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Más vermú que comida popular

El ambiente de las terrazas atrajo a los fieles al Bollo: “Es diferente a cómo era, estamos separados pero en la calle”

La comida en la calle de Avilés I. García

Más vermú que Comida en la calle. Así fue el lunes de Pascua en Avilés. El “tomamos algo y luego vamos para casa” fue la tónica general de una jornada en la que sí hubo avilesinos que se animaron a comer empanadas, tortillas y demás alimentos del kit básico de la popular fiesta avilesina, pero fueron pocos y lo hicieron en terrazas. Algunos de ellos, previamente, habían reservado sitio, incluso hasta pagando por ello al local más próximo. “Nos dieron la opción de reservar mesa, consumimos la bebida del local y nos dejan traer la comida”, explicaron Pelayo Lera, Natalia Marentes, Claudia Naves y Ángela Menéndez, a punto de degustar una pizza, tortilla y también bocadillos en la terraza de uno de los locales hosteleros de Galiana.

Los avilesinos que se animaron a sacar la pota, salieron porque no querían pasar otro año sin vivir la popular fiesta, más aún teniendo en cuenta que la de 2020 coincidió con el confinamiento domiciliario. Lo que más abundaba, sin embargo, era el ambiente de las terrazas. Algunos llegaron incluso a ironizar que el aperitivo que ofrecían algunos bares con la consumición era lo más parecido del día a la Comida en la calle, que clausura las fiestas del Bollo cada año. “Nos apetecía quedar para comer, el año pasado tuvimos que quedarnos en casa y comimos en el balcón, todo es muy diferente a como era, estamos separados pero estamos en la calle”, manifestaron David García, Dorian Millet y Enrique Sancio, a punto de hincarle el diente a la comida y separados de sus amigas Helena De Sivatte, Paula Gómez y Angélica Garrote, sentadas en una mesa situada a unos dos metros de distancia. “Vale más pasar el día así, juntos aunque sea en mesas separadas”, señalaron las chicas. “Algo es algo, ahora comeremos y luego tomamos algo por la tarde”, añadieron García, Millet y Sancio.

Ambiente en la calle Galiana R. Solis

El sol presente durante buena parte de la jornada animó a los avilesinos a pisar la calle, pero con la intención de disfrutar de un vermú o una cerveza, nada más. Las terrazas estaban llenas y en algunas conversaciones surgía lo inevitable: hablar del Lunes del Bollo y de su popular Comida en la calle, de los recuerdos de otros años en los que Avilés estaba lleno no solo de personas sino también de risas y camaradería y de abrazos. La pandemia arrancó todo de raíz y las restricciones sanitarias impidieron organizar fiestas como la del Lunes del Bollo, precisamente, por ser una celebración con aglomeraciones en la que solían participar más de diez mil personas. Teniendo en cuenta esta situación, en El Parche no olía a la popular fabada pantagruélica ni en las plazas sonaba la algarabía típica de esta fiesta. Tampoco sonaron las orquestas de pequeño formato que solían ambientar las plazas más céntricas del casco antiguo. “Con este día cualquiera queda en casa”, comentaba un matrimonio a otro a la entrada del parque Ferrera. Teniendo en cuenta la pandemia, el mercado de los lunes de la plaza Hermanos Orbón se mantuvo fiel a su cita e impidió las reuniones de personas en otro de los centros neurálgicos de la villa durante la Comida en la calle.

Ambiente en la calle La Cámara con el mercado de los lunes. Ricardo Solís

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La presencia de la Policía Local para evitar las aglomeraciones fue constante durante buena parte de la mañana en las principales calles del casco histórico de la villa. Agentes en moto, en coche y a pie patrullaron la ciudad. Las entradas al parque Ferrera, uno de los focos principales de la fiesta, estaban custodiadas por una pareja de agentes que controlaban el acceso al “pulmón verde” de la ciudad y vigilaban que, sobre todo, los jóvenes no entraran con bebidas. Hubo quien pasó para comer y echar una partida de cartas como las menores Elisa Zhou, Almudena Morán, Candela González e Inés Blanco, que degustaron una tortilla elaborada por ellas mismas. “Otro años solemos ir al Carbayedo y no venimos al parque porque está demasiado lleno”, afirman las jóvenes.

En Rivero hubo también algún que otro animado que salió a comer la calle, eso sí, en una terraza, nada que ver con los largueros llenos de comida que recorrían el casco antiguo, desde la avenida Cervantes, a La Ferrería, La Fruta, El Sol, San Francisco, Galiana, el entorno del parque del Carbayedo y el barrio de Sabugo, por citar algunos de los enclaves con más presencia de comensales el lunes del Bollo. Los locales tuvieron su clientela, algo más que lo habitual al ser festivo en la ciudad, pero “hay que cerrar a las ocho, así que...”, se lamentaba un hostelero, consciente de que la Comida en la calle “es un día de los de hacer bastante caja, eso sí, en condiciones normales”.

La hora del vermú es imperdonable para muchos avilesinos y más aún si es festivo. Así muchas de las terrazas de los locales estaban casi completas y era difícil encontrar una mesa. En el entorno del parque del Carbayedo estaban casi todas las mesas ocupadas, y lo mismo ocurría en El Parche y en Sabugo. Había pocas mesas en las que la clientela optar por sacar sus empanadas y tortillas. 

Ambiente en la calle Galiana R. Solís

En una terraza de un local del Carbayedo estaban Sonia Valdés, Joana Puyols, Alejandro Rodríguez y Fran Balcino dispuestos a degustar varias empanadas y una tortilla. Algunos clientes de otras mesas les miraban con cara sorprendida y otros dejaron claro que “era algo normal” pues Avilés celebraba la Comida en la calle, una celebración que muchos avilesinos marcan en rojo en el calendario “porque es una fiesta de principio a fin y una oportunidad para ver a amigos que hace tiempo que no ves porque viven fuera y siempre vuelven”, como comentó Manuel Fernández, uno de los avilesinos que hace años vivía en Madrid y “siempre que podía” no dudaba en regresar a Avilés por unos días, “hacer una tortillina” para degustarla en la calle con sus colegas. 

Otros aficionados a esta popular fiesta decidieron salir simplemente a “tomar algo” porque “la situación no está para fiestas”. Eso sí, algunos desvelaron que en su casa, había “comida popular, es decir, tortilla, ensaladilla rusa y empanada, más o menos como el año pasado” cuando la fiesta coincidió con el confinamiento domiciliario de 2020 por la pandemia.  

“La calle estará más limpia este año”, apuntaba Jorge Martínez, que ni siquiera se animó a acercarse al casco antiguo y prefirió quedarse a tomar el vermú en El Arbolón, su barrio. “Me da pena que no haya Comida en la calle, pero es que con esta situación... salir a comer a una terraza porque sí, no es lo mismo, volveré a participar pero cuando se pueda, esperemos que sea para el próximo año”, añadió. 

Con algo de resignación pero con conciencia de la gravedad de la pandemia, los avilesinos salieron a la calle un Lunes de Pascua con su mascarilla, con menos alegría que en otras ocasiones y decidieron conquistar las terrazas de los locales, algunos, sobre todo los más jóvenes, decidieron no perder la tradición y reservaron mesa para reunirse el año en el que el vermú ganó con creces a la popular Comida en la calle.  

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