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GOZÓN

Clamor por un techo en La Paxarada

"Llevamos ya mucho tiempo esperando por una casa", lamentan los vecinos del último poblado chabolista de la comarca avilesina

Las hermanas Irene y Ana María Jiménez.

Las hermanas Irene y Ana María Jiménez. RICARDO SOLÍS

"Llevamos ya esperando mucho tiempo por una casa", señala Agustín Jiménez apoyado en sus muletas a la puerta de una chabola de La Paxarada gozoniega. Defiende que durante la primavera y el verano "vive bien", pero en otoño e invierno "la cosa se complica por las lluvias". Las ratas campan

"Tenemos dinero para pagar un alquiler y tener luz y agua, con eso nos conformamos", señala Ana María Jiménez, que mata el tiempo cuidando sus gallinas, atendiendo el huerto y los quehaceres propios de toda vivienda. "Según estoy -camina con muletas- preferiría una casa sin escaleras, un piso de planta baja o una casina", sostiene Agustín Jiménez, de 82 años. Desde hace más de veinte vive en La Paxarada. Antes estuvo asentado en otro poblado chabolista ya desaparecido en Balvín. Un temporal arrasó con todo y no le quedó más remedio que instalarse en el lugar en el que ahora reside, donde también vive su hermano Ramón.

Ramón Jiménez y su mujer, María Socorro Jiménez, habitan en una chabola en la parte baja de La Paxarada. Socorro no tiene ganas de salir de allí salvo que el Ayuntamiento consiga una casa con terreno. "Para mí, un piso es una jaula. Y además, mi marido tiene caballos, que son su pasión", señala la mujer, con varias décadas de residencia en el poblado. A su lado está su hija, Argentina, que habita en una chabola contigua con sus dos hijos. La chica estudia en el IES y el otro tiene una discapacidad del 76 por ciento. "Yo me crié aquí, en el poblado, me fui a Galicia y volví, pero estoy empadronada en la calle Tres de abril con los críos, el Ayuntamiento no me dejan empadronarme aquí", defiende la mujer, que demanda un piso social para estar con sus hijos.

El Ayuntamiento de Gozón cuenta con un plan de eliminación del chabolismo desde 2008. Ese plan consiste, entre otras cuestiones, en la búsqueda de viviendas para los residentes en infraviviendas. En los últimos años, el Consistorio ha conseguido eliminar otros asentamientos como el de Santana. En La Paxarada se ha reducido considerablemente la cifra de población chabolista ya que ha pasado de un centenar a rondar la decena de personas. Actualmente, la prioridad municipal para el realojo de estas personas en viviendas normalizadas es que sean las unidades familiares con menores sean las primeras en salir de este entorno donde reina la humedad y las condiciones higiénicas "no son las más adecuadas", según apuntan los ocupantes de las chabolas.

"Quieren sacar a los menores y nos parece bien, pero quedamos los viejos", remarca Agustín Jiménez, que recuerda que La Paxarada es el último poblado chabolista y ellos los últimos pobladores. El tiempo pasa y todavía tienen que esperar por cambiar de residencia. El Ayuntamiento y Secretariado Gitano buscan ahora una vivienda en el medio rural del concejo para una familia que tiene dos menores y para sus abuelos. Según las cifras que maneja el Ayuntamiento, La Paxarada cuenta con diez personas y cuatro familias. "Pero somos más", señala Argentina Jiménez.

"Tenemos dinero para afrontar un alquiler, no queremos ningún lujo, solo lo justo para poder vivir, estamos esperando porque el Alcalde nos diga algo, pero ese día no acaba de llegar", remató Agustín Jiménez mientras conversa con su cuñada Irene Jiménez y su mujer Ana María Jiménez y ante la presencia de dos perros de meses que rondan una de las chabolas.

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