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Un corverano fallece aplastado durante el enganche de un vagón torpedo en Arcelor

Juan Carlos Ortiz Cabello, residente en Las Vegas, casado y con un hijo, acumulaba una década de experiencia como maquinista ferroviario

Un vagón torpedo, abierto por el centro para su reparacion, estacionado en las inmediaciones de la acería de Tabaza.

Un vagón torpedo, abierto por el centro para su reparacion, estacionado en las inmediaciones de la acería de Tabaza.

El corverano Juan Carlos Ortiz Cabello, de 48 años, perdió ayer la vida sobre las 17.00 horas durante una maniobra ferroviaria rutinaria en su puesto de trabajo de ArcelorMittal. El trabajador, con una década de experiencia en el departamento de Transportes, donde desempeñaba funciones de maquinista, procedía a enganchar un vagón vacío tipo torpedo (las unidades de forma oval que se usan para el transporte de arrabio desde los hornos altos de Gijón a la acería de Tabaza) cuando, por causas que se investigan, quedó atrapado entre la máquina y el vagón. La muerte fue prácticamente instantánea por la violencia del aplastamiento: la locomotora supera las 70 toneladas y el vagón vacío, ronda las 15. Ni los primeros trabajadores que se dieron cuenta de la desgracia ni los sanitarios desplazados al lugar pudieron hacer nada por salvar la vida del accidentado.

Juan Carlos Ortiz Cabello, residente en Las Vegas, casado y con un hijo adolescente, había entrado en la plantilla de ArcelorMittal en 2004. En sus primeros años en la siderúrgica, donde también trabaja su hermano David, desempeñó tareas ajenas a la división de Transportes, de la que pasó a formar parte hace una década. Una vez completada la formación como maquinista, el cometido habitual del difunto, cuya base de trabajo estaba en Veriña (Gijón), era llevar torpedos cargados de hierro líquido hasta la acería LD-III.

No obstante, a veces, como ocurrió ayer, entre viaje y viaje y mientras esperaba torpedos vacíos para llevarlos de nuevo a los hornos altos para su llenado, el maquinista recibía órdenes de ir hasta la nave de torpedos (ubicada cerca de la antigua acería LD-II) para realizar maniobras con vagones vacíos. Según el testimonio de un compañero de tajo, Ortiz Cabello había sido requerido para sacar un torpedo de una vía en reparación y llevarlo a otra diferente.

La maniobra que costó la vida a Juan Carlos Ortiz Cabello consiste en aproximar la máquina al vagón y asegurar el enganche. En tiempos, era una operación que realizaba el enganchador (un puesto de trabajo especializado), pero desde hace años esa misión se delegó en los propios maquinistas, lo que obliga a estos profesionales a bajar de la máquina y manejarla de forma remota con ayuda de un “joystick”. Fue en ese momento en que la máquina se acerca al vagón cuando por error humano, mal cálculo de las distancias, fatalidad o despiste se produjo el aplastamiento mortal. ArcelorMittal abrió ayer mismo una investigación que debe esclarecer lo ocurrido.

Según testimonios recogidos entre compañeros de trabajo del fallecido, “todo el mundo lo llamaba por el apellido, Ortiz, y era muy majo”. En la plantilla siderúrgica recibieron la triste noticia con incredulidad, incluso algún empleado admitió haberse quedado “paralizado” porque “es complicado de asumir una muerte así, dado que son maniobras que realizamos a diario veinte veces; sabemos que el riesgo siempre está ahí, pero acumulábamos años sin accidentes mortales”.

Al hilo del trágico accidente laboral, Gerardo Argüelles, secretario de Salud Laboral de CC OO de Asturias, trasladó el pésame de la organización e hizo hincapié en que “cinco trabajadores han muerto en Asturias en lo que llevamos de año, un auténtico drama. Es necesaria una verdadera política de Estado para acabar con la siniestralidad laboral”. Jenaro Martínez Paramio, secretario general de UGT FICA Asturias –sindicato del era afiliado Ortiz Cabello– expresó la condolencia de su organización por la muerte del trabajador, exigió que se esclarezcan los hechos e instó a que se refuercen las medidas preventivas para garantizar la seguridad y la salud de los trabajadores ante el “inaceptable aumento de la siniestralidad laboral”.

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