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La cofradía de pescadores, exhausta económicamente, sopesa vender todo el Nodo

El patrón mayor, tras el último varapalo judicial, alerta de que los ingresos por alquileres no alcanzan para hacer frente a los gastos

Tomás Badiola. | Mara Villamuza

Tomás Badiola. | Mara Villamuza

La cofradía de pescadores “Virgen de las Mareas” de Avilés sopesa, entre otras alternativas, vender en bloque todas las casas del barrio el Nodo de las aún es propietaria (sobre un centenar) como salida al atolladero económico en el que se halla metida y que amenaza con llevarla a la

Las cuentas de la cofradía “Virgen de las Mareas” están exhaustas desde que la entidad desaceleró en el ritmo de venta de casas del Nodo, una medida extraordinaria que adoptó la anterior directiva (la presidida por Gregorio López) para poder hacer frente a los pagos y que el equipo de Tomás Badiola mantuvo para liquidar la deuda de 1,5 millones de euros que recibió como herencia.

El deseo de no despatrimonializar por completo a la cofradía –dueña del poblado del Nodo– llevó hace dos años a Tomás Badiola y a sus directivos a ralentizar la venta de casas en la confianza de poder alcanzar acuerdos con los inquilinos para actualizar los alquileres y, con esos ingresos, poder hacer frente a los gastos de la entidad, fundamentalmente los relacionados con el propio barrio del Nodo. Pero esa pretendida subida de rentas solo prosperó en una minoría de casos y la realidad hoy, según Badiola, “es que las rentas tipo tienen cuantías de entre 2,50 y 3,14 euros al mes, a todas luces insuficientes para mantener a flote la economía de la cofradía”.

Los reveses judiciales en las acciones emprendidas para promover desahucios, la negativa de la mayoría de inquilinos a avenirse a subidas de renta, el fracaso de la negociación llevada a cabo para buscar una solución conjunta a la actualización de alquileres y ahora la sentencia que exonera a los inquilinos del pago de derramas abocan a la cofradía a un panorama “preocupante”, según el patrón mayor, quien lamenta la soledad en la que se halla la entidad desde hace unos años –“no parece importarle a nadie que este barco se hunda”, recalca– y recuerda que si en el pasado, cuando gestionaba la rula, la cofradía “fue muy generosa dando, en estos momentos está como para recibir ayuda”.

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