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La cuarentena de las farturas

El encierro domiciliario empeora en muchos casos los hábitos alimenticios saludables que habían adquirido los avilesinos en los últimos años

Una mujer comprando en el mercado

Una mujer comprando en el mercado Mara Villamuza

La cuarentena causó farturas que ahora pasan factura. La gente, según los expertos en nutrición, comenzó a comer peor por la ansiedad del encierro y en los carritos de la compra, las frutas y verduras pasaron a ser sustituidos por chocolate, bollería industrial y toda clase de productos “ultraprocesados”, aquellos

Jesús Bernardo. | Ricardo Solís

“Llamaban a la consulta desesperados. Habían engordado ocho o diez kilos en menos de un mes. Y los kilos son acumulativos. Nunca se para de engordar”, explica. Pero lo preocupante, además del riesgo para la salud que tiene el sobrepeso, eran aquellos que tenían dietas específicas por otro tipo de problemas: para el colesterol, la diabetes o reducir el ácido úrico. “Cuando pasó un mes, la gente se lo empezó a tomar en serio y pedían soluciones. Nosotros teletrabajamos. Supongo que es normal; estás encerrado, empiezas a ver películas, a comer de todo… Pusimos a más gente que nunca en tratamiento nutricional”. No obstante, Bernardo piensa que, de haber un segundo [confinamiento], la población será más consciente “aunque nunca se sabe”.

Los comerciantes del mercado Hermanos Orbón también facilitaron la “nueva normalidad” alimenticia –que llegó en abril y no en mayo– después del desconcierto inicial. La mayor parte de ellos, para no detener su actividad de venta de alimentos frescos o implementarla, adaptaron la venta al formato “online”. Algunos con páginas web, bien recién creadas, bien algunas que ya tenían desde hace años, pero yacían en el olvido digital. Otros facilitando el whatsapp a los clientes; por la mañana apuntaban pedidos y alrededor de la hora de comer o por la tarde los repartían. Además, por la mañana también permanecían abiertos “aunque no venía casi nadie”.

Esos nuevos hábitos de compra llegaron para quedarse. Seis meses más tarde de la desescalada, aún hay quienes “tienen miedo” y prefieren el sistema de reparto a domicilio, especialmente las personas mayores. Según cuentan los comerciantes, en contraposición, los puestos se ven salpicados por más gente joven que nunca. Además, ven un cambio de hábitos respecto a la población de más edad: alimentos más variados, frutas y productos exóticos y pagos, sobre todo, con tarjeta.

Para los comerciantes de Hermanos Orbón, el “autoconfinamiento” ha tenido, en su justa medida, una repercusión positiva: “Se va menos a los restaurantes y no hubo muchos que se fueron de vacaciones. Por eso el verano nos fue mucho mejor que otros años”, afirma José María López, tras el mostrador de su carnicería.

El doctor Bernardo, que lleva 38 años de consultas, corrobora la percepción de Hermanos Orbón: “Los jóvenes tienen más conciencia y saben comer mejor. Además, cuanto mayor variedad de alimentos, más sana es la dieta”. No obstante, el “exceso de conocimiento” también se revierte en consecuencias negativas: “Cada vez atendemos a más pacientes con trastornos alimenticios, como anorexia o bulimia, porque vigilan demasiado la alimentación. No hay dietas milagrosas, sino ejercicio físico y comer bien. Cada persona necesita una diferente”, advierte, refiriéndose a la moda de la dieta “Dunkan” hace unos años, con efectos nefastos en la salud de quienes la hicieron, o a la del ayuno intermitente actual, que podría acarrear lo mismo “si no sabe hacerse bien”.

Para el nutricionista avilesino, la mejor dieta que hay es la del Cantábrico: una suerte de dieta mediterránea del Norte. “En Asturias tenemos la suerte de contar con alimentos de muchísima calidad. Tenemos tierra y mar a la puerta de casa. Hay que aprovecharlo”, aconseja. Habla de Avilés, con el pescado de la rula o las verduras frescas que se pueden encontrar prácticamente en cualquier frutería, entre otras muchas opciones. Aunque también añade alguno de los súper alimentos que no son autóctonos y se han puesto en boga en los últimos años: el aguacate, la quinoa o los frutos secos “que antes se pensaba que eran malos”.

Noelia Rodríguez ha vivido los cambios de los que habla el doctor Bernardo detrás del mostrador de su charcutería. Le sorprende positivamente que cada vez haya más gente joven comprando en el “mercado tradicional” y reconoce que “comen mejor que sus abuelos”. Sobre todo, la demanda de productos ibéricos ha crecido. “Aunque los quesos tienen éxito con todas las generaciones”, ríe. Ella perteneció a esos grupos de comerciantes que utilizaron la cuarentena para poner a punto la página web, que ya tenían desde hace unos años pero que ahora “están usando más que nunca”. Lo tiene claro: los cambios se quedarán tras la pandemia, y ella seguirá tras el mostrador, con sus “nuevos” clientes habituales “mientras pueda”. Tradición, calidad e innovación que no están reñidas, al contrario, con comer sano.

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