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RAÚL GONZÁLEZ | ENTRENADOR DE FÚTBOL

Toda una vida sentado en el banquillo

Amante del fútbol desde que jugaba pachangas en el Carreño Miranda, recogerá el premio a la trayectoria deportiva tras décadas como técnico

Raúl González, en La Toba.

Raúl González, en La Toba. R. SOLÍS

Raúl González ha entregado media vida al balompié. Desde las pachangas colegiales en el Carreño Miranda hasta que sacó del barro de la Tercera al Oviedo, el avilesino ha tenido entre ceja y ceja la misma obsesión: fútbol, fútbol y más fútbol. A sus 67 años recibe este miércoles en la gala anual del deporte local el premio a la trayectoria. Recogerá el galardón como el que se lleva un premio "Goya" honorífico. "Estoy feliz y lo agradezco, pero no soy amigo de estas cosas por suenan a despedida", afirma.

Raúl González tiene una carrera de décadas. Ha vivido el fútbol en blanco y negro y hasta la llegada del VAR. Y aunque los tiempos cambian, él no. Sigue fiel a su mandamiento fundamental: amigos sí; amiguismos, no. "Siempre rechacé el compadreo. Fui honesto en las medidas de mis posibilidades", relata al recordar un amargo viaje de vuelta de Cuenca a Oviedo, cuando le cesaron como entrenador del equipo azul en la sexta jornada de Liga.

No fue un futbolista excepcional. Jugó pachangas de colegio en el Carreño Miranda. "Me elegían de los primeros", dice, sin pavoneos. Pasó por equipos aficionados de Avilés hasta que un problema de salud privó al mundo de saber si ese concienzudo central de 19 años habría llegado dando cabezazos a la pelota. "Tuve varias pérdidas de conocimiento. Recuerdo un partido en Soto del Barco. No sé qué pasó ese día desde por la mañana hasta por la tarde", relata.

Su retirada tardía no acabó con su pasión por el fútbol. Le captaron en Llaranes y se convirtió en director de la Escuela de Fútbol del Ensidesa. Era la década de los setenta y, por entonces, el equipo siderúrgico ya era una potencia. Estuvo en el club hasta 1984. Puso los pilares de lo que se puede considerar la primera escuela de fútbol moderna. "Trabajábamos con un método en el que los niveles de progresión los adaptábamos a la edad del jugador", cuenta. Todo un avance para la época.

Con él al frente no había una gota de talento por Asturias que pasara desapercibida a los ojos del Ensidesa. Iban colegio por colegio, clase por clase, buscando posibles jugadores. Hoy se dirían que emplearon técnicas de Big Data. "Organizábamos torneos de 800 críos e íbamos haciendo equipos. Vendimos muchos jugadores al fútbol español", afirma sobre una época en la que el Ensidesa se proclamaba campeón en categorías inferiores con relativa facilidad.

Hay una gesta que le enorgullece especialmente. "Tuvimos un equipo infantil con el que llegamos a las finales nacionales. Logramos eliminar al Real Madrid. A ver qué equipo de Avilés puede enfrentarse al Madrid y ganarle hoy día", se cuestiona. "Al fútbol de Avilés le falta unidad y le sobra protagonismo. Debemos tirar de él los avilesinos", afirma experimentado.

Su paso por el Ensidesa tuvo un paréntesis. Le tocó hacer la mili en Salamanca. Pero ni el servicio militar de Franco -era 1974- le pudo mantener alejado de los banquillos. "Cuando estábamos de permiso yo me escapaba a entrenar un equipo que se llamaba Atlético Monterrey. A la hora de volver al cuartel tenía que subirme en marcha al camión con el que los soldados volvíamos al cuartel porque no me daba el tiempo. Me pillaba el toro", relata. Estando en Salamanca no hay mejor símil.

Salió del Ensidesa y empezó el periplo. Estuvo en el Real Avilés Industrial y se le escapó el ascenso a Segunda un par de veces. Llegó en el curso en 1987 y estuvo hasta 1989. "Pusimos los pilares para lo que luego fue el ascenso a Segunda División, quizás la mejor época del club en su historia reciente", explica.

Estuvo tres meses entrenando a la selección de Guinea Ecuatorial. "Fui para asesorar al fútbol base y para jugar un torneo que al final no se disputó. Era 1989 y fuimos para allá con diversos vídeos. Un adelanto para la época y el lugar" revela sobre una experiencia que tuvo que ser casi como la primera vez que los hermanos Lumiere proyectaron la famosa llegada del tren a la estación. "Hice 30 entrenamientos y un torneo de fútbol base con 1.230 jugadores, pero al final nos marchamos de allí porque no se puede pensar en el fútbol cuando los jugadores pasan hambre", asegura.

Pasó por el Burgos, la Ponferradina, el Villarreal, Caudal, la Ponferradina y por el Zamora. En ese lugar vivió momentos memorables para una ciudad que nunca en su historia ha probado las mieles del fútbol de élite. Estuvo en varias etapas diseminadas, pero quizás la más memorable la temporada 2005-2006. Nadie en la ciudad del Duero, que es casi donde está el Ruta de la Plata, el estadio del Zamora, olvida que con Raúl González el modesto equipo rojiblanco fue ganando durante media hora al Barcelona de Rijkaard en Copa del Rey. "Al final nos metió un golazo de falta Rafa Márquez y perdimos 1-3, aquello fue tremendo", dice.

Y si eso fue tremendo, el viaje de vuelta fue aún peor. "Quisimos volar desde Salamanca hasta Barcelona y no pudimos por la niebla. Al final tuvimos que ir desde Valladolid. Fueron diez horas de viaje. Casi no llegamos. De no haber sido así no nos habrían metido seis goles, aunque sí es cierto que la eliminatoria estaba perdida", relata.

Raúl González fue el hombre que sacó al Oviedo del barro de la Tercera División. Fue en la temporada 2008-2009 en una tanda de penaltis agónica contra el filial del Mallorca en Son Moix. Aunque se sentó en el banquillo del Carlos Tartiere al año siguiente, sabía que estaba sentenciado. "En verano recibí una llamada de un periodista que me advertía de que le habían ofrecido a Fernando Vázquez el puesto. Poco después me ofrecieron ser el director de la cantera. Lo rechacé porque tenía firmado por contrato que yo era el entrenador. Volviendo de Cuenca con un empate a cero en la sexta jornada y con números que no eran para despedirme me cesaron en el autobús", relata.

El fútbol de Avilés lo sigue de cerca. Y comprueba con pena como anda el Avilés de sus amores. Dice que no volvería al banquillo del Suárez Puerta por crítica que fuera la situación. "Soy del Real Avilés, pero del Real Avilés que todos querríamos. El de ahora es algo triste y el mejor calificativo que puede haber para describirlo son las gradas del estadio cada vez que hay partido", cuenta con amargura.

Así desgrana Raúl González toda una vida al cobijo de un banquillo. "He pasado media vida en La Toba. ¿Y ahora qué? Pues he sido poco golfo, quizás lo tendría que haber sido más. Yo estoy bien", cuenta sin que suene a despedida un técnico que fue poco amigo de los compadreos. Quizás por eso se le negó pisar los sacrosantos banquillos de Segunda y Primera. A cambio, se lleva el título de míster de los de antes, de los de toda la vida. Uno que nunca tuvo representante, solo un buen amigo llamado Gerardo González que le acompañó en todo. Y que ahora puede presumir de tener muchos tiros pegados en Segunda B. Y una trayectoria de bandera que este miércoles recibe un merecidísimo homenaje en la Gala del Deporte.

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