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Un San Agustín que fue de menos a más

El coronavirus se coló en la fiesta, mermada de público, y en la ofrenda al patrono, acto aprovechado para destacar el "ejemplar comportamiento" de los avilesinos en la pandemia

La fachada de la iglesia grande de Sabugo, usada anoche como lienzo para la creación artística con cañones de luz.

La fachada de la iglesia grande de Sabugo, usada anoche como lienzo para la creación artística con cañones de luz. MARA VILLAMUZA

El día grande de San Agustín no fue tan grande; comenzó con poco ambiente y terminó con cierto bullicio en las calles, pero a años luz de lo que se veía otros años. Y eso fue, quizá, por culpa del viento o, quién sabe, si por la dichosa pandemia y las limitaciones asociadas a la misma. Sea como fuere, las terrazas a la hora del vermú estaban a medio gas e incluso flaqueó la afluencia a los espectáculos callejeros matinales. Pero de tarde, todo cambió. "Vamos a intentar que San Agustín sea lo más parecido a otros años", apuntó Rosa María Pérez a las puertas de la iglesia de San Nicolás, a pocos minutos del comienzo de la misa en honor del patrono. "Tenemos que convivir con estas circunstancias", añadió Carmen García.

Los participantes en el concurso de pintura rápida al aire libre dieron colorido a la mañana con sus pinceladas. Algún curioso se acercaba a los caballetes a ver las creaciones de pintores llegados de diversos puntos del país, como la leonesa Verónica López, la bilbaína Leticia Gaspar y el avilesino Samuel Armas, que pintaron en el entorno de la calle San Francisco. Todo por la promoción del arte.

La ofrenda al patrono por parte de la junta de cofradías de Semana Santa tampoco fue como las anteriores, covid mediante: sin procesión y con la mitad de fieles en la iglesia, en una misa oficiada por el cura de la parroquia de San Agustín, David Cuenca. El anfitrión, Alfonso López, mentó en su discurso a Ana de Valle, José Manuel Feito y Pedro Menéndez y tuvo palabras de ánimo para la ciudad: "Avilés tiene futuro si así lo decide la gente, tiene que dejar de ser el patito feo y arrancar de una vez". "Vamos a lograrlo", apostilló encomendándose a San Agustín. Carlos Fernández Mora, como representante de la junta de cofradías de Semana Santa, agradeció a los avilesinos "su papel ejemplar durante la pandemia, ya que con su ayuda la ciudad sintoniza con esperanza con un futuro cercano libre de virus". El hermano mayor de los "sanjuaninos", Miguel Fernández del Viso, entregó la ofrenda al santo -un cuadro con los emblemas de todas las cofradías avilesinas.

Y mientras tanto, pasaban las horas y Avilés seguía a medio gas; hasta que llegaron los espectáculos vespertinos. Lo que en un principio parecía una jornada estival desinflada se animó, algo a lo que ayudaron los conciertos musicales programados. Para finalizar el San Agustín más atípico no hubo fuegos artificiales, sustituidos -si la lluvia lo permitía- por un espectáculo de luz y sonido sobre la fachada de Santo Tomás de Cantorbery con juegos de imágenes alusivas a cuando las fiestas -libres de covid- congregaban multitudes.

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