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Estos pacientes viven bailando

La asociación Alcer de enfermos renales ofrece sesiones de bailoterapia y ejercicio físico en las unidades de diálisis para hacer más llevadero el proceso

Ramiro Marcos, voluntario de Alcer, dirige uno de los talleres de bailoterapia en la unidad de diálisis del San Agustín.

Ramiro Marcos, voluntario de Alcer, dirige uno de los talleres de bailoterapia en la unidad de diálisis del San Agustín.

Alcer nació hace 41 años. Fue un 6 de marzo de 1979. La asociación de enfermos renales tuvo su primera sede en un despacho del que llamaba Hospital General, en Oviedo. Pacientes y profesionales sanitarios se sumaron pronto a este colectivo que defendía el derecho a la diálisis para todos los pacientes y tenía por objeto fomentar la ley de trasplantes, entonces en pañales. De Maximino Campomanes, que fue el primer presidente de Alcer, a Rogelio García, el actual, han pasado muchos años y se han sucedido los avances. Asturias, por ejemplo, encabeza ahora el ranking de trasplantes de riñón del país.

"Actualmente hay las mismas necesidades que cuando empezamos e incluso más", apunta Rogelio García. El enfermo renal requiere ahora tanto apoyo como antes si bien algunos tratamientos han mejorado. Así, pues, la directiva del colectivo, formada por enfermos renales, se encarga de explicar qué es esta enfermedad y en qué consisten los tratamientos sustitutivo a los nuevos socios. No es fácil comprender que la vida depende de una máquina o de un donante. "Nosotros explicamos a los nuevos que aún con enfermedad renal crónica avanzada hay salida, solución", dice García.

Con los eslabones de la cadena bien engrasados, la enfermedad renal crónica parece más llevadera de la mano de los de Alcer, que tienen sede en distintos puntos de la región, también en Avilés, en el centro municipal de asociaciones del Arbolón (avenida de Gijón 5, bajo). Suman 65 socios en la ciudad. No obstante, a día de hoy únicamente está abierto el local de Alcer en Oviedo como medida de seguridad contra el nuevo coronavirus. Los enfermos renales están considerados de "altísimo riesgo" en caso de infectarse de covid-19. De ahí que estén deseando que esto del coronavirus quede en una pesadilla del pasado para retomar la actividad. Y es que a los de Alcer también les va la marcha.

Dice Rogelio García que les gusta visitar los institutos, donde ofrecen información a los jóvenes sobre donación de órganos. El año pasado, por ejemplo, estuvieron en el colegio Santo Tomás de Avilés, el IES de La Luz, el Carreño Miranda, el Santo Ángel... También disfrutan yendo a ferias para concienciar a la población sobre la enfermedad renal. Y mejor aún se lo pasan en las clases de bailoterapia que, ni cortos ni perezosos, han organizado en las unidades de diálisis de la región y que, como todo lo anterior, ahora está aplazado.

La cosa es que los enfermos renales de Alcer reciben las sesiones de hemodiálisis a ritmo de cumbia, pasadoble o rock and roll. "Un monitor especializado pone música mientras los pacientes están tomando su diálisis bien en la cama bien en el sillón. Los enfermos pasan un rato agradable a la vez que hacen algo de ejercicio", explica Rogelio García. En Avilés además de bailes también se ofrecen clases de ejercicio físico, que previsiblemente se retomarán cuando la pandemia deje de serlo.

"Se firmó un convenio con la gerencia del San Agustín a los que cedimos pesas, extensores de fitness y otros aparatos para que la gente pueda hacer estiramientos mientras está en diálisis. Esto mismo queremos extenderlo a Cabueñes, en Gijón", avanza el presidente de Alcer, un colectivo que no dice que no a nada: teatro, magia? Tal vez por eso, una de las canciones que más les gusta a los enfermos renales en sus clases de bailoterapia es esa de Chayanne que dice así: "Debes brindar amor para después pedir, hay que perdonar para poder seguir, recuerda que tenemos sólo un viaje de ida y hay que darle gracias siempre a la vida". Ellos viven bailando.

Pero a veces todo apoyo es insuficiente. Entonces los de Alcer ofrecen a los noveles la posibilidad de contactar con la psicóloga de la asociación. Otro paso es la cita con la nutricionista de Alcer: "Hay que preparar al paciente porque va a tener restricciones importantes con lo que come y bebe. Nuestra nutricionista les hace dietas en función de los informes médicos, ninguna es igual a otra". El cuarto paso es orientar a los enfermos a nivel social y laboral, y los de Alcer tienen a una trabajadora social que orienta a los pacientes. Asimismo cuentan con una técnico "que se dedica a solucionar problemas". Por ejemplo: "Si un paciente renal en hemodiálisis quiere ir de vacaciones, la técnico se encarga de buscar a qué hospital puede ir en su destino para recibir el tratamiento".

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