12 de junio de 2019
12.06.2019
Entrevista
SAMUEL ARMAS | Artista, pinta el viernes la fuente de los caños de Rivero

"Me muevo en la figuración porque es lo que me pide el cuerpo"

"Para vivir de la pintura hay que hacer muchas cosas: combinarla con la docencia, visitar lugares..."

12.06.2019 | 02:26
Samuel Armas, ayer.

Samuel Armas (Avilés, 1992) es uno de los cinco artistas que participa en el proyecto "Avilés desde sus fuentes", una de las novedades de la IX Noche Blanca de Avilés que se celebra el próximo viernes, día 14. Se trata de una actividad que llega gracias a la colaboración de Aguas de Avilés y LA NUEVA ESPAÑA. Los otros pintores son Julia Gallego, Nerea Lorences, Manuel García Fernández y Xabier Liz. Cada artista estará acompañado, mientras realiza su trabajo, por un trío de cuerda y un cuarteto de viento madera. Armas conversa en la redacción avilesina de este periódico.

- ¿Qué tiene la fuente de Rivero para que la haya elegido?

-Tantas veces pasa uno por ahí que siempre se queda parado y siempre descubre, cada día, un cuadro nuevo. Nunca la había pintado al natural, pese a ello fue uno de los recodos avilesinos que más pronto empecé a pintar. De hecho, la primera exposición que hice, muy humilde, contaba con una pequeña obra que lo reproducía. Recientemente, se me despertó el interés de pintarla. Este evento, el "Avilés desde sus fuentes". ¿Qué tiene de especial? Además de ser una seña de identidad de Avilés, es un lugar tan entrañable, tiene diagonales, tiene espacios tan vacíos...

- Pero es que sale mucho, en un montón de pinturas.

-Lo bueno que tiene este evento es poder sacar una nueva mirada de la misma fuente. Hubiera podido ser muy interesante que todos pintáramos la misma fuente, cada uno con su mirada particular. Es un reto en todo caso. Es más complicado contar algo de algo muy contado que buscar la rareza por la rareza.

- Volviendo para atrás. ¿Por qué decide ser pintor?

-Hace muy poquito me hicieron esa misma pregunta. Respondí que no me había dado cuenta cuándo me hice pintor.

- ¿Y cuándo se dio cuenta?

-Cuando andaba en círculos de concursos, exposiciones, galeristas, entonces es cuando te das cuenta de que ya tienes la profesión clara.

- ¿No sería cuando sus padres ponderaron los dibujos del chaval?

-Mis padres siempre me han apoyado y es algo que siempre se lo agradeceré. La pintura es algo que al principio está en tu vida, pero no lo tomas como algo principal. Lo que sucede ahora es que sin la pintura, aunque suene romántico, no puede vivir uno.

- ¿Y se puede vivir vivir de la pintura?

-Para vivir de la pintura hay que hacer muchas cosas: combinarla con la docencia, estar en muchos sitios en el momento justo. Conoces a cierto galerista, a un cierto marchante... ¿Se puede vivir? Hay que estar y luchar mucho.

- ¿Se compran cuadros?

-Sí, sí, se sigue vendiendo arte. Lo que pasa es que esa burbuja que había hace unos años digamos que se ha deshinchado. Vas a una exposición y no ves un punto rojo debajo de cada cuadro. Si el artista es bueno y la producción coherente, venderá obra. Lo que pasa es que no de esa forma de antes. Me refiero a algo tan sencillo como una boda: antes se regalaba un cuadro recurrente, ahora ya no.

- Se mueve por el arte figurativo. ¿Probó otros estilos hasta dar con el suyo propio?

-Es muy buena pregunta. La evolución de un artista es, en teoría, racional. Me refiero a los que prueban las dos vertientes: la abstracción o lo figurativo. Me he movido por la figuración porque eso es lo que me pide el cuerpo: siempre intento transmitir algo que es tangible, que tú lo puedes identificar con algo. Hará como dos años en que estuve en la cuerda floja, la que separa el realismo de lo que es más lírico, más poético. Ahí tuve un parón de obra, un parón psicológico, hasta que decidí mi camino.

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