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La tasa de contagios en Avilés, peor que antes del perímetro, supera la de Gijón

La incidencia de dos semanas en la ciudad es de 518 casos, el doble que Oviedo | La pandemia, estable con 229 contagios y 18 fallecidos

Sanitarios del Hospital San Agustín de Avilés

Sanitarios del Hospital San Agustín de Avilés Mara Villamuza

Cuando el Principado decretó el cierre perimetral de las tres principales ciudades de Asturias a finales de octubre, la incidencia acumulada durante dos semanas pasaba de los 540 casos en Gijón y de los 370 en Avilés. La primera ha ido mejorando durante la segunda quincena de noviembre y se

La capital asturiana nunca fue el foco de preocupación para Salud. Ya en octubre su incidencia era de 263 casos, así que Gijón la doblaba, pero se abogó por el cierre por el temor a que un intercambio constante de viajeros hiciese crecer exponencialmente las tasas de las tres zonas. La evolución ha sido dispar. La segunda ola por coronavirus empezó en Asturias cebándose con Gijón, que llegó a tener una incidencia acumulada hasta 1.000 casos en dos semanas, pero ahora, aunque sigue alta, sí ha registrado una bajada notable. Avilés, sin embargo, ha ido empeorando a lo largo de noviembre: la primera quincena registró unos 340 casos por cada 100 habitantes y, la segunda, unos 450. Ahora, siempre según los datos abiertos que publica la consejería de Salud, registra máximos históricos y afronta la Navidad más débil que nunca.

Nuevo servicio de alerta

Por otro lado, Salud anunció también ayer la creación de su propio Servicio de Alertas y Emergencias Sanitarias, que de ahora en adelante coordinará todo lo relacionado con epidemias y pandemias en Asturias. La región registró ayer 49 ingresos (3 en UCI) y 69 altas hospitalarias.

Personal sanitario trabajando, ayer, en el puesto de apoyo a Urgencias del Hospital de Cabueñes. | Á. González Á. González

Más de 60 enfermos han pasado ya por el puesto militar de Cabueñes

Siete carpas verdes cubiertas por una gran lona blanca sirven desde hace casi dos semanas para evitar la saturación de un Hospital de Cabueñes que se quedó pequeño hace ya años. El puesto de apoyo al área de Urgencias instalado por militares del Regimiento Príncipe de Asturias del Ejército a finales de octubre en una parte del aparcamiento del centro gijonés comenzó a funcionar oficialmente el pasado día 24 y ha atendido ya a más de 60 pacientes. “Es una solución temporal, pero muy válida”, señaló Manuel Bayona, gerente de Cabueñes.

Ana Velasco, coordinadora del puesto, aclaró que el protocolo de uso de esta carpa es claro. Los pacientes acuden primero al propio hospital, al mostrador de Urgencias y si el triaje apunta a que el enfermo presenta síntomas de patología respiratoria pero de grado leve (lo que en el sector médico sería un enfermo de nivel “verde” o “amarillo”) y puede caminar por su cuenta, se le puede derivar a la zona militar para no abarrotar el servicio del complejo hospitalario. “Ya vienen con su pulsera identificativa y todo lo que hacemos aquí está conectado con el hospital, así que no se pierde nada. En caso de ingreso, que acaban siendo cosa del 10% de los pacientes que entendemos, vuelven a Cabueñes. Estos días, por el temporal, lo hacemos con una ambulancia, porque aunque estamos al lado del hospital para ellos es más cómodo”, aclaró la coordinadora. Aunque son enfermos leves, concretó, algunos sí necesitan ingresar porque su pronóstico parece más grave o porque necesita unos días de observación.

El puesto tiene seis salas y un recibidor, y está equipado para poder hacer radiografías y analíticas y extraer muestras para PCR y test de antígenos. Según el caso, a la carpa también se pueden derivar a enfermos con otra sintomatología que apunta de forma clara al covid-19, como la pérdida a de gusto y olfato. Lo normal, explican los responsables, es que por esta carpa pasen alrededor de una decena de personas.

Pese a que el motivo de que este pequeño hospital de campaña esté funcionando es dramático, el personal sanitario se desenvolvía ayer por las instalaciones con optimismo y dejando un rato para las bromas en los momentos de poca afluencia. La auxiliar de enfermería Ángeles Merino posaba alegre para el fotoperiodista empuñando cualquier instrumento médico a su alcance, el técnico de rayos Ángel Díaz salía apurado con su máquina portátil para presumir ante la cámara y todos, aunque encerrados en su “zona covid”, parecían acostumbrados ya a que su lugar de trabajo sea un hospital provisional.

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