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África cala en el colegio Gloria Rodríguez

Manuel Galán explica a los alumnos un proyecto desarrollado en Tanzania con jóvenes de la calle: "Creemos en una educación transformadora"

Alumnos de sexto de Primaria, en el pasillo de acceso al aula, ambientado con elementos propios de Marruecos.

Alumnos de sexto de Primaria, en el pasillo de acceso al aula, ambientado con elementos propios de Marruecos.

África ha entrado en las aulas del colegio Gloria Rodríguez, de Soto del Barco, y también en las mentes y en el corazón de sus alumnos. El centro educativo desarrolla este curso un proyecto sobre el continente vecino en el que también participan las familias con la elaboración de materiales y préstamo de objetos que ambientan los pasillos; incluso las puertas de las clase están decoradas con singularidades de los diferentes estados. Cada curso centra la atención en un país y los alumnos ahondan en aspectos como vegetación, clima, gastronomía, fauna, tradiciones, paisaje... "Hacer los trabajos expuestos con sus familias es una forma motivadora de aprender, lo interiorizan mejor, sienten que están jugando", señala Ana Machargo, directora del colegio que ayer recibió la visita de Manuel Galán, fundador en 2009 de la asociación Matumaini (esperanza en suajili), volcada con los niños que viven en la calle en Tanzania. "El proyecto no sólo tiene como objetivo conocer el continente, también tiene una parte humana, de solidaridad", añadió la docente.

Manuel Galán, que vivió cinco años en Tanzania (ahora reside en Somiedo), dedicó la mañana de ayer a explicar a los estudiantes cómo es el día a día de los jóvenes sin hogar del país de la costa este de África central donde actúa la asociación. Les habló de los proyectos que lleva a cabo la organización a la que pertenece, de formación y promoción de las capacidades artísticas. "Trabajamos desde las capacidades y talentos de los niños, en una educación transformadora, de crear espacios de conocimiento crítico, pero en positivo a través de experiencias artísticas; intentamos que el arte sea una salida de la pobreza", relató.

Igualmente, proyectó varios vídeos, uno con una canción compuesta e interpretada por los propios jóvenes. "Están contentos; aunque su situación no sea buena, quieren seguir adelante", comentó Galán. La otra grabación refleja las historias personales de once chicos. "Las niñas están invisibilizadas, las esconden, las captan para trabajar desde muy pequeñas", añadió, para recalcar la necesidad de "cambiar la mirada que sobre África tienen los adultos, un continente con muchos países diferentes y realidades distintas".

En la biblioteca del colegio, por donde fueron pasando a lo largo de la mañana todos los alumnos, de Infantil y Primaria, Manuel Galán también contó leyendas como la del baobab, un árbol grande, poderoso, sagrado y mágico "al que los dioses castigaron y dieron la vuelta para que las raíces crecieran hacia arriba", contó ante el asombro del auditorio juvenil. A los más pequeños también leyó un cuento, "Mbuyo y el baobab africano", de Silvia Álvarez Merino, y a todos mostró los libros del rincón africano que organizó al llegar a las dependencias educativas.

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