Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

JOSÉ MARÍA POU | Actor, protagoniza "Moby Dick" el próximo 10 de mayo en el Palacio Valdés

"Me gusta creer que el capitán Ahab me ha abducido, que batalla conmigo cada noche"

"Lo siguiente que haré será 'Cicerón', pero tengo que ir pensando en la retirada o, al menos, en relajar los proyectos... ya voy teniendo una edad"

José María Pou, en el hotel de la Reconquista.

José María Pou, en el hotel de la Reconquista. LUISMA MURIAS

El actor y director de escena José María Pou (Mollet del Vallès, Barcelona, 1944) ha sido Sócrates, Orson Welles y hasta el enamorado Tom Sergeant de "A cielo abierto". En los cincuenta años que lleva sobre la escena le ha dado tiempo a dar vida a todo tipo de personajes. El próximo viernes 10 de mayo (20.15 horas), en el teatro Palacio Valdés, en Avilés, le prestará cuerpo, voz y alma al capitán Ahab, el loco que busca a Moby Dick. La criatura de Melville le viene acompañando este último año y pico por todos los teatros del país y, asegura, lo abandonará el próximo día 24. "La función de Avilés será una de las últimas", comenta por teléfono a LA NUEVA ESPAÑA.

- Le vamos a tener que poner un piso en Avilés.

-Es una ciudad que me entusiasma. La última vez que estuve allí fue con "Sócrates" y, antes, en un coloquio con motivo del veinticinco aniversario de la reapertura del Palacio Valdés. Hace pocos días estuve en Oviedo, como jurado del "Princesa de Asturias" de las Artes. Me acordé mucho de ustedes. Me encanta mucho Avilés, lo que sucede es que mis estancias son muy cortas: ir y volver. Hace tiempo que vengo prometiendo pasar unos días últimando un espectáculo para estrenarlo allí, pero ya sabe usted cómo son los problemas de agenda.

- Menudo acierto tuvieron premiando a Peter Brook.

-Estoy muy orgulloso de haber formado parte del jurado que le ha dado el premio a uno de los más grandes del teatro. Me emociona mucho. No me gusta decir que es el gurú del teatro, pero es el gran y viejo maestro ancestral. Brook marcó mucho a mucha gente que sigue en activo en el teatro. A mí incluido. Su "Marat/Sade" fue una referencia. No pude ver su montaje, el de la "Royal Shakespeare". Me he tenido que conformar con las filmaciones que andan por ahí. Vi, sin embargo, el "Mahabharata" en Madrid. Sentado en el peldaño del teatro, la peor de las maneras de ver teatro, pero aquel espectáculo fue como la caída del caballo de San Pablo camino de Damasco. Abrió muchos horizontes en la escena. Y en los míos propios.

- Lleva medio siglo en este negocio.

-Debuté como actor profesional, con nómina, con mi nombre en el cartel, el 6 de octubre de 1968 en el teatro Español. Hicimos "Marat/Sade" precisamente. El montaje, de Adolfo Marsillach. Si quiere le explico cómo llegué allí.

- No lo dude.

-El montaje lo íbamos a representar tres noches seguidas. Marsillach se plantó en la Real Escuela de Arte Dramático buscando actores que se implicaran en el proyecto. Le había animado Paco Nieva, que era el autor de la escenografía. Nos escogió a cuatro o cinco. Íbamos a hacer de guardianes de los locos del hospital: figurantes con frase. Me apunté enseguida. Aquel día fue el inicio de mi carrera y también el comienzo de mi amistad con Marsillach, que duró hasta el día en que murió. Vivir aquella experiencia fue impagable. Ensayamos los actores en Madrid y el coro de los locos, en Barcelona. Todos estábamos esperando el momento en que las dos partes del reparto se juntaran. Recuerdo todo aquello minuto a minuto: el teatro rodeado por los grises y sus tanquetas. Aquel montaje abrió las puertas del teatro español de entonces.

- Lo estudié en la carrera.

-¿De verdad? Mire, Marsillach revoluciona la escena y lo hace apoyado en Peter Brook. Mis cincuenta años como actor comenzaron con Brook y han vuelto a Brook otra vez. Peter Brook ha sido como la luz de mi carrera.

- Volvamos a Avilés... Será el capitán Ahab.

-Es un personaje que no pertenece al teatro, pero hubiera merecido formar parte de él: es un arquetipo. No recuerdo quien lo dijo, pero tiene razón: es el personaje que se le olvidó escribir a Shakespeare: es riquísimo, muy grande. Muchos actores quisieron hacerlo: Orson Welles, en el cine. No lo consiguió: la película de John Huston al final la hizo Gregory Peck. Welles se conformó con un montaje teatral que presentó en Londres, que fue un fracaso, pero estaba acostumbrado a los fracasos. En la Expo de Sevilla lo presentó Vittorio Gassman. En el recinto ferial. Ser el capitán Ahab no fue nunca idea mía. No había pensado nunca en interpretarlo: me presentaron la propuesta y la acepté. Fue un reto que se materializó felizmente. Lo que sí le digo es que es el personaje más agotador que he hecho, más si cabe que el Rey Lear. El espectáculo de Andrés Lima ha gustado a muchos y a otros, nada, pero eso es lo que debe ser teatro. Con Ahab he sentido cosas como actor que nunca antes había sentido.

- Dígame.

-Usted sabe que en todos estos años he interpretado personajes grandes: Sócrates, el último. Ahab es el mayor de todos: una pata de palo, un personaje que entra en escena pegando un gran grito. Se tira toda la función cabalgando sobre las olas, hora y media cabalgando: ni un minuto de descanso. Por primera vez en medio siglo he sentido cómo me fundía con el verdadero Ahab, una fusión de la que sólo me despiertan los aplausos. Pienso: ¡Qué me ha pasado! Me gusta creer que el personaje de Melville me ha abducido, que el auténtico Ahab, aunque no haya existido, batalla conmigo cada noche para ver cuál de los dos sale al teatro.

- ¿Cómo se reduce un novelón como "Moby Dick" a sólo hora y media?

-Eso se lo tiene que preguntar a Juan Cavestany. Me parece que dio en clavo, que sabía qué teníamos que contar. La gente cree que conoce la historia, pero se quedan en la búsqueda de la ballena. Es mucho más: un libro dentro de otro, una especie de Quijote. Cavestany se mete en la historia del viaje interior del capitán. No podíamos hacer como Gassman: contar con un puerto entero. Lo interesante es ese viaje hacia el fondo de su mente: el loco que engaña a su tripulación, que les dice que cazarán ballenas, pero es algo más. Ahab se siente humillado por el animal y piensa en vengarse. Vengarse de la bestia es vengarse de la propia naturaleza: trabajo baldío. Ese engaño al final es un viaje hacia el suicidio.

- Cuando deje de cazar ballenas, ¿en qué se meterá?

-Todavía no nos hemos puesto a ensayar, pero en el Festival de Mérida vamos a hacer una cosa pequeña en torno a Cicerón. Con Mario Gas a la dirección y Ernesto Caballero como autor. Eso de manera inmediata, pero creo que tengo que ir pensando en la retirada o, al menos, en relajar los próximos proyectos... ya voy teniendo una edad.

Compartir el artículo

stats