17 de julio de 2019
17.07.2019

Muere un hombre tras pegarse un tiro con una escopeta en la capilla del Hospital de Caridad

"Jamás hubiéramos imaginado que pudiese hacer algo así", lamenta el hijo de César Francisco Álvarez-Cascos, extrabajador del Registro de la Propiedad

17.07.2019 | 02:50
El Hospital de Caridad, ayer por la tarde.

Tragedia en el Hospital de Caridad. César Francisco Álvarez-Cascos, extrabajador del Registro de la Propiedad de 61 años, se quitó ayer la vida en la capilla del centro hospitalario de la calle Cabruñana tras pegarse un tiro en el pecho con una escopeta de caza. Su familia quedó consternada por los sucedido. "Jamás hubiéramos imaginado que pudiese hacer algo así. Estamos destrozados", aseguró a este diario su único hijo sólo unas horas después del trágico suceso.

Los hechos tuvieron lugar en torno a las 15.30 horas de la tarde. Fue entonces cuando Álvarez-Cascos entró en la capilla del Hospital de Caridad y se descerrajó el disparo en el pecho que le quitó la vida. El cadáver fue hallado por un hombre que entró al oratorio para encender una vela. Pese a que avisó de inmediato a los médicos, éstos no pudieron hacer nada por reanimar a la víctima.

En el hospital se presentaron varias dotaciones de la Policía Nacional, que ahora investigan los hechos, si bien todo apunta a que se trata de un suicidio voluntario. Fuentes cercanas a la investigación señalan que antes de dispararse, Álvarez-Cascos aparcó su Renault 4 rojo en el parking del hospital, como muchas otras veces. De allí se dirigió a su oficina, ubicada enfrente, y tras realizar diversas gestiones volvió al hospital para quitarse la vida. Tras los hechos, la capilla tendrá que ser bendecida.

"Estamos totalmente destrozados. No sabemos qué le llevó a hacer esto. Estamos hechos polvo", lamentaba ayer su hijo, también de nombre César Álvarez-Cascos, a las puertas del centro hospitalario. "Todo lo que sabemos es que cogió una escopeta de casa, donde hay muchas armas porque tenemos afición a la caza, y que se quitó aquí la vida. Es un momento muy duro", agregó el joven.

César Álvarez-Cascos era muy popular en Avilés. Había trabajado durante décadas en el Registro de la Propiedad. Posteriormente, decidió dejar ese empleo para emprender negocios en la esfera privada. Según su entorno, manifestó que en los últimos tiempos no le estaba yendo muy bien y que llevaba una temporada un tanto deprimido. "Era un hombre muy generoso, que daba todo lo que tenía", recordaban ayer algunos de sus allegados, entre ellos su único hijo, fruto de su primer matrimonio. En el momento de su muerte, Álvarez-Cascos estaba casado en segunda nupcias.

El difunto fue visto ayer por varios conocidos en la calle Cabruñana, donde tenía un negocio inmobiliario. "Estaba rompiendo y tirando papeles al contenedor de reciclaje", relató a este periódico un amigo de la víctima, que lo vio en torno a las 15.20 horas, sólo instantes antes de que se quitase la vida. La misma persona aseguró que a primera hora de la mañana de ayer también se lo había encontrado a las puertas de la oficina del Banco Santander de la calle Cuba. "Es una pérdida muy trágica", lamentó.

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