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Director del Instituto Oceanográfico de Gijón

Rafael González Quirós: “A nadie se le ha pasado por la cabeza prohibir la pesca en el cañón de Avilés”

“Los científicos no somos enemigos de los pescadores; ambos estamos interesados en conservar la biodiversidad marina”

Rafael González Quirós, visto a través de una cristalera del Oceanográfico de Gijón. | Marcos León

Rafael González Quirós, visto a través de una cristalera del Oceanográfico de Gijón. | Marcos León

El covid impidió ayer la puesta de largo en Avilés de Rafael González Quirós (Oviedo, 1967) como nuevo director (ejerce desde el 1 de octubre de 2020) del Instituto Oceanográfico de Gijón, un organismo que, entre otros cometidos, realiza investigaciones de gran importancia para el sector pesquero. Este biólogo licenciado en la Universidad de Oviedo, discípulo del catedrático de Ecología y experto en cambio climático Ricardo Anadón, estaba anunciado como ponente en el ciclo de conferencias del grupo ornitológico Mavea que se desarrolla en el hotel 40 Nudos, pero las restricciones impuestas por motivos sanitarios obligaron a cambiar el formato presencial de la charla por otro telemático. No obstante, el investigador cumplió con el encargo y disertó sobre los retos de la gestión pesquera, la variabilidad ambiental y el ciclo vital de las especies marinas. Antes de tomar la palabra vía You Tube, atendió telefónicamente a LA NUEVA ESPAÑA desde Gijón.

–El título de la charla pone la primera pregunta en bandeja: cuáles son los retos actuales de la gestión pesquera.

–La gestión pesquera en países desarrollados se basa, cada vez en mayor medida, en el conocimiento científico. Los ejemplos por antonomasia son Estados Unidos, Canadá y, en menor medida, la Unión Europea. Esta gestión influida por el consejo científico ha llevado a que el porcentaje de stocks pesqueros en mala situación sea relativamente bajo. O sea, que cuando se aplica a la pesca el conocimiento que proporciona la ciencia, y pese a todas las dificultades que eso entraña, el resultado es satisfactorio. El gran reto es aplicar esa misma estrategia en países en vías de desarrollo, donde los recursos pesqueros están sobreexplotados, lo cual requiere disponer, claro está, de medios y de formación.

–¿Cómo se deben conjugar los intereses pesqueros y los de la conservación de la biodiversidad marina, aparentemente contradictorios?

–La pesca tiene impacto, negarlo sería absurdo; pero ni puede ni debe desaparecer porque genera recursos alimentarios muy importantes. Lo que hay que hacer es tratar de que la pesca impacte lo menos posible en la biodiversidad. Es decir, se trata de buscar un equilibrio. Y lo mismo vale para otras actividades con impacto en el mar: el turismo, la explotación de energías...

–Y ese equilibrio, la tan pregonada sostenibilidad, ¿dónde se halla?

–Para responderle cito al director de la sección de pesca de la FAO, Manuel Barange: el concepto de sostenibilidad es tramposo porque no se puede definir en términos absolutos sino que es un proceso que se debe adaptar al conocimiento disponible y a las necesidades de la sociedad, ambos variables en el tiempo. Hablamos, pues, de un equilibrio dinámico.

–¿Cómo ve usted la relación de la comunidad científica con los pescadores? Conste que para algunos de ellos, ustedes son “el enemigo”, sobre todo cuando sus informes aconsejan relajar la presión extractiva.

–Yo creo que tenemos una buena y respetuosa relación, pero que muchas veces faltan foros y canales de comunicación a través de los cuales explicarnos e intercambiar conocimiento. Los científicos debemos esforzarnos en decirles a los pescadores cómo hemos llegado a nuestras conclusiones, para qué pueden servirles nuestros estudios... Y debemos, a su vez, oír a los pescadores, de cuya experiencia, capturas y formas de faenar también podemos obtener datos relevantes. No, no somos enemigos de los pescadores; ellos lo saben porque son los primeros interesados en conservar la biodiversidad marina.

–¿Qué certezas hay sobre los cambios que está induciendo el cambio climático en la vida marina en el Cantábrico? Desde hace unos años es cada vez más frecuente avistar o capturar peces propios de latitudes más al sur, ¿qué indica esto?

–Determinar cómo afecta a una especie concreta el cambio climático es muy complicado por la gran variabilidad del medio marino. Los científicos no hemos podido llegar a establecer conclusiones y aún tardaremos, entre otras razones porque las series temporales que manejamos son muy cortas en el tiempo (las más completas datan de finales de los años ochenta). Sí que son perceptibles tendencias llamativa, como el incremento de la temperatura del agua y deducimos o sospechamos que es consecuencia del cambio climático. Pero de ahí a aseverarlo como verdad absoluta... Mire, en los últimos años abunda la anchoa. ¿Es como consecuencia del cambio climático, que le favorece? Pues podría ser, pero basta un año de bajo reclutamiento de alevines para que el buen momento del stock se resienta. Entonces, ¿es o no es el cambio climático? Ya digo que son varias as variables que entran en la ecuación. Respecto al avistamiento de peces propios de otros mares, más de lo mismo, podemos establecer que tiene altas probabilidades de tener relación con el cambio climático, pero de ahí a establecer certezas, media mucho trecho.

–¿Cuál es su opinión sobre el modelo de gestión de capturas pesqueras mediante cupos, un sistema tildado en algunos ámbitos de caduco?

–Las políticas pesqueras no son inmóviles, cambian con el tiempo y están en constante revisión siendo, además, los representantes de la sociedad –los políticos– quienes las definen. Entiendo que todo es mejorable, por supuesto, pero también sé por experiencia que hay muchos intereses contradictorios; lógicamente los pescadores tienen una predisposición a querer que los cupos sean más generosos, lo cual a veces no es conveniente por razones de estado de los stocks.

–¿Qué especies de interés comercial del Cantábrico pasan por malos momentos?

–La cigala, que lleva años muy “tocada”; tanto que solo se permite su pesca en una área muy pequeña y con fines, fundamentalmente, de observación científica. La sardina es otra especie en horas bajas , aunque ha empezado a dar síntomas de leve mejoría que esperamos que se confirmen en años venideros. El problema de la sardina parece estar en aguas portuguesas –el stock es compartido con ese país–, que es donde los ejemplares desovan.

–Dos especies en alerta para un total que ronda la treintena, no parece mal ratio.

–Pues sí, no es un mal porcentaje, pero insisto en que nada puede ser analizado en términos de verdad absoluta por la fuerte variabilidad que afecta a la biodiversidad marina. Una sola anchoa pone 40.000 huevos y para mantener el volumen de la población basta con que sobrevivan y se hagan adultas dos, pero si un año el índice de mortalidad, por la razón que sea, aumentase de forma notable podría arruinarse el buen estado que actualmente tiene ese recurso.

–El cañón submarino de Avilés, según las investigaciones llevadas a cabo, se ha revelado como un espacio privilegiado de biodiversidad marina, pero los pescadores temen que el futuro plan de conservación les expulse de la zona. ¿Tienen razón para estar intranquilos?

–A nadie se la ha pasado por la cabeza prohibir la pesca en el cañón de Avilés. Lo que se pretende es regular las actividades que se desarrollan en ese área de forma que sean compatibles con la biodiversidad. Como ya comenté antes es una cuestión de equilibrios y para buscar el óptimo debemos contar con todos los agentes implicados, también los pescadores.

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