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Paseos de confinamiento: rutas para disfrutar del paisaje en Avilés

Los “techos” del concejo, la ría, frondosos castañedos o áreas de picnic son algunos de los lugares a donde se pueden hacer escapadas sin salir de Avilés durante el cierre perimetral

Junto a la ría al atardecer

Junto a la ría al atardecer

Si todos los vecinos de Avilés se concentraran al mismo tiempo en el parque de Ferrera tocarían a poco más de un metro cuadrado por persona, el espacio suficiente como para permanecer de pie, aunque inmóviles. Y eso, según están las cosas con el covid, no sería posible. Vamos un poco más allá: con un concejo de 26 kilómetros cuadrados y una población de 77.791 personas, según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística, a cada vecino le correspondería, más o menos, un espacio del tamaño de un campo de fútbol para esparcir. Esto ya está mucho mejor en tiempos de pandemia. Pero, ¿qué rincones esconde Avilés para disfrutar de la naturaleza y los paisajes sin aglomeraciones? En el mapa limita con Corvera, Gozón y Castrillón. Y aunque tiene ría, Avilés carece de playa y montaña. “Aún así es un bombón que hay que abrir para saborearlo”, manifiesta Julia Arias, una mujer que cada día se calza las zapatillas y le deja un aviso a su marido escrito en papel sobre la mesa de la cocina: “Voy a caminar, hoy para la zona de La Magdalena”. Otro día es Versalles; otro, San Cristóbal...

Un ciclista rueda por San Cristóbal, en un tramo con vistas al Cantábrico. | R. Solís

El concejo avilesino cuenta, en total y restando las caleyas, con dieciocho puertas de entrada. Ahora solo pueden entrar y salir los que tienen justificación. Para los que se quedan “confinados”, tienen tiempo y ganas hay alternativas para disfrutar del paisaje. Por ejemplo, subir a los “techos” de Avilés. Uno de los puntos más elevados del municipio está en El Vallín: el acceso es sencillo, aunque no hay ninguna indicación y el camino se mantiene tímidamente abierto gracias al paso de ciclistas con bicicletas de montaña. Para hacer esta “cumbre” se puede dejar el coche en el cementerio de La Carriona, y rodear el centro comercial por una senda sencilla pero sin apenas atractivo. Otro de los “techos” que compite en altura con El Vallín está en Miranda, a la altura del depósito de aguas. Por este barrio se pueden improvisar caminatas que permiten apreciar la belleza del Alfaraz, Bao, Los Calvos, la Cruz de Illas, la Cruz de la Hoguera, Heros, La Lleda, Miranda, Nondivisa, Pozo la Granda, Santa Ana, Santo Domingo, Vidoledo y Villanueva. Otro camino con “gancho” para los caminantes es el del Gaxín, que desemboca en la calle Fuero a la altura del centro de salud del Quirinal.

Por San Cristóbal se pueden, por ejemplo, seguir los pasos de los caminantes hacia Santiago. Pero hay que saber poner el freno antes que el pie entre en el vecino concejo de Castrillón ahora que está prescrito el cierre perimetral en ambos municipios. Desde San Cristóbal también se puede descender por una carretera que pasa por delante del Real Club de Tenis, el Camino Viejo de Pravia, hasta el barrio de Jardín de Cantos y luego, Sabugo. Por esta ruta se ve el Cantábrico acariciando las playas castrillonenses. O se puede bajar también por el camino del Picalón hasta la avenida de Lugo, ya casi en el límite de la frontera.

Juan Torres y Olaya Cruz pasean por las inmediaciones de la ermita de La Luz. | R. Solís

Otro buen lugar para esparcir, aunque muy concurrido, es el paseo de la ría. Parte de las inmediaciones del puerto pesquero, en la margen izquierda de la ría, y aguas arriba pasa ante la escultura “Avilés” en dirección al puente San Sebastián y el Centro Niemeyer. El camino se abraza con la “Ruta del Acero”, salpicada de esculturas metálicas de diferentes artistas. Al llegar a la altura de Llaranes se puede regresar, o continuar, según las fuerzas del caminante.

La senda de La Magdalena también es otro enclave digno de recorrer. Aunque en los últimos días y, pese a la lluvia, los usuarios habituales se quejan del gentío: “Parece Benidorm”. Comienza el recorrido en el pabellón de exposiciones de La Magdalena y continúa con los ojos del paseante puestos en la no tan lejana sierra de Bufarán. Desde esta senda hay caminos “pindios” que llevan a ciclistas y caminantes aventureros hasta la ermita de La Luz, que no compite entre los “techos” de Avilés pero que es uno de los puntos que ofrece mejores vistas de la ciudad con la ría como principal protagonista. Otro camino que ofrece hermosos paisajes es el de Lluera, que de seguido puede llevar al paseante hasta Villalegre, El Pozón o Los Canapés, que debe su nombre a dos monumentales pero desconocidos bancos de piedras construidos en 1786.

Una familia paseando por L’ Arabuya

Otro rincón que enamora a los avilesinos en estos tiempos que se cotiza al alza el metro cuadrado en libertad es la ensenada de Llodero y la charca de Zeluán. Este espacio fue declarado Monumento Natural, una etiqueta que en Asturias tienen 38 enclaves naturales más. Con el anterior cierre perimetral, Mavea, un colectivo que vela desde hace años por la protección de este espacio, advirtió de que mucha gente acudía a Zeluán “y de que la presión humana era exageradísima”. Pidieron entonces que se cumplan con los usos recogidos en el plan de gestión en los que destaca, por ejemplo, la prohibición de pasear con perros sueltos o la pesca, tanto con caña como con nasa, y la recolección de anélidos y moluscos.

Valliniello es otro de los rincones con encanto de Avilés en el que los avilesinos pueden disfrutar de su espacio sin grandes aglomeraciones. Un dato: la extensión de este núcleo, que es un archipiélago de barrios, es de 8 kilómetros cuadrados, casi un tercio de la de todo el concejo de Avilés, que tiene 26. «Desde el puente Azud hasta el límite con Gozón, todo es Valliniello», defienden los vecinos. En esta parroquia hay un área recreativa con laguna y juegos infantiles.

Una vaca en una finca desde la que se ve el techo del pabellón de La Magdalena.

Cualquier barrio de Avilés es sobresaliente para recorrer. Lo dice Julia Arias, que los anda todos: “Cada sitio tiene cosas bonitas, solo hay que saber mirar. Un palacio aquí, una casona allí, una iglesia, una finca con hórreo...” Apunta, eso sí: “Lo importante es ir y que no se note que se estuvo: la basura tiene que volver para casa, o para el contenedor”.

Para acabar el recorrido, el casco histórico de Avilés, declarado conjunto histórico artístico. Se puede realizar un paseo por la historia desde el siglo XII hasta la actualidad, entre espacios y edificios representativos de los estilos arquitectónicos románico, gótico, barroco y modernista. Otro capítulo se lo merecen los parques. En el centro están los de Ferrera, Cabruñana, Las Meanas, El Muelle, El Quirinal y La Magdalena. En los barrios que rodean el casco histórico de la villa: Versalles, Bustiello, La Luz y Llaranes. También el bosque de la Grandiella, otro sitio para respirar desde un alto sin salir de Avilés. Que de eso se trata.

Vista del Camino del Caleiro

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