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Soto del Barco

Una crónica negra que estremece

Dos octogenarios, tres menores y un pintor, víctimas de los crímenes de un municipio que se define pacífico

La Guardia Civil, en 2004, delante de la casa donde mataron a los hermanos Isabel y Manuel Álvarez Fernández. | Miki López

La Guardia Civil, en 2004, delante de la casa donde mataron a los hermanos Isabel y Manuel Álvarez Fernández. | Miki López

Duro Robert Diditel presuntamente apuñaló y segó la vida de un pintor ovetense afincado en Lugones este jueves en una casa del Pico, en la misma entrada de San Juan de La Arena, la capital angulera del Principado. Al día siguiente, el viernes por la mañana, compareció, detenido por la Guardia Civil, ante la magistrada titular del Juzgado Número 1 de Pravia. Dijo que no se acordaba, que había bebido mucho. Pero, después del interrogatorio, ingresó en la penitenciaría de Asturias. Este crimen, que en un principio se había presentado como un accidente de tráfico, ha sido el último de una serie de cuatro que, desde hace dieciséis años, conmocionan la vida pacífica de un pequeño municipio de poco más de cuatro mil habitantes.

Nadie ha olvidado el primero de ellos: la muerte de Manuel e Isabel Álvarez Fernández. Fue un domingo de una madrugada fría de febrero del año 2004. José Luis F. I., según confesó él mismo cuando los guardia civiles le hubieron interrogado, accedió a la casa de los dos octogenarios con el interés de robarles dinero. Pero todo se complicó y esas complicaciones llenaron de sangre la casa.

La madre, E. G. H., en febrero de 2011, en la Audiencia donde fue juzgada junto a su pareja. | Luisma Murias

El dueño de la casa le pilló rebuscando en los cajones de un mueble de parte baja de la casa, que hacía años había sido una tienda. Ahí fue cuando se desató la violencia extrema: siete hachazos en la cabeza contra Manuel y catorce martillazos en el pecho a Isabel, que dormía en su cuarto. La primera víctima tenía 87 años y su hermano, uno más. Lo que se dijo entonces en La Arena es que José Luis F. I. –por entonces, con 17 años– tenía relación con los dos ancianos porque su madre les había cuidado y que Manuel sentía predilección por el chaval. José Luis F. I. fue condenado a 8 años de prisión. Cumplió 4. Al salir, la familia entera dejó La Arena.

Cuatro años después, el 16 de enero de 2008, fue cuando se supo que un joven matrimonio de gitanos había infligido maltratos extremos a dos de sus hijas de tal modo que una de ellas –una bebé– ingresó en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) con muerte cerebral. La familia vivía en un piso de las viviendas sociales de Soto del Barco.

Duro Robert Diditel, presunto autor del homicidio del pintor de Lugones, a la salida del Juzgado de Pravia. | Ricardo Solís

J. H. J. y E. G. H., eran pareja desde 2005. Habían vivido en un poblado chabolista a la salida de la capital del concejo, un núcleo que se había disuelto cuando buena parte de sus habitantes terminaron en San Esteban. La familia decidió mantenerse en Soto por los servicios de comedor que siempre ha ofrecido el colegio infantil. Allí, junto a la escuela, es donde nacieron sus dos gemelas. Apenas tres meses después de la mudanza, una de las pequeñas ingresó en el Hospital Central con lesiones gravísimas.

El matrimonio fue condenado a cuarenta años de cárcel (veinte cada uno). Consideró la jueza que celebró la vista a puerta cerrada que se había probado que las pequeñas sufrieron numerosos episodios de extrema violencia por parte de su madre –E. G. H.– . Además, culpó a su padre –J. H. J. – por no haber impedido las agresiones ni denunciar “los malos tratos constantes a los que se sometía a sus hijas”.

El crimen de Amets y Sara nunca dejará de sobrecoger. El 26 de noviembre de 2014 José Ignacio Bilbao Aizpurúa, “Iñaki El Vasco”, mató a golpes a sus hijas utilizando una barra de hierro que la Guardia Civil halló junto a los cuerpos de las pequeñas, en el interior del apartamento que el hombre tenía alquilado en la avenida de Los Quebrantos, en San Juan de la Arena. “Iñaki el vasco” después del parricidio, cogió el coche, paró en el viaducto de la Concha de Artedo y se arrojó al vacío.

El último hasta el momento está “sub iudice”. Se trata de una puñalada mortal contra un pintor expresionista. Aseguró ante la jueza de Pravia que solía consumir hachís y alcohol. La noche del crimen –la de este jueves– había optado por vino y cerveza. Admitió en sede judicial una discusión entre ambos y que se defendió “como pudo”. La Guardia Civil cree que el motivo de la pelea que llevó a la muerte de A. F.-C. Á. fue que el joven rumano quería salir a comprar droga en pleno toque de queda. Sin embargo, este asunto no quedó claro en la declaración ante la jueza. La víctima, acuchillada, cogió el coche, se desangró y se salió de la vía a la altura de El Castillo.

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