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La alta demanda de hemodiálisis satura el San Agustín, que deriva pacientes a Gijón

El colectivo para la lucha contra las enfermedades renales urge que se amplíen las unidades de diálisis con más turnos o máquinas

La alta demanda de hemodiálisis satura el San Agustín, que deriva pacientes a Gijón

La alta demanda de hemodiálisis satura el San Agustín, que deriva pacientes a Gijón

En Asturias hay 1.235 personas en hemodiálisis, un tratamiento que consigue que los riñones hagan su trabajo como cuando estaban sanos. Otras 120 más están en diálisis peritoneal. Lejos de reducirse estas cifras, el número de enfermos renales en la región va a más, y la explicación está en el

"Necesitamos con urgencia que se amplíen las unidades de diálisis bien con más turnos. bien con más máquinas; ahora mismo hay 124 funcionando en Asturias y son insuficientes", explica el presidente de la Asociación para la lucha contra las enfermedades renales (Alcer), Rogelio García, al que le preocupa la saturación del Hospital Universitario San Agustín en lo que respecta al área de Nefrología pero más aún la del HUCA: "En la región tenemos actualmente a cincuenta pacientes desplazados de su área sanitaria a Cruz Roja y Jove, que también están llegado al límite".

Los pacientes a diálisis en Avilés tienen una edad media superior a los 65 años, y el diez por ciento espera por un trasplante de riñón. Los datos son extrapolables al conjunto de la región donde, de las 1.235 personas en hemodiálisis y 120 en diálisis peritoneal, unas 130 están esperando por un órgano. "El resto no tiene ninguna posibilidad normalmente porque tiene unas patologías asociadas", apunta García, que lanza un mensaje a la esperanza. Y es que este 2020 y pese a la pandemia por el nuevo coronavirus, Asturias batirá el récord de donaciones: "Este año es extraordinariamente bueno en trasplantes. A 30 de septiembre llevábamos 86 y a finales de año se superarán probablemente los cien". La otra buena nueva: de los más de 1.200 trasplantados de riñón en Asturias viven más de setecientos, cuando hace tres décadas la supervivencia después de un trasplante de estas características era de menos de una década.

A juicio del presidente de Alcer, lo necesario sería que la línea ascendente de trasplantes de riñón coincidiera con una descendiente de personas pendientes de un tratamiento sustitutivo como puede ser la diálisis o hemodiálisis. Pero se antoja complicado: "Asturias es una comunidad envejecida y es difícil reducir los números así que lo que hay que defender es que se amplíen las unidades para poder hacer frente a todos los pacientes". En la asociación Alcer preocupa, además, el número de enfermos sin diagnosticar. Por eso insisten en los síntomas, muy claros: la hipertensión y la diabetes.

Una vez con el diagnóstico en la mano, los de Alcer trabajan sin descanso con las personas que se aproximan a esta asociación que nació hace ya más de cuatro décadas en un momento en el que los mayores de 53 años "no tenían derecho a diálisis porque no había máquinas ni recursos económicos para tratar a todo el mundo en las mismas condiciones y eran los propios nefrólogos los que decían quien sí y quien no seguiría un tratamiento".

Ahora desde Alcer siguen reivindicando mejoras a favor de estos enfermos que dependen de un trasplante o de una máquina de hemodiálisis para limpiar la sangre de toxinas. En algunos casos, el proceso de la hemodiálisis dura unas 4 horas y se ha de realizar 3 veces por semana en un centro hospitalario o en el domicilio, ya con la misma seguridad que en un centro médico. Aún así, tener que realizar hemodiálisis significa para los afectados reinventarse el ritmo cotidiano, y el colectivo de Rogelio García vela porque, pese a todo, puedan llevar una vida plena.

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