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FRANCISCO GARCÍA VITORIA | MÉDICO RURAL EN LA LAGUNA (ILLAS)

Pepe, el doctor caleya

"Médico de pueblo" por vocación, lleva 36 años pasando consulta en la zona rural y conoce a todos los pacientes por su nombre

Francisco García Vitoria, en el ambulatorio de La Laguna. RICARDO SOLÍS

Admirados por muchos compañeros y respetados por los pacientes, los médicos rurales trabajan hoy con horarios y menos aislados gracias a los ordenadores, pero sin recursos técnicos suficientes para algunos diagnósticos. Un esfuerzo básicamente recompensado por la confianza del enfermo. Francisco García Vitoria ejerce como "médico de pueblo" por vocación. Lleva 36 años pasando consulta en la zona rural, los últimos 21 en La Laguna (Illas). Francisco es Pepe para sus pacientes, sinónimo ya de amigos.

"Me gusta mucho esto. El día a día es más llevadero y hay más margen de tiempo para atender a los pacientes. Aunque hago guardias en La Magdalena, el día a día en un centro de salud urbano no lo concibo: me agobia", confiesa este hombre que da cita a sus pacientes por cubrir el expediente. Luego cada enfermo va a la hora que puede, y todos reciben atención. "En la zona rural hay que ser más flexibles con los pacientes, con los que puedo pasar una hora si es necesario por su patología", precisa.

Pepe García conoce a todos sus pacientes por el nombre. A casi todos les ha visto envejecer. "Siempre te pones en el lugar del otro, existe la empatía", señala. Hasta hace pocos años el médico rural estaba disponible las 24 horas del día. Ahora tienen horarios, libertad para elegir dónde residen (Francisco García vive en Avilés), y la asistencia se organiza con apoyo de ambulancias o UVI móviles.

García estudió en Oviedo. Uno de sus primeros destinos fue Ponga. Allí conoció lo que era el aislamiento. Aprendió a desenvolverse como médico en un terreno abrupto. "Cuando había casos graves me llevaba el cura en su coche, un 'Willy'. A veces teníamos que hacer un polipasto y atarlo a un árbol para poder subir por una pendiente nevada", recuerda. Luego se trasladó a Salamanca (Castilla). Allí alguna que otra vez tuvo que hacer de veterinario además de médico. "En una ocasión atendí a un burro con un flemón bestial", ríe.

"Hay anécdotas graciosas, pero cuando eres médico de pueblo te das cuenta de la soledad de las personas mayores. Vemos a gente muy anciana muriéndose sin compañía ni cuidados, y eso es lamentable", subraya este médico que trabaja sobre todo con población envejecida: "¡En Illas no se muere nadie!", dice con humor, y apostilla a continuación: "De lo que no hay duda es de que el paciente rural es mejor paciente y de que llama al médico cuando realmente lo necesita".

Pepe García realiza a la semana entre 100 y 200 kilómetros en salidas a domicilios. La enfermera realiza muchos más. "La asistencia ha cambiado muchísimo y en cualquier caso para mejor. Tener un servicio como el 112 Asturias es un adelanto tremendo que está poco valorado.

Para los médicos rurales es una tranquilidad enorme saber que marcando tres números en un teléfono podemos tener el respaldo de una beta (ambulancia convencional), una UVI e incluso el helicóptero si se diera el caso", elogia. La mejora de las carreteras y, en el caso de La Laguna, la proximidad con Avilés facilitan algo más el trabajo.

Él, por esta razón, ha quitado peso a su maletín. Antes llevaba en material casi cinco kilos: "Iba con todo al hombre por si acaso y todo me parecía poco. Ahora, como comentaba, me siento mucho más arropado en caso de emergencia. Si voy a un sitio por una caída de un hórreo y veo a alguien con la cabeza abierta sé que puede venir la ambulancia en minutos", reitera.

En su maletín lleva ahora el kit básico: talonario de recetas, fonendoscopio, tensiómetro, analgésicos, una linterna... Cuando llega Francisco García sus pacientes respiran aliviados. Pepe es el doctor de caleya, por convicción. Y eso, se nota.

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