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La avilesina con el mejor revés: Ana Martínez Vaquero, nieta de Campanal, campeona de España de tenis por comunidades

Ana Martínez Vaquero, nieta de Campanal, es campeona de España de tenis por comunidades autónomas y repite el hito de su hermana María, becada en Estados Unidos

La tenista Ana Martínez, en las pistas del San Fernando.

La tenista Ana Martínez, en las pistas del San Fernando. Mara Villamuza

Ana Martínez Vaquero (Avilés, 2006) afirma que su “pasión por el deporte” viene “de familia”. La nieta de Marcelo Campanal II, excapitán de la selección española, histórico del Real Avilés y jugador durante 16 años en el Sevilla Fútbol Club, sigue la estela de su abuelo, pero en otro deporte, el tenis. A su corta edad, ha sido seleccionada para jugar la fase final del máster de Mallorca, en la academia Rafa Nadal infantil, el próximo 1 de diciembre. Es decir, el torneo cumbre de los tenistas españoles.

Este año para la más joven de los Vaquero ha sido especialmente duro. A la pandemia y el parón de la actividad deportiva se le sumó la pérdida de su abuelo, a finales de mayo. “Me decía que había que sacrificarse mucho, y como él tenía mucha experiencia, yo le prestaba atención”, relata la joven tenista, acordándose de las veces que Campanal iba a verla jugar a la pista de tenis. “El apoyo de mi familia es muy importante. Agradezco a mis padres, Javier (Martínez) y Mari Cruz (Vaquero), a mi tío Marce a Covadonga, que a veces juegan conmigo…”, completa.

En su casa también tienen afición por ese deporte. De hecho, su hermana María está estudiando en Estados Unidos con una beca de tenis, y su tía Margarita Vaquero es su entrenadora desde los cinco años, cuando cogió la raqueta por primera vez. “María también quedó campeona de España y para mí ha sido un ejemplo. Ahora hay diferencia porque como es más mayor, me gana ella. En unos años, ¡quién sabe!”, dilucida la más joven de la familia Vaquero.

Ana Martínez acaba de repetir el hito fraterno, en el campeonato de España por comunidades autónomas. Se trata de una competición en la que eligen a las tres mejores de la región, entre las que estaba ella –la avilesina es la primera del ranking asturiano–. Jugaron la final contra Valencia y ganaron. “Todo lo que jugó lo ganó. Estuvo increíble”, relata orgullosa Margarita Vaquero, su tía y entrenadora. Su palmarés es parecido al de sus sobrinas: campeona de España y de Asturias en varias ocasiones y múltiples torneos a sus espaldas. Ahora ha decidido vivir el tenis desde el borde de la pista, tras otra red.

La tenista Ana Martínez, en las pistas del San Fernando. Mara Villamuza

Según cuentan, Ana volvió a la competición tras la cuarentena “con más ganas que nunca”. Su madre, que es a su vez su preparadora física, había conseguido que siguiera haciendo una parte de su entrenamiento sin salir de casa; la que no implicase coger su raqueta azul y su visera blanca e ir a la pista. “Hicimos físico, pero no pudimos hacer tenis. Volvimos a jugar en mayo y después del confinamiento lo hice mejor. Tuvimos muy buenos resultados”, cuenta. Se refiere a su plata del torneo Nadal de Valencia, al oro en Valdorech y a su colocación como tercera del ranking nacional. Es decir, clasificada directa para la final del 1 al 4 de diciembre (que acaba de ser aplazada por el covid).

De la boca de la joven no salen más que palabras de agradecimiento: al colegio San Fernando, donde estudia; a sus compañeros de entrenos; a su fisio Roberto (Malnero) y a su familia por el esfuerzo. “Va todo ligado. Tiene condiciones físicas y técnicas muy buenas y amplitud de mejora. Pero, además, es buena persona y buena compañera”, señala su tía Marga. Para ella, hay un componente referido a lo que “le inculcaron en casa”: la deportividad, la unión y la humildad. “Ante todo hay que ser persona y luego deportista”, aclara su entrenadora.

Entre ambas hay muy buena sintonía. Se palpa la comprensión de quienes han pasado muchas horas juntas: entrenamientos de dos horas de tenis de lunes a sábado (además de una hora de físico, que Ana hace con su madre), viajes, competiciones y torneos. “Somos un equipo y tenemos la misma línea de trabajo. Tenemos más confianza y poco a poco hemos ido progresando”, cuenta Marga. También comparte con su sobrina una ilusión: conocer en el torneo de Mallorca a quien le da nombre a la escuela, a Rafa Nadal.

La primera vez que Ana compitió fue con nueve años. Perdió “a la primera”. Al recordarlo, reacciona instintivamente: “¡Fue horrible! ¡Perdí el primer partido!”. Luego recapacita: “Estaba ilusionada porque era mi primer torneo, solo que luego perdí porque me pusieron contra la mejor. Disfruté y tenía muchas ganas”. Las mismas ganas las sigue trasladando a la pista cinco años más tarde, con su “muy buena” derecha y un “revés que también hace bien”. Ella lo tiene claro. Se fijó en sus abuelos, que eran “muy deportistas”, en sus tíos, en su hermana y en sus padres. La nieta de Marcelo Campanal II considera que “es muy pronto” para decidir si dedicar su vida al tenis porque “es muy duro y también hay que estudiar”. Pero si tiene la certeza de que nunca dejará de hacer deporte, como todos en su familia.

–Es muy bueno para la salud y para la mente. A veces, llego a entrenar, tengo un problema, se me olvida y me divierto. Te libera y te hace sentirte mejor.

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