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Avilés acoge a uno de cada tres usuarios del plan de alojamiento a los sin techo

El albergue municipal ha cubierto todas sus plazas porque en el segundo estado de alarma se ampliaron las estancias para reducir la movilidad

Malu Baldisores y el “itinerante” José María Fernández. | Ricardo Solís

Malu Baldisores y el “itinerante” José María Fernández. | Ricardo Solís

“La calle es muy perra. Ahí nadie engaña a nadie”, cuenta el itinerante José María Fernández sentado en una silla del albergue municipal de personas sin hogar, o como el le llama “de transeúntes”. El número de personas que la habitan está descendiendo año tras año gracias a programas de

Otro mecanismo de inclusión social existente es a través de los albergues, aunque tienen el problema de la temporalidad. Es el caso de José María Fernández llegó el pasado día 14 al de Avilés y el próximo lunes tiene que volver a marchar, sin saber qué le depara el futuro. “Es una estancia larga lo que yo estoy haciendo aquí”, señala. Va vestido con un jersey de lana, pantalón de pana y mascarilla. Y está contento de sentirse “aseado”. La mayoría de ellos llevan un tiempo similar. Con el segundo estado de alarma, se ampliaron las estancias para evitar la movilidad, pero tuvo contrapartida: dificulta la “liberación” de espacios y el resto de itinerantes tienen que buscarse la vida – o la noche, más bien –, en otro sitio.

El centro para personas sin hogar de Avilés tiene desde hace días un cartel pegado en la puerta que indica “albergue completo”. De las 25 plazas habituales, solo se emplean 24 para dejar una habitación libre en caso de que un morador tenga síntomas compatibles con el virus o esté a la espera de una PCR. “El otro día vino uno de noche. Estaba muy nervioso y preguntó si se podía quedar a dormir. Se notaba que llevaba poco. No pudo quedarse porque estábamos llenos. No sé a dónde fue”, cuenta con tristeza otro usuario.

En la primera ola, el Principado habilitó albergues temporales en Oviedo y Gijón para garantizar la protección de los “sintecho”, con efectos muy positivos. Y ahora, desde el municipio están pendientes de la Consejería y del grupo de Acción Social, creado a raíz de la pandemia, para que concreten si se van a crear dispositivos temporales al igual que se hizo durante el anterior estado de alarma. Ahora hay toque de queda, así que tampoco pueden estar de noche en la calle, “¿qué ocurre con ellos?”, se pregunta José María Fernández, quien se denomina a sí mismo como “dueño de su hambre” e “itinerante”. Hace 13 años que comenzó a estar en “situación de calle”-–que prevé que acabará pronto–. Conserva la calma y mira al mundo con ojos sabios y de “eterno ignorado”. Natural de Gijón, primero fue marinero, luego albañil. Se separó y se fue de su casa y cambió de oficio –de obrero a mendigo– , pero mantuvo el contacto con sus hijas, de las que habla orgulloso. “La mayor es abogada. Está en la calle Uría. La pequeña, que me vino a ver ayer es asistente social”, indica. Bajo la mascarilla, la mirada le brilla al hablar de ellas. Todos llevan una dentro del albergue y solo se la quitan para comer, dormir y asearse. Además, tienen horarios de entrada y salida, gel hidroalcohólico en todas las plantas y puertas e intentan reducir los aforos de salas comunes. Pero el covid no es su única preocupación.

– Ya estamos curtidos. Te enteras de que mueren muchos pero no de covid. Todos parecemos más viejos de lo que en realidad somos. Yo tengo diabetes, manchas en el pulmón... Duele decirlo, pero nosotros somos los “más inmunes” de España.

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