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Avilés vive su primer día de cierre total de la hostelería y el comercio con citas improvisadas al aire libre

Los establecimientos hosteleros ofrecen productos “para llevar” y los avilesinos responden improvisando citas al aire libre

El frutero José Fernández, ayer, en la plaza de Hermanos Orbón. | Mara Villamuza

El frutero José Fernández, ayer, en la plaza de Hermanos Orbón. | Mara Villamuza

Avilés es la ciudad del “take away”, del “para llevar” en castellano. Muchos establecimientos de hostelería de la ciudad han adoptado esta fórmula como un plan económico paliativo ante el nuevo cierre decretado por el Gobierno regional ante la negativa evolución de la pandemia: el San Agustín está colapsado y los centros de salud no dan abasto. Se ofrecen cafés, caldos de pita o de pescado, refrescos, cervezas... Todo para consumir lejos de la barra del bar. Ayer los clientes de estos establecimientos buscaban sitio al sol, y muchos se concentraron en la plaza de abastos a mediodía: trabajadores municipales, técnicos con despachos por la zona, chavales en un descanso de sus estudios online, obreros… “Venimos aquí porque es donde creemos que hay más espacio para tomar un café con seguridad, ya lo hicimos así cuando cerraron los bares hace semanas”, apuntaba Lucía Martínez. Confirmaban sus palabras Carlota Miranda y María Caballero. Todas con mascarilla, las tres separadas lo suficiente según la norma.

A unos metros, también en la plaza Hermanos Orbón, estaba José Fernández, frutero. Estaba con un café recién servido. “Yo suministro fruta a restaurantes, geriátricos, colegios… El cierre de la hostelería nos afecta. Pero yo voy más allá. El cierre perimetral también nos está haciendo daño, porque desde hace tiempo no puede venir gente de otros municipios a Avilés. Pero lo que realmente está arruinando los negocios del centro es la falta de plazas de aparcamiento, en nuestro caso la obra del parque del Muelle. Cuando la gente pueda regresar, ¿dónde tendrán que dejar el coche?”, se cuestionaba este empresario que lanzó la posibilidad de hacer frente común entre todos los afectados por la desaparición de huecos para los coches.

Dos jóvenes en uno de los improvisados cafés al aire libre. | Mara Villamuza

José Llamazares es uno de los hosteleros que se ha lanzado a la moda casi forzosa del “take away”. Una mesa a la que sus clientes se acercan como al confesionario, de uno en uno, hace también de barrera, para impedir la entrada al local, con raíz en Sabugo. Desde el ventanal exterior del establecimiento se puede ver la oferta del día: pinchos de tortilla, de pollo… Desconoce si este tipo de venta es legal o no. “Llamamos a la Policía Local, la Policía nos remite al Principado… Nadie sabe nada y a nosotros nos hacen sentir delincuentes”, lamenta el empresario, quien agrega: “En mi caso las ayudas que nos quieren dar se las pueden quedar y, a cambio, pido que me dejen trabajar”. Llamazares era de los que iba con el gel hidroalcohólico en la mano para regar a sus clientes cuando se sentaban en la silla, también desinfectada.

Miguel Suárez más de lo mismo. Tiene su bar frente al Juzgado. Su clientela es, por esta razón, mayoritariamente del Palacio de Justicia: abogados, jueces, fiscales, pasantes… “Mantengo todas las distancias, he puesto cinta para que la gente no se apoye en la pared a tomar su café. Y aún así no sé si lo que hago está bien o mal, ya me llegó por dos sitios diferentes que querían acabar también con el ‘para llevar’”, reconocía mientras servía unos cafés a dos mujeres que se separaron varios metros del local para disfrutarlo. “Mis clientes son muy majos”, valoraba Suárez, que confesaba: “Abrir para servir de esta manera es una forma de sacar algo y evitar quedar en casa dándole vueltas a la cabeza”.

A la moda casi forzosa del “para llevar” también se han sumado muchos restaurantes. Ahora en Avilés el “take away” tiene infinidad de sabores, desde el de la cocina japonesa al del pote de berzas más tradicional. Y con los pedidos, el “packaging”; es decir, los envases. Que en Avilés ya empiezan a ser casi para colección: los hay de cartón reciclado, de plástico, especiales para mantener la temperatura de los platos... Un nuevo mundo acelerado por el covid.

El hostelero José Llamazares atiende a un cliente. | Mara Villamuza

Mas allá del cierre de los establecimientos hosteleros, Avilés parecía ayer una ciudad despierta. Los pequeños comercios estaban abiertos, apurando las segundas rebajas. Y algunos de los “grandes”, de más de 300 metros, tenían acotados espacios para cumplir con la normativa. Mantenían también la actividad los supermercados, con escasos controles de aforo, a juzgar por algunos clientes. Aunque en los “súper” también han crecido las ventas “para llevar” a domicilio, que han llegado igualmente a algunos kioscos de chucherías. En el fondo del asunto: “Mantener la actividad, lo que se pueda, para sobrevivir”.

Los centros no reglados piden información sobre los cierres perimetrales

Las academias de idiomas, artes y escuelas de música son centros educativos pero no de educación reglada y alzan la voz contra la falta de información sobre los cierres perimetrales que afectan a su sector. La Guardia Civil ya ha multado a una alumna castrillonense por ir a clases a una academia avilesina, cuando en noviembre “no había ningún problema”, apuntó Patricia Pérez, directora de una academia artística. Hay otras responsables de centros no reglados que van más allá. Denuncian que la guía de preguntas y respuestas del Principado de Asturias donde especifica lo que concierne a los centros docentes no reglados el asunto es “contradictorio” porque da lugar a la “libre interpretación de cada agente tras varias llamadas a la Guardia Civil de Avilés y de Salinas y a la Policía Local”, señaló Olaya Esteban, responsable de una academia musical, que estableció además la diferencia entre un centro como el suyo y las escuelas municipales “donde pueden” ir alumnos de Castrillón y Corvera, por ejemplo.

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