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El letrado ilustrado

José Ramón Cueva alternó el ejercicio del Derecho con una pródiga actividad cultural a la que Avilés debe una etapa dorada en los años 50

Trabajando en su despacho.

Trabajando en su despacho.

"Fue un buen marido y padre, un gran abogado de empresa, periodista y escritor por vocación". Así evocaba ayer Ignacio Cueva Bañuelos a su padre, José Ramón Cueva Álvarez, fallecido el sábado a los 90 años. La pasión por la cultura que le acompañó toda su vida pudo estar alimentada por

Los libros y el cine alimentaron el entusiasmo por la cultura de este avilesino que llegó a la abogacía por tradición familiar. La familia fue la primera pasión de este hombre discreto que fue el primer director de la Casa de Cultura de Avilés, antes lo había sido del ateneo avilesino de la calle Jovellanos donde se encontraba la biblioteca pública Bances Candamo. Hijo del matrimonio formado por el abogado Juan Cueva Rodríguez de la Flor y la avilesina María Álvarez García-Pola, que se asentaron primero en Madrid y cuando el ambiente político en España comenzó a ser peligroso trasladaron su domicilio a Avilés, José Ramón Cueva, segundo hijo del matrimonio y hermano de Celina, Carmen, Francisco y Juan, estudio Derecho en la Universidad de Oviedo, donde se licenció en 1950; de 25 asignaturas, en 20 sacó matrícula de honor.

La guerra civil española fue nefasta para la familia de José Ramón Cueva. "Mi abuelo Juan Cueva Rodríguez de la Flor fue asesinado por el bando republicano en 1936. Tenía mi padre 8 años y jugaba con su padre en el escondite que tenía en casa de su madre, mi bisabuela Encarnación Rodríguez de la Flor. Cuando encontraron su escondite, mi abuelo regaló a mi padre un Jesucristo para colgar en el cuello... lo llevó puesto hasta el día de su muerte", revela Ignacio Cueva. "Esa experiencia marcó toda su vida; era el varón mayor de cinco hermanos, con su madre viuda, y tuvo que dar ejemplo y ejercer un poco de padre de sus cuatro hermanos", añade.

José Ramón Cueva, tras terminar la carrera de Derecho, en torno a 1950, abrió despacho en Avilés, en la casa familiar de Rivero, pero lo cerró al casarse en 1959. "Durante esa época también dirigió la Casa de Cultura de Avilés, al parecer con gran acierto pues pasaron por Avilés grandes personajes de la cultura de entonces, como Dámaso Alonso, Miguel Delibes, Álvaro de Laiglesia, Emilio Alarcos o Manuel Alcántara, entre otros, cuando además no había dinero en los presupuestos municipales para pagar las cenas; tanto era así que las pagaba mi padre de su bolsillo", relata Ignacio Cuevas.

"En su juventud fue un buen estudiante y le gustaba mucho jugar al fútbol con su mejor amigo, Ramón Colao Caicoya; también disfrutaba paseando desde su domicilio en Rivero hasta otras casas de su familia, como El Martinete, La Luz, y La Magdalena".

En 1959 se casó en Covadonga con Mercedes Bañuelos Llames, natural de Colunga. En 1960 nació su primer hijo, Juan Fernando; en 1961 el segundo, Ignacio; y el tercero en 1967, Javier (fallecido en 2014). "Cuando éramos pequeños mi padre nos leía poesía de Federico García Lorca, Antonio Machado, Miguel Hernández, Rafael Alberti y Pablo Neruda y nos contaba cuentos que él mismo inventaba", rememora su hijo. "Siempre le gustó escribir y leer de todo, principalmente novela y ensayo, y le gustaba tanto 'El Quijote' como 'Cien años de soledad'. Apreciaba mucho la literatura del premio Nobel colombiano Gabriel García Márquez".

En 1959, José Ramón Cueva llegó como abogado a la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM), dirigida entonces por Juan Blas Sitges Menéndez. Después pasó a Asturiana de Zinc (Azsa), dirigida por Francisco Javier Sitges Menéndez. La jubilación le llegó a Cueva en 1996, cuando era director de la asesoría jurídica con la categoría profesional de director general.

Desde su jubilación en 1996 y hasta su fallecimiento, José Ramón Cueva volvió a recuperar su vocación de escritor y periodista. Publicó artículos en LA NUEVA ESPAÑA. "En estos años tampoco perdió su iniciativa de promover la cultura, siguió leyendo y cuidando s sus nietos: María, Alejandro, Juan y Nicolás".

José Ramón Cueva también formó parte de la tertulia avilesina de Casa Germán "La Academia", en la que también estuvo hasta su muerte el que fuera Cronista Oficial de Avilés y compañero en la facultad de Derecho de Cueva, Justo Ureña. Una tertulia a la que acudía también el historiador Román Antonio Álvarez y otros avilesinos como Toni Fidalgo, Paco Iglesias, Alberto del Río o el sacerdote José Manuel Feito y el periodista Luis María Alonso, entre otros. Las reflexiones de los tertulianos en Casa Germán quedaron plasmadas en publicaciones colectivas como "Avilés. Episodios y relatos", "Avilés. Evocación y recuerdos" o "Avilés XX. El siglo que viene".

En verano, José Ramón Cueva no faltaba a la tertulia de "La Casería", a dos pasos de su casa en Salinas y de la playa que tanto amaba y donde compartía debates con el periodista y también colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Eugenio Suárez, el químico Carlos Conde, los ingenieros Marcelino Saldaña y Hanselman Müller o el magistrado Julio García Lagares.

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