidores se cuentan por decenas. Tienen tablas y lo demuestran en cada show. "La música resume los mejores y los peores años de nuestra vida: cuando empezamos lo pasábamos genial, éramos muy jóvenes y sin apenas responsabilidades. Nos criamos juntos en la orquesta y nos reíamos sin parar", reconoce Escaño. También sufrieron sinsabores. Como la pérdida de uno de sus músicos. A Toñi Escaño aún le cuesta pronunciar su nombre. Se llamaba Michi.

Ahora Toñi Escaño y su marido preparan los grandes éxitos del verano en su casa, en un bajocubierta adaptado como local de ensayo. Ella se dedica en cuerpo y alma a la música; él compagina los teclados con el trabajo en una empresa. "Todo lo que hemos aprendido en esta vida nos lo ha dado la orquesta, cada pueblo es un mundo y cada concierto una experiencia nueva", concluyen. Esta noche estarán en Trasona.

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