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Jorge Martí, de "La Habitación Roja": "La música es el remanso de los creadores, una especie de analgésico para tiempos de zozobra"

"Creo que la pandemia nos dejó en estado de 'shock', sin poder desarrollar nuestro trabajo, pero echamos mano de las redes", dice el cantante

Foto de promoción de "La Habitación Roja"; Jorge Martí, el tercero por la izquierda.

Foto de promoción de "La Habitación Roja"; Jorge Martí, el tercero por la izquierda.

Jorge Martí (Ribarroja del Turia, Valencia, 1972) es el cantante de “La Habitación Roja”, una banda del circuito “indie” que el año pasado, el de la pandemia, cumplió su vigésimo quinto aniversario en la carretera. “El 25+1 lo celebraremos en el teatro Palacio Valdés, en Avilés”, confirma. La cita, el sábado día 17 a las 19.30 horas. Conversa por teléfono con LA NUEVA ESPAÑA.

–Vienen a presentar “1986”.

–Entre otras cosas. Tal cual están las cosas ahora en el mundo, los planes los hacemos sobre la marcha. El concierto de Avilés tenía que haber sido este otoño, pero nos pilló no sé qué ola del virus. Íbamos a hacer nuestro vigésimo quinto aniversario, pero no pudo ser: Avilés estaba confinada, no había seguridad. Finalmente, el concierto aniversario lo tuvimos que cerrar en Valencia. Dos días seguidos, pero con el 50 por ciento de aforo y todo eso. Fue en el teatro Principal. Nos dimos cuenta de que eran un sitio ideal para nuestra producción: todos sentados, con la gente tranquila...

–Ese era el concierto de la memoria, pero tienen material nuevo.

–Hemos ido sacando canciones: una de ellas es esa de “1986”. Las hicimos durante el confinamiento. Las hemos ido presentando poco a poco, en las redes. El disco lo sacaremos más adelante: estarán esas canciones y alguna más que no hemos presentado.

–Parece que vuelven los singles, los que compraba mi padre cuando no tenía pasta para el LP entero.

–Pero en Spotify, en Youtube. Creo que la pandemia nos dejó a los músicos en estado de “shock”, sin poder desarrollar nuestro trabajo, pero echamos mano de las redes.

–¿Y entonces?

–El concierto de Avilés será un híbrido: de los que hicimos para el aniversario, pero con las canciones nuevas. Un recorrido cronólogico. Y, entre medias, alguna sorpresa que no le voy a decir, porque si no, le diría todo.

El concierto de Avilés será un híbrido: de los que hicimos para el aniversario, pero con las canciones nuevas: un recorrido cronólogico

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–El otro día publicó en “Levante” un artículo muy elocuente: “Un año de mierda, eso es así”.

–Sí, sí.

–Dice que todos estos incendios no van durar siempre.

–Es lo que creo. Hablo sobre la vida, la muerte; la salud, la enfermedad. Sobre los sueños rotos. Lo único irreversible es la muerte, pero antes de llegar a ello tenemos la esperanza, aunque sea una zanahoria que no alcancemos nunca. No voy a ceder al desencanto. Hay que asomarse y ver el horizonte que un poco de verdor. Es cierto que las miserias son relativas, que las peores a las tuyas, pero tus miserias son tus mierdas...

–Es que tenemos que salvarnos.

–Claro. Es un mecanismo de defensa. Quien se carga sobre sí todos los males del mundo se convierte en un infeliz. En el cerebro existe un mecanismo para recordar según qué cosas. No sé si la vida es un valle de lágrimas, pero se le parece. Por eso está bien tener una perspectiva positiva del mundo.

–¿Qué hace la música con esto?

–La música es el remanso de los creadores, una especie de analgésico para tiempos de zozobra. Para el creador y para el que la escucha. En estos momentos vas a un concierto con la sensación de hacer un viaje.

–Tuvo que volver a trabajar como enfermero.

–Sí. Mi mujer tiene el síndrome de fatiga crónica y estaba con un tratamiento que no funcionó y, encima, era carísimo. En Noruega, que es donde vivimos, todo es caro. Mi mujer no trabajaba así que nos planteamos que volviera a trabajar. Estuve cuatro años de guardias, de turnos. Fue una experiencia intensa que me dejó huella. Estuve en una residencia con enfermos alzhéimer y, luego, en un hospital con crónicos, en rehabilitación. Paré de trabajar cuando me puse enfermo yo mismo, cuando me dio una embolia pulmonar. Todo esto es lo que sale en el documental que hicimos después.

–Habrá sido un año de mucho Whatsapp.

–Fue un año caótico. Ha sido como volver atrás en el tiempo: a enseñar el pasaporte en las aduanas… Ahora es el papel de la PCR negativa, el QR. Todo se ha complicado mucho. “La Habitación Roja” ha sido siempre un grupo deslocalizado: cada uno de nosotros ha vivido realidades distintas, pero uno intenta sacarle de las vicisitudes de la vida algo positivo.

Fue un año caótico, ha sido como volver atrás en el tiempo: a enseñar el pasaporte en las aduanas…

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–No lo hemos dicho, pero usted vive en Noruega.

–Vivo cerca de la naturaleza, casi metido en medio del bosque. Molde es un pueblo de unos 20.000 habitantes que está entre fiordos y no hay carretera.

–Lo que sí que hay es un equipo de fútbol bueno.

–Cuando estaba de Erasmus conocí a Ole Gunnar Solskjaer, que ahora es entrenador del Manchester United, antes, incluso de ir a jugar al equipo. Entonces hacía prácticas de Enfermería. Me hablaron de Glaría, que había jugado en el Rayo Vallecano. Tuve relación con el equipo. Glaría habló con el entrenador de entonces para que pudiera viajar con ellos. No tenía dinero y quería ver a mi novia. Jugó en la Champions con el Madrid. Ahora lo ha eliminado el Granada. Hay un empresario de la pesca que siempre ayudó mucho al equipo. El Molde es algo parecido al Villarreal: un equipo de fútbol como un embajador.

–¿Los años noventa fueron los buenos?

–Tuvieron muchos avances: nos profesionalizamos como músicos, vivimos la transición de lo analógico a lo digital. Pero también grandes pegas: Amazon, el comercio gigantesco que acaba coin el de cercanía… La vida es una curva helicoidal, como una hebra de ADN: repites cosas, pero con cambios.

–“Ayer” o “Indestructibles” son temas irrenunciables. ¿No?

–Son de nuestro octavo disco. No son tan viejas. Bueno, son de 2012: empiezan a serlo. Ahora suenan en “Élite”, en la serie de Netflix. Han tenido millones de reproducciones en Spotify. Hubo un tiempo en que muchos no podían decir qué canciones conocían nuestras. A veces das en la diana. Pero luego de ellas hemos seguido haciendo canciones: el presente del grupo es mayor que el pasado.

–¿Qué le parecen las emisoras que sólo emiten de los ochenta hasta ahora?

–Nosotros teníamos el hándicap de no ser un grupo muy de radiofórmula quitando Radio 3 y alguna emisora independiente. A los grupos pop de los ochenta eso no les pasaba. Pertenecíamos al circuito independiente. Hoy en día no sé si escucha la radio de manera distinta a como la hacía yo antes: grabándote la cinta y tal. Echo de menos al DJ con criterio, que ponía lo que le gustaba. Siempre he entendido a los DJ como artistas, como creadores de tendencia. Me da que las grandes corporaciones nunca pierden ninguna parte del pastel, pero, mire, un grupo como el nuestro, del circuito independiente, sin medios grandes ha logrado sobrevivir como independiente. Dicen que somos un grupo currante, pero creo que nos salvó el talento: las canciones buenas y el buen directo durante años, más allá del trabajo. Cuando estaba con los enfermos de alzhéimer sabía que aquello era un trabajo y cuando tenía un día de descanso, pues de puta madre. Con la música no he tenido la sensación de ir al trabajo.

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