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El renacer del parque del Muelle

La última reforma se produjo hace 30 años, y la proyectada ahora pretende devolver a la zona verde la vitalidad de antaño

La fuente del parque del Muelle.

La fuente del parque del Muelle. Mara Villamuza

Regenerar la vida urbana y devolverle la vitalidad que en su día tuvo. Este es el objetivo fundamental de la reforma interior del parque del Muelle, una actuación presupuestada en 1,6 millones que se encuentra en licitación y que se acometerá este 2021. Esta zona verde de alto valor histórico enraizó en el año 1835 en el terreno liberado de las marismas que conformaban la orilla izquierda del río Tuluergo. En él se generó un espacio urbano, la pieza angular del desarrollo posterior de la ciudad, para resolver el vacío que había dejado el cauce del río entre el casco medieval de la Villa y el de Sabugo. Han sido mínimas las intervenciones en el que fue el único parque de la villa hasta la apertura a la ciudadanía del de Ferrera, en 1976. La última data de la década de 1990, con Santiago Rodríguez Vega como alcalde. El parque afronta en este 2021 una nueva etapa, con la que busca recuperar el lustre y la vitalidad que perdió con el deterioro por el paso de los años.

La memoria del proyecto, que lleva al firma del arquitecto municipal Julio Redondo, analiza al detalle la historia del parque del Muelle, que ocupa la manzana que forman las calles del Muelle, la Muralla, Emile Robin y la Plaza de Pedro Menéndez. Conforma un espacio triangular sobre el que se traza una amplia avenida longitudinal (El Salón), calles secundarias y pequeñas plazas, todo rodeado de arboleda, setos recortados y parterres florales.

El actual espacio del parque del Muelle ocupa las antiguas marismas conocidas con el nombre de “Campo del Faraón”, frente a la denominada “Puerta del Mar” del recinto amurallado medieval, que fueron desecadas a lo largo del siglo XIX en sucesivas etapas. El primer intento de desecación data de 1852, si bien esta no se impulsó hasta 1869 de la mano del promotor Braulio González Mori. El plan acabó en pleito con el Ayuntamiento, que una vez fallecido González Mori llegó a un acuerdo con sus herederos, quienes cedieron al Consistorio los “Campos del Faraón” con la condición expresa de dedicarlos a jardines públicos y de recreo.

La creación del parque del Muelle supuso la desaparición del antiguo Bombé (paseo en la actual calle de La Muralla). El arquitecto municipal Ricardo Marcos Bausá comenzó a diseñar los jardines sobre los 14.000 metros cuadrados de terreno resultantes de la desecación, hasta que terminó dimitiendo por las desavenencias con el entonces alcalde José Cueto. Quien materializó finalmente la obra fue Federico Urueña González, autor, además, del templete musical.

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La historia del parque del Muelle, en imágenes. Nardo Villaboy / LNE

La renovación proyectada ahora incluirá la limpieza y restauración de los elementos escultóricos del parque, entre los que destaca un conjunto de piezas de fundición de hierro que fueron adquiridas en 1876 por el Ayuntamiento avilesino en Barcelona. El conjunto, formado por nueve esculturas y otros elementos ornamentales, costó 2.470,60 francos, y lo fabricó la empresa francesa Hauts-Foruneaux & Fonderies du Val-D’Osne, siguiendo modelos de la Antigüedad clásica (Náyade, Diosa Artemis, Alegoría del Verano, Alegoría del Invierno, Alegoría del Otoño, Alegoría de la Primavera, Afrodita y el Joven Sátiro). Inicialmente estaban colocadas en el antiguo Paseo del Bombé, pero una vez rematadas las obras del nuevo Parque del Muelle fueron trasladadas a esta zona de esparcimiento en lo que los avilesinos denominaron de forma irónica el “baile de las estatuas”, según detallan los arquitectos en el informe del proyecto.

Relevante es también la estatua en bronce dedicada a Pedro Menéndez, un proyecto del valenciano Manuel Garci-González. La idea de elevar un monumento partió del Marqués de Teverga a finales del XIX . Lo inauguró la infanta Isabel a principios del siglo XX. La escultura está rodeada de cuatro cañones de a 24 libras fechados en el siglo XVIII, importantes piezas de gran interés histórico y patrimonial e incluidos en el Inventario de Patrimonio Cultural de Asturias.

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El parque del Muelle, preparado para la reurbanización. Mara Villamuza

Entre el resto de elementos escultóricos del conjunto del Parque del Muelle destacan también el pequeño elefante que arroja agua por su trompa, y la dedicada a la foca que en diciembre de 1951 llegó a la Ría de Avilés. Esta última se instaló en 1956. Los arquitectos valoran además el enrejado de hierro sobre el que se crece la rosaleda del parque, incluido ya en el proyecto de Bausá.

Pero si hay un elemento destacado en esta zona verde es el Kiosco de la Música con su cúpula central y las cuatro bobedillas menores que la rodean rematadas en agujas de hierro. Fue levantado en 1894, cuando el parque estaba recién acabado, por el contratista local Juan Pérez Martín siguiendo planos del ovetense Federico Ureña González-Olivares. Cuenta con elementos ornamentales de zinc fabricados en la Real Compañía Asturiana de Minas que le aportan un carácter singular. Es considerada una obra maestra entre las pequeñas piezas de amueblamiento urbano.

Los arquitectos estiman que fue en las intervenciones que se produjeron en el parque en los años 50 del pasado siglo cuando se retiraron las farolas originales por otras de fundición (en la actualidad solo quedan dos). En 1980 se actuó sobre la parte vegetal y ornamental del parque y se rehabilitaron las estatuas, coincidiendo con el traslado de las paradas de autobuses de la calle Emile Robin a la calle del Muelle, que estaba por aquel entonces en plenas obras de ampliación.

Fue en la siguiente década, en la de 1990, cuando se acometió la última gran remodelación, con Santiago Rodríguez Vega en la alcaldía. Fue una obra importante en la que se cambió todo el pavimento (se sustituyó por adoquín), los parterres se delimitaron con bordillo y se acondicionan con aporte de tierra y posterior semillado, se instaló el riego automático, se renovó la red de saneamiento, se limpió la fuente del elefante y restauró el quiosco de la música. De eso hace ya tres décadas. A sus 186 años, el parque del Muelle se prepara para recuperar el lustre perdido y volver a brillar.

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