Seis miembros de la plataforma “SOS Hostelería Avilés” permanecen encerrados desde ayer en la iglesia de San Antonio de Padua en señal de protesta por el hundimiento económico de su sector. “Las ayudas del Ayuntamiento y del Principado nos parecen insuficientes. Llegan tarde y llegan mal. Queremos que nos devuelvan las tasas. Y no saldremos de aquí hasta que llegue una solución”, reivindicaron ayer a la puerta del templo. De momento son seis, emulando el primer encierro que se ha hecho en Asturias por la misma razón, en La Felguera.

Los hosteleros que han fijado su nueva residencia temporal en la iglesia de Padua no se conocían entre ellos antes de entrar y casi que preferían no haberse tenido que conocer. Al menos, no en esas circunstancias. A la puerta, hacieron las presentaciones pertinentes. Sin embargo, ninguno quiso identificarse para la prensa: “Es lo acordado”. Aseguran tener miedo a que alguien les acose o se tomen represalias contra ellos.

En la plaza Carlos Lobo, contigua a la iglesia, fueron testigos del inicio del encierro familiares, amigos y otros hosteleros. En un momento dado, alguien se acercó a la puerta del templo a dejar una nevera. El sistema establecido es que “los de fuera” aportn víveres a diario a “los de dentro”. Y con permiso del párroco, Ángel Fernández Llano, pueden usar los baños y habitar el ala izquierda:

–Esto ye poquitín, pero es que no tengo más.

–No se preocupe, con poco nos apañamos.

Apilados en la parte delantera, hay mochilas, bolsas de mantas y juegos de mesa, sacos, esterillas y ropa de abrigo. El habitáculo que compartirán “hasta que se negocien condiciones mejores para compensar ese cierre” no tiene más de 20 metros cuadrados. Una lámpara antigua cuelga del techo y hay dos filas de bancos acolchados de iglesia con reclinatorio incluido. A las seis de la tarde, comenzó a refrescar mientras el día oscurecía. Fue el párroco quien indicó dónde encender las luces. Después les enseñó el camino al baño y, finalmente, se despidió preocupado: “A ver si van a pasar frío”.

A Ángel Fernández Llano tampoco le conocían antes de encerrarse en la iglesia, pero cuando la decisión estuvo tomada, solicitaron su bendición. Según cuentan “los de dentro” les alimenta su propia desesperación. “No somos sólo seis. Somos 150. Somos también todos los sectores que están sufriendo las consecuencias económicas de la pandemia”, clamó uno de ellos. Su familia, cuatro hijos y su mujer, viven de su negocio y le esperan fuera.

Dispuestos a negociar con el Ayuntamiento y “con quien haga falta”, piden que la lista de gastos no se incremente. Que las facturas no sigan llegando para poder comer el mes que viene. Ni siquiera piden la apertura porque “entienden” el cierre. Pero la ayuda de 400 euros “de ahora” y una de 1.500 que “quién sabe cuando vendrá” no es proporcional a las facturas: “Lo hacemos por la familia. Porque no queremos cambiar de oficio. Y porque no tenemos otra cosa”.