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Los pediatras asturianos se alían para quitarle hierro a la fiebre: no siempre es malo dejarla subir

Alrededor de 400 profesionales se forman en Asturias en un proyecto para el abordaje de las enfermedades desde la evidencia científica y desmedicalizar procesos comunes

Niños a la salida de un colegio en Avilés.

Niños a la salida de un colegio en Avilés.

Ibuprofeno con sabor a naranja o fresa. Paracetamol líquido... La fiebre asusta, y, en más de una ocasión, los pediatras deben tratar a los niños y bregar con padres con “fiebrefobia”; es decir, con un temor injustificado a la fiebre que lleva al uso indiscriminado de antitérmicos, como ya alertó allá por los ochenta el pediatra estadounidense Barton D. Schmitt, que fue quien acuñó el término. Ahora los pediatras asturianos se han aliado para desmedicalizar la fiebre: entregarán tanto en las consultas de Pediatría de Atención Primaria como de los hospitales un documento con una serie de consejos para abordar con acierto los eventos febriles.

En esta tarea se han formado cerca de 400 profesionales de Pediatría de toda la región en un curso online del Instituto Adolfo Posada. Se trata de un proyecto enmarcado en la desmedicalización y el abordaje de las enfermedades desde la evidencia científica impulsado desde la Oficina de Evaluación de Tecnología Sanitaria del Principado de Asturias en colaboración con la Asociación Asturiana de Pediatría de Atención Primaria, la SCALP  (Sociedad de Pediatría de Asturias, Cantabria y Castilla y León) y la Sociedad de Urgencias Pediátricas (SEUP). En Asturias, para la elaboración del proyecto y su implementación se ha constituido un grupo de trabajo desde la Oficina de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (OETSPA) del Principado.

Los pediatras constatan que ante el cuadro febril de un niño, siempre está justificada la precaución, pero en ningún caso la alarma exagerada. La información puede ser un remedio tan eficaz como los fármacos antitérmicos, si son los adecuados y se utilizan correctamente. “El proyecto de revisar la evidencia científica con las sociedades científicas parte del Ministerio y está en marcha ya hace años. Está dando buenos frutos”, subraya José Ignacio Pérez Candás, pediatra con consulta en el centro de Salud de Sabugo, en Avilés, y presidente también de la Asociación de Pediatría de Atención Primaria en Asturias.

Apunta, en cuanto al proyecto en sí: “Se trata de desmedicalizar la fiebre, que no es el problema sino la solución y centrarnos en tratar el malestar o dolor del niño cuando exista. La fiebre debe dejarse fluir, porque ayuda a la recuperación al estimular el sistema inmune y mejorar la fabricación de anticuerpos por ello”. Los pediatras también romperán mitos, o eso pretenden. Por ejemplo: “Está comprobado que las convulsiones con fiebre no se pueden prevenir con el uso de antitérmicos”. Estas convulsiones sólo se presentan en 4 de cada 100 casos.

Una niña en Avilés, a punto de salir a la calle.

Pérez Candás insiste en que “el nuevo paradigma es que la fiebre no es el problema, porque ayuda a la curación de las enfermedades, y hay que centrarse en el abordaje del posible malestar del pequeño y no en el control de la fiebre”. “La fiebre dice que el niño tiene una enfermedad, pero dice también que está luchando contra ella. Con la tos pasa igual. Es un mecanismo de defensa, elimina secreciones. Nosotros necesitamos tiempo en las consultas para educar y desmedicalizar procesos que nunca debieron estar medicalizados”.

Los padres que acudan a las consultas de Pediatría comenzarán a recibir formación contra la fiebrefobia en próximas consultas, previsiblemente a partir de abril. A día de hoy la hoja que se entregará a los adultos está en fase de diseño. “Este debe ser el eje de todo el proceso de renovación de la formación de la sociedad en el abordaje de la fiebre en los niños”, sentencia Pérez Candás, que lleva ya años haciendo lo que está de su mano por desmedicalizar la infancia, sobremanera la fiebre.

Y es que la fiebrefobia es una “miedo contagioso” que da lugar a consultas en ocasiones inútiles y a tratamientos con antipiréticos la mayor parte de las veces innecesarios y no exentos de efectos secundarios para los niños.

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