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La otra pandemia de muertes en Avilés

Un brote de tifus en 1927 obligó a multar a vecinos, realizar vacunaciones masivas y a buscar refuerzo médico fuera

El antiguo depósito de Valparaíso

El antiguo depósito de Valparaíso

Cuba es la sucursal de Avilés. Lo defendía José de Villalaín, médico que realizó la topografía avilesina en 1913. Los capitales llegados de la isla caribeña a principios de la pasada centuria multiplicaron la actividad empresarial y urbana. Y el tráfico hullero, con la llegada del carbón, multiplicó la vida

“Pero el tiempo pasó y el tifus no desapareció”, relata De la Madrid. Si Avilés era capaz de cerrar en 1927 su red de abastecimiento con los dos depósitos de Valparaíso, era ahí mismo, en la posible solución al problema, donde emergía un nuevo foco de complicaciones. Y el mismo tifus que seguía merodeando por Europa en esos años regresó a Avilés. La enfermedad que alcanzó a 30 millones de personas en Rusia y Polonia entre 1915 y 1922 y mató a tres millones se dejó ver de una forma muy similar a la actual pandemia por covid-19: llegaba de fuera (en Asturias se declaró en la zona de Trubia), se presentaba como una dañina enfermedad causando terror entre la población y la batalla contra su propagación trajo noticias contradictorias. Entonces, como ahora, “infectaba más el miedo que los microbios”, subraya De la Madrid.

Aquella pandemia ocupó grandes titulares advirtiendo de un grupo numeroso de enfermos en Avilés

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Aquel tifus de 1927 ocupó grandes titulares en los una de la época, que anunciaban una epidemia en Avilés “con muchos enfermos” que hacía temer “un contagio de grandes proporciones”. Primero se dijo que era otra enfermedad la que estaba golpeando al municipio, la gripe, que en 1918 llegó a afectar a 2.500 avilesinos, según recoge en sus investigaciones el historiador y escritor Juan Carlos de la Madrid. El Instituto Provincial de Higiene tomó una muestra de agua en el domicilio de un enfermo “y dijeron que no había ni rastro del bacilo tífico”, señala. Pero saltaron las alarmas y cuando se multiplicaron casos más complejos –incluso con un bando de por medio del alcalde Valentín Alonso negando cualquier epidemia– la autoridad sanitaria volvió para confirmar lo que ya era una realidad. “Avilés estuvo invadida por fiebres tifoideas”, recuerda De la Madrid. Y fue necesario multar con 25 de las antiguas pesetas a quienes se negaban a vacunarse, que se exponían igualmente a prisión preventiva.

La Escuela de Artes y Oficios funcionó como laboratorio de vacunación

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Faltaron médicos, como ahora, y hubo que pedir auxilio a la Brigada Provincial. A Avilés se desplazaron quince y dos de ellos se infectaron. La Escuela de Artes y Oficios funcionaba como laboratorio de vacunación y se puso en marcha una campaña de auxilio urgente para las familias. “Ni la proyección del ‘Rajá de Dharmagar’ en el Palacio Valdés distraía el problema”, rememora De la Madrid. Hubo multas también para el semanario local “El Progreso de Asturias”. De 50 pesetas, exactamente, precisa el historiador, y era por uno de sus artículos en el que achacaba todo mal a las aguas de Avilés por boca de un ingeniero. Se atacaba al depósito municipal de Valparaíso.

La zona de Buenavista hacia 1920

La zona de Buenavista hacia 1920

Pero aquellas fiebres tifoideas no solo mataban personas –fueron 40 los cadáveres recogidos por aquella causa entre los 90 fallecidos en la villa en marzo de 1927–, también amenazaba la economía local. Las principales sospechas fueron al pan. Se temía que estuviera contaminado y sirvieron de poco los llamamientos de las autoridades garantizando la salubridad. En toda Asturias corrió la noticia de que Avilés era poco menos que un hospital de campaña, apunta De la Madrid, y aunque en la primera semana de abril se daba por controlada la epidemia, costó superar el aislamiento al que se vio sometida la villa. Tras el peligro, el Ayuntamiento tomó el arriendo de todos los prados que rodeaban el depósito de Valparaíso. “Por evitar que se tratasen con abonos orgánicos. Por si acaso”, concluye De la Madrid.

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