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El zahorí de las tuberías de Avilés: así localiza las fugas la empresa del agua

Carlos González rastrea los 260 kilómetros de la red de abastecimiento de agua del concejo en busca de incidencias

Carlos González, escucha el sonido de una acometida de agua en busca de una fuga con un geófono.

Carlos González, escucha el sonido de una acometida de agua en busca de una fuga con un geófono. Ricardo Solís

Si se pusiesen en línea recta los 260 kilómetros de tubería que abastecen de agua a los avilesinos se podría llegar hasta la provincia de Valladolid. Carlos González conoce este complejo y centenario sistema mejor que nadie. Es el “busca fugas” de Avilés, un zahorí 2.0 que utiliza los últimos avances tecnológicos y su fino oído para detectar escapes: “Cuando hay un resquicio, el agua siempre busca un camino”. Y tarde o temprano, él lo acaba encontrando.

Todo el sistema de abastecimiento avilesino está monitorizado. Así, Aguas de Avilés, la empresa mixta que se encarga del suministro y mantenimiento de la red, conoce en tiempo real los caudales de líquido que circulan por las tuberías. El trabajo de González comienza cuando cae la noche. Es entonces, especialmente entre las dos y las seis de la madrugada, cuando más concienzudamente analiza estos datos. “Es un horario en el que, por lo general, la gente está durmiendo y no suele haber demanda de agua. Por eso, si vemos que hay una zona en la que el consumo continúa de madrugada, podemos intuir que estamos ante una fuga”, explica.

Arriba, el dispositivo de lectura que revela una fuga. En el centro, un “permalog”, el dispositivo con el que el “busca fugas” acota la zona en la que está la pérdida. Sobre estas líneas, el escape hallado por González en la calle Palacio Valdés. En la miniatura, parte del equipo de González. | R. S.

Un caso real que sucedió hace sólo unos días: los caudalímetros de Aguas de Avilés reflejaban un consumo anormal de madrugada. “El sistema está sectorizado, pero no tan al detalle como para saber en qué punto exacto se encuentra la fuga”, apunta Elena Losada, directora técnica de la compañía, sobre unos datos que revelaban que la posible pérdida se encontraba en el centro de la localidad.

Toca entonces hilar más fino. Tarea para González, que “siembra” las alcantarillas del abastecimiento con “permalogs”, unos modernos dispositivos que almacenan los datos de paso de agua por las válvulas . “Uno o varios días después, al pasar con la furgoneta cerca de ellos se descargan los datos automáticamente en un dispositivo”, cuenta de una lectura que se refleja en un “fuga” o “no fuga”.

Hubo suerte. Un día después los chivatos señalan que la pérdida se encuentra en algún punto entre las calles Rivero, Palacio Valdés o Ruiz Gómez. Ahora viene lo más difícil: encontrarla.

Este último paso, el que requiere más precisión, se hace a pie. Equipado con un geófono, una especie de fonendoscopio de gran tamaño, levanta la tapa de una acometida de agua en la intersección de Palacio Valdés con Ruiz Gómez, coloca el instrumento sobre la férrea tubería y escucha a través de unos cascos. “Se oye un ligero correr de agua, pero no es de una fuga. Parece más de una vivienda”, argumenta con el aplomo que le dan sus diez años de combate contra los escapes.

El zahorí de las tuberías avilesinas

Una tras otra, continúa levantando tapas de hierro en dirección a la calle Conde del Real Agrado. A la altura del número 12, se ubica el punto exacto. Bajo la tapa de la acometida de un local comercial cerrado ya asoma el agua. Al lado, en la conducción que lleva el suministro de un edificio de viviendas se ve a simple vista la fuga. “Es pequeña, de menos de 100 mililítros de agua por segundo”, coinciden Losada y González del hilillo de agua que se escapa de una fina tubería. Aquí termina el trabajo de González, con un nuevo éxito. Pero no el de Aguas de Avilés. “Por sus características, esta fuga tendrá calificación de ‘prioridad baja’. Su reparación conllevará el corte de suministro a bastantes vecinos, por lo que se arreglará aprovechando alguna actuación que se realice por esta zona en el futuro”, detalla Losada, mientras observa el hallazgo.

En esta ocasión la pérdida se encuentra en la red que gestiona Aguas de Avilés. Si bien, no es raro que el fino oído del “busca fugas” avilesino descubra pérdidas en el interior de inmuebles. “En esos casos se notifica la avería a la comunidad y se les asesora sobre qué deberían hacer para subsanarlo”, explica Losada.

Desde la empresa califican de “fundamental” la labor del “busca fugas”. “Previene deterioros en la red de abastecimiento, evita daños a terceros y ayuda a que podamos ahorrar agua, ofreciendo así un servicio más eficiente”, enumera Losada, que ensalza la profesionalidad de González.

Este técnico es uno de los pocos profesionales en esta especialidad del Principado. La labor realizada en la calle Palacio Valdés durante el paseo nocturno que acompañó LA NUEVA ESPAÑA es uno de los trabajos que González puede calificar de sencillos. Pero no siempre es así. “Hay algunas fugas que son prácticamente imposibles de encontrar. Sé de compañeros en otras regiones que han pasado años y hasta décadas buscando agujeros que nunca llegaron a localizar”, asegura .

Una de las fugas más complicadas que recuerdan en Avilés se encontraba en el PEPA. “Tardó años en hallarse, porque la zona es un auténtico laberinto de tuberías”, afirma quien conoce como nadie el subsuelo avilesino. Hace poco, González se quitó una espinita al encontrar una que se le había resistido durante mucho tiempo. “La teníamos localizada por el entorno de la calle del Nogal, en Bustiello, una zona especialmente complicada para estas labores. Finalmente, y tras mucho buscar, dimos con ella: estaba en el interior del cuartel de la Guardia Civil. Por eso no la encontrábamos”, resopla aún con alivio este zahorí al que no hay fuga que se le escape.

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