09 de noviembre de 2018
09.11.2018

FADE, Femetal y la Cámara apoyan a Azsa en su gestión con los intoxicados

Las organizaciones creen "injustificada" la huelga de hambre

09.11.2018 | 02:53
Carlos Martínez, a la izquierda, se dirige al eurodiputado Édouard Martin, ayer, en el campamento de los trabajadores en huelga de hambre.

La Federación Asturiana de Empresarios (FADE), la Federación de empresarios del metal y afines del Principado de Asturias (Femetal) y la Cámara de Comercio de Avilés lanzaron ayer un mensaje de apoyo a Azsa y calificaron de "injustificada" la huelga de hambre que están llevando a cabo tres extrabajadores de Imsa intoxicados por mercurio a las puertas de la factoría.

"Creemos injustificada una posición de fuerza sobre Azsa que, en base a un acuerdo, ha gestionado todo este escenario con el máximo rigor, atendiendo a la legalidad en generosa posición hacia los afectados", afirman los tres colectivos. FADE, Femetal y la Cámara avilesina aseguran no entender "las posturas de hostigamiento" hacia la empresa, "máxime en un momento de máxima preocupación para nuestra industria, en particular, y para la sociedad en general".

"Somos contrarios a la utilización de la salud como instrumento de reivindicación y proponemos que impere el diálogo permanente, al igual que Azsa ha desarrollado a lo largo de todo este proceso", concluyen.

Los tres extrabajadores de Imsa intoxicados por mercurio acusaron a la dirección de la empresa "lanzar infundios" contra ellos. "No es dinero, es salud lo que pedimos. Ellos mantuvieron el protocolo hasta 2015, cuando se acabó la vía penal", declaró Víctor Calota, uno de los tres afectados que ayer a media tarde recibieron a los eurodiputados Tania González (Podemos) y Édouard Martin (PSF), que conoció de primera mano la situación de los afectados: "Hay que internacionalizar la lucha", propuso antes de recordar que la empresa "tiene todo el tiempo del mundo, lo que tiene es vergüenza", aseguró el político y exsindicalista de Arcelor en Francia.

Martin se ofreció para que la situación en que viven los tres trabajadores se oiga en Bruselas, Estrasburgo "o en la puerta de Glencore".

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