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Magüi mira | Actriz y directora de “El abrazo”, que se estrena en Avilés el día 26

“La vida es como una partida de ajedrez: el jaque mate es lograr lo que te propones”

“Otros países han confinado, pero han ayudado al sector cultural; aquí o trabajamos, o morimos de hambre”

Magüi Mira

Magüi Mira

Directora, actriz, dramaturga, empresaria, profesora, Magüi Mira nació en Valencia en 1944. Niña de posguerra, estudió Historia Medieval y Filosofía en la Universidad Luis Vives de Valencia, se formó como actriz en el Institut del Teatre Barcelona y forma parte de la Junta directiva de la Academia de las Artes Escénicas. En 2016 recibió la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes. Lleva sobre los escenarios desde 1980, con los más destacados directores. El próximo día 26, si las condiciones sanitarias lo permiten, estrenará en el teatro Palacio Valdés de Avilés “El abrazo”, una adaptación de la obra de la obra homónima de Christina Herrström, que pone a prueba la capacidad de los seres humanos para amar. Anteriormente, protagonizó otro estreno absoluto, también en el Palacio Valdés. Fue en 2019, con “La fuerza cariño”, que luego giró por toda España.

–¿Hacer teatro en tiempos de pandemia es algo así como que la vida pende de un hilo cada día?

–En las artes escénicas estamos trabajando con un enorme esfuerzo y conscientes de que nos encontramos en mitad de una catástrofe, pero sin red, porque no cerramos en ningún momento. Trabajamos sin saber si vamos a llegar al público.

–¿Cómo es el día a día de un actor en tiempos de coronavirus?

–Nos vamos de los ensayos a casa, de casa a los ensayos… siempre con mascarilla, el gel en las manos… Por suerte somos un grupo mínimo y estamos muy controlados. Cada diez días nos hacemos un test de antígenos aunque sabemos que es la foto de un día y no qué puede pasar al siguiente. Cada día es un ejercicio muy generoso con nosotros mismos siendo responsables y sabiendo que, pese a todo, hay que seguir trabajando.

–¿El teatro en la era covid es todavía más arriesgado?

–Por suerte, trabajo con Jesús Cimarro, que es un productor que arriesga, pese a todas las catástrofes mundiales y la única manera de seguir trabajando es esta. Además, la conexión con el espectador no se puede perder porque entonces llega la hambruna.

–¿Qué se ha perdido en estos meses para el sector cultural?

–Estamos completamente empobrecidos culturalmente. Somos un país pobre por las corruptelas que vienen desde el siglo XVII. Vemos que no se puede apoyar a todos los sectores, ni siquiera pagan bien a los sanitarios porque no somos Alemania ni Francia. Y nos seguimos empobreciendo aún más. Esa condición de pobres nos obliga a convivir con el virus, porque no podemos hacer otra cosa, pero no nos podemos morir de hambre. Otros países han confinado, pero también han ayudado al sector cultural.

–Y en un contexto de crisis, pone a prueba al espectador con un texto tragicómico, como “El abrazo”. ¿Para reír, o para llorar?

–“El abrazo” es un espectáculo que nos conmueve y emociona y la emoción es la risa, pero también las lágrimas y todo eso hace que sea sanador, porque te evades de la realidad. Este es un texto muy potente e inusual, de realismo mágico, que parte de una anécdota surrealista. Pone en solfa la capacidad de amar. Nos creemos muy generosos y ofrecemos nuestra firma por una causa de la inmigración, pero si nos ponen a un inmigrante delante, en el pasillo de casa, la actitud cambia. ¿Somos capaces de abrazar lo diferente o no?

–A la potencia del texto le suma la presencia sobre el escenario de actores como María Galiana, Juan Meseguer o Emilio Buale. ¿Cómo fue el trabajo?

–Los actores son lo más importante del arte escénico junto con el público, pero con un texto tan potente, sorprendente e insólito y con un buen equipo artístico al final logras crear vida en el escenario.

–¿En qué faceta está más cómoda: actriz o directora?

–Me retroalimento de mis compañeros actores. Los veo trabajar y siento admiración. Me alimenta como actriz, pero también me permite entender las labores de dirección. Al final, la vida es como una partida de ajedrez en la que, como “Gambito de dama”, a veces, también la veo en el techo. Unas veces eres reina; otras, caballo, pero siempre puedes ser tú el jaque mate y ganar la partida, seas quien seas, que al final es conseguir lo que te propones. Como alfil o como reina, lo que me importa es llegar a conseguir lo que tenga en la cabeza.

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