13 de junio de 2019
13.06.2019

Los peritos del piso que sufría ruidos de un bar: "Se oía la letra de las canciones"

"No era un local de 'chunda-chunda' con gente inflada de cocaína", apunta la defensa del hostelero

13.06.2019 | 02:47
La calle de La Estación, en la que está ubicado el bar denunciado.

"Desde la vivienda de arriba se llegaba a distinguir la música y la letra de las canciones del equipo de sonido del bar". Eso aseguraron ayer, en la segunda sesión del juicio por ruidos contra un hostelero de Sabugo, los dos equipos de peritos que realizaron mediciones en el piso de los denunciantes, ubicada justo encima del establecimiento. En ambos estudios, los resultados eran superiores a los máximos permitidos por la ley. En la vista también declararon como testigos la propietaria del establecimiento, que dijo apenas saber nada del caso; y la forense, que corroboró que los residentes padecieron insomnio. Concluida la fase oral, la Fiscalía mantuvo para el hostelero su petición de multas por valor de más 7.200 euros, dos años de inhabilitación para regentar establecimientos de este tipo y dos años de prisión. La acusación particular elevó la pena de cárcel a tres años y medio. La defensa pidió la libre absolución.

Los dos equipos de expertos en mediciones de ruidos que declararon ayer en la segunda sesión del juicio contra un hostelero de Sabugo por la música de su local coincidieron en que las inmisiones del equipo de música del establecimiento en la vivienda eran superiores a los máximos permitidos. Según las mediciones de los peritos contratados por los inquilinos, el ruido oscilaba entre 45,3 y 52,9 decibelios ponderados -el máximo está en 30-; y según el estudio realizado por técnicos municipales se llegó a los 46. Los dos equipos afirmaron que hasta se podía identificar la letra de las canciones. "En nuestro informe cito hasta 5 ó 6 canciones que estaban sonando", puntualizó uno de los técnicos de la acusación particular, que además señaló que en la vivienda había vibraciones a causa del ruido; un extremo que no fue apreciado por los miembros de los servicios técnicos del Ayuntamiento.

También prestó declaración la médico forense que analizó los casos de los tres residentes que denuncian haber padecido dolencias supuestamente a causa de los ruidos. La doctora reconoció que el insomnio está directamente relacionado con el ruido y la cefalea, que no tiene por qué ser recurrente, con la falta de sueño. Además, en el caso de una de las denunciantes, que ya padecía un problema de migrañas previo, aseguró que éste podría haberse agravado a causa de las molestias por la música del establecimiento.

También declaró la propietaria del local en el que estaba abierto el bar, en la calle de La Estación, que dijo no estar al corriente de qué tipo de licencia tenía el establecimiento cuando se lo alquiló al acusado y que se enteró de los problemas con los vecinos por su propio hijo. Afirmó también que el empresario no le había solicitado mejoras en la insonorización del bajo. "Lo único que sé es que un día dejó de pagar y no supimos más de él", explicó la arrendadora.

Tras los testimonios, la Fiscalía mantuvo su petición de dos años de cárcel para el acusado, otros tantos de inhabilitación para regentar un establecimiento de este tipo y multas e indemnizaciones por más de 7.000 euros por un delito contra el Medio Ambiente y tres delitos leves de lesiones.

La acusación particular, ejercida por la letrada Lía Lemos, pide el mismo castigo carcelario que el Ministerio público por el delito contra el Medio Ambiente, pero califica los delitos de lesiones como graves, por lo que a esos dos años de privación de libertad suma otros 18 meses: tres años y medio en total. "Los denunciantes tuvieron siempre una actitud conciliadora desde el primer momento y tuvieron que acabar empastillándose para dormir", clamó.

La defensa, llevada por José Ramón Nistal, argumentó que no había intención de hacer daño por parte de su cliente y que la música no estaba alta. "No es un bar de 'chunda-chuna' en el que la gente vaya inflada de cocaína", dijo el letrado, quien defendió que todo se debe a un fallo estructural del edifcio: "El problema no es de mi cliente, sino del Ayuntamiento, que se ha equivocado con el aislamiento del local".

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