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Memoria de hierro en Llumeres

La investigadora Lucía Fandos edita una publicación con la Universidad sobre la historia de la mina de Bañugues: “No podía quedar en el olvido”

Trabajadores en la cinta transportadora de menudo de la estación de carga de Llumeres, a mediados de los años cincuenta. | Lucía Fandos

Trabajadores en la cinta transportadora de menudo de la estación de carga de Llumeres, a mediados de los años cincuenta. | Lucía Fandos

Aurelia Suárez “Los Llanos”, Ludivina García, “Ludi Piñera”; y Obdulia Martínez, “Dulia Casa Rita”, fueron trabajadoras de la mina de Llumeres y, además, las primeras personas que hablaron con la investigadora Lucía Fandos sobre la explotación de hierro clausurada en 1967. Aquella reunión fue en 1999 y ahora, con documentación,

La investigadora Lucía Fandos, con su libro, ante los restos de lo que fue la mina de hierro de Llumeres, clausurada en 1967 por Duro Felguera. | M. V.

La explotación de Llumeres comenzó a funcionar en 1859 y llegó a alcanzar 100.000 toneladas anuales extraídas. “Me quedo con el cariño que me trataron todas las personas con las que hablé para contar esta historia con el fin de que no quede en el olvido. Llumeres llegó a ser la mina de hierro más importante de Asturias; hay mucho investigado sobre las explotaciones de carbón, pero de las de hierro apenas hay”, apunta la investigadora y también bióloga del Museo Marítimo de Asturias.

La mina de Llumeres “funcionaba por tierra, mar y por aire”. Por tierra, por el tren de tracción animal, de mulas principalmente, que traía mineral de Simancas (Verdicio) a Llumeres; por mar, debido al transporte de material vía Gijón hacia Europa; y por aire, por el cable aéreo que comunicaba desde 1922 la explotación situada en Bañugues con El Regueral, en Candás, para llevarlo después en tren hasta los altos hornos de Duro Felguera. Lo cuenta en su libro Lucía Fandos, como también relata las profesiones de las mujeres, que trabajaban en el exterior de la mina, en el servicio de limpieza, telefonía o “el grupo más numeroso, que eran paleadoras y cargadoras”.

LAS HERMANAS COVADONGA Y PRIMA BUDI, EN EL ÁREA DE CARGA DE LAS INSTALACIONES DE LLUMERES HACIA 1949 Lucía Fandos

Los hombres como Ramón Heres, Lorenzo, “El Zamorano”; o Jesús Manuel García, “Manolo Tana”, solían trabajar en el interior de la explotación y eran picadores, barrenistas o trenistas como Manuel López Casal, “El Negri”, que fue el penúltimo fallecido en accidente laboral.

El trabajo en la mina va, en ocasiones, ligado a la muerte. Precisamente, el estado de la explotación a mediados de los años sesenta y los accidentes mortales sentenciaron la explotación. “Después de la guerra hasta el cierre, hubo 30 fallecidos por accidente; a eso hay sumar otras enfermedades como silicosis, pérdida de visión...”, relata Fandos.

La mar, tan próxima a la explotación, también está muy vinculada a la historia de la mina. Un alto número de trabajadores solía tener una lancha “o bien echaba nasas a la mar o las recogía a la salida o a la entrada del trabajo”, recuerda Fando tras una veintena de entrevistas con antiguos empleados. “Otros tenían huerto o ganado, eran actividades que solían compaginar con su trabajo en la mina”, añade la investigadora. Como ocurrió en Avilés, los trabajadores llegados de Extremadura y Andalucía, principalmente, en los años cincuenta eran conocidos como “coreanos”.

Según Fandos ha podido constatar en los archivos, la mina de Llumeres ocupa casi todo el subsuelo de las parroquias de Bañugues, Verdicio y Heres. Y el mineral de hierro extraído ha servido para construir buques, raíles de tren de buena parte del norte de España y castilletes de mina, entre otros usos.

La investigadora procesa muchos datos en su cabeza tras años y años de investigación. No duda a la hora de agradecer a la asociación cultural “El Curbiru” su apoyo a la hora de lanzarse a indagar sobre la explotación de Llumeres. Pero si hay un colectivo en el que Lucía Fandos pensó cuando recopiló las fotos que acompañaban el libro y redactó cada uno de los capítulos fue en las personas mayores: “Los paisanos están emocionados con el libro, los pocos que quedan que trabajaron allí, eso es lo que más me está prestando de todo, ellos y ellas forman parte de la historia de Gozón y no podía quedar en el olvido”.

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