La iglesia de Santa María de Luanco necesita la restauración de algunas zonas que ya están deterioradas tras el paso de los siglos. El pasado verano, el párroco José Antonio Alonso Artero señalizó varias de las columnas del atrio para evitar accidentes. “Las columnas y otras zonas de la iglesia necesitan ser restauradas y la gente de Luanco lo sabe, pero el pasado verano como vinieron muchos veraneantes que no conocían el estado del templo y decidí señalizar las columnas en mal estado para que nadie se apoyara en ellas, ya que podría ocurrir un accidente”, manifestó el sacerdote.

“Esperamos el permiso de Patrimonio para rehabilitar la iglesia pero también necesitamos financiación”, manifestó el sacerdote, quien apostilla: “Queremos hacerlo bien, con una restauración respetuosa”.

Detalle de una de las columnas apuntaladas. R. Solís

En el siglo XVIII se había quedado pequeña la iglesia de Luanco, por ello se acometió la construcción de la actual iglesia parroquial de Santa María, que data del año 1730 y fue diseñada por el arquitecto gijonés Pedro Muiz Somonte. El retablo mayor es del año 1739, de estilo barroco, e incluye una imagen del Santísimo Cristo del Socorro y diferentes estampas sobre la vida de la Virgen María. En el siglo XIX se le adosaron diferentes dependencias y un piso más a la torre campanario con balcón y reloj, que se remató con una cúpula apuntada. En ese mismo siglo, los arquitectos Macario Ruiz y Rogelio Ruiz construyeron el cabildo sobre las columnas toscanas que rodean por completo el templo, algunas de las cuales son las que necesitan ser restauradas. La iglesia está declarada Monumento Histórico Artístico.

El sacerdote puntualiza a las concejalas no adscritas

El párroco de Luanco, José Antonio Alonso Artero, rechazó las críticas de las concejalas no adscritas del Ayuntamiento de Gozón y de vecinos de la zona que aseguraron que se había negado a oficiar un funeral en la parroquia de Bocines. “Se trataba de un difunto de Candás, la funeraria habló con la familia y decidieron hacer allí el funeral porque la iglesia llevaba días cerrada y estaba muy fría. Además, por los temporales, el acceso estaba lleno de charcos. Yo estuve presente en el entierro en el cementerio parroquial. No hubo ningún problema”, afirmó.