“Las sardinas están caras, 75 céntimos cada una”, cuenta Ángel García, sardino Mayor de la Cofradía Sardina Arenque de Llaranes. Ya llegó el Antroxu y como manda la tradición, comienza en la plaza de este emblemático barrio avilesino. “Pateé medio Avilés para encontrarlas, compré seis, ahí están y el año pasado salieron a cincuenta céntimos cada una, son producto local”, bromea García, al que le cuesta y mucho que el Antroxu se reduzca a estar en casa o a actividades online. “Si Barbón nos dejara salir a tomar unos vininos, era otra cosa... pero es que no se puede casi ni quedar para charlar”, añade el sardino Mayor. Nieves Bárbara acompaña a García, ambos lucen las trazas de un bueno cofrade de la Sardina Arenque, con sus tonos rojos y verdes y sentido del humor para regalar. “El Carnaval es para estar en los chigres, de comedia, con besos y abrazos, con proximidad”, comentan en la plaza Mayor de Llaranes, un día antes de su día grande, el día en que Avilés cambia de la vida normal a la vida más irreverente y guasona.

La fiesta de Llaranes suele estar regada con vino y callos “para forrar”. García tiene claro que le tocará comerlos en casa. Es más, animó al pueblo de Avilés a probar mañana una tapa, “aunque sea de bote”. “Las sardinas que están ahí –refiriéndose al pendón improvisado con el posan en la fotografía– acabaré comiendolas en tortilla, eso sí, después de los callos”, ironiza García, que como buen antroxero se desvive por bromas y comedias. Bárbara, otro tanto de lo mismo, no se imagina un año sin carnaval pero es que el dichoso virus lo marca todo. Es más, hasta quizá sea el culpable de la subida de precio de las sardinas. “Ahora estaríamos con el vino en la mano después de haber repartido las revistas y mañana –por hoy– como siempre andaríamos a la carrera preparándolo todo”, comenta entre risas Nieves Bárbara. Pero no va a ser así.

Ambos lamentan la ausencia de Antroxu callejero y se les nota en la mirada. Prefieren ser prudentes y no quieren ni pensar siquiera en el año que viene. “El año pasado veíamos a gente disfrazada de chinos con mascarilla y a los quince días estábamos encerrados en casa; lo principal es que estemos todos, aguantemos y que el virus se vaya rápido”, afirman.

Pocos días después de decretarse el confinamiento falleció el alma mater de la cofradía de la Sardina Arenque, José Ángel del Río Gondell, un hombre que lo dio todo por el Antroxu y por su barrio. Su último Carnaval, el de 2020, salió a saludar a sus amigos antroxeros, tiempo después se recogió porque su salud se lo pedía. En otras circunstancias habría estado meneando el esqueleto. Como homenaje, su Cofradía de toda la vida tenía pensado organizar una exposición en el centro social del barrio con sus pegatinas y carteles de Antroxu, pero el “bicho” tampoco lo permitió. La salud es lo primero, dicen los de la Sardina Arenque. “Y tenemos razón”, apostillan con resignación “porque el Antroxu es para no parar”. “Otros años siempre pido vacaciones para esta semana y otra después, para estar en la cama recuperando”, comenta García, que pese a todo, no dudará en colgar el jueves una sardina del edificio principal de la plaza Mayor. La hará de poliespán y la pintará. “Le voy a colocar una mascarilla, por supuesto, porque aunque esté a ocho metros, nunca se sabe”, señala. Esa sardina será “indultada” y será recogida una vez finalice la semana de Carnaval que comienza hoy y concluye el próximo miércoles 17. “Así, cuando se pueda celebrar el Antroxu como tiene que ser pues habrá que quemar dos sardinas”,

Igual que hoy no habrá pregón tampoco habrá Entierro de la Sardina. “Veo bien que no haya sermón porque aquí siempre nos juntamos un montón y con ganas de fiesta. Además este año con todo lo que hay que decir... creo que volverían les muyeres de la cena de Comadres y seguiríamos aquí”, comenta García.

La cofradía de la Sardina Arenque de Llaranes “no tiene ganas de nada” pero eso sí, si tienen que ponerse el disfraz no lo dudan. “Para salir a tomar algo sí lo pondría, pero para ir a comprar o lo poco más que se puede hacer, no lo vemos”, coinciden Bárbara y García, almas de la folixa antroxera.