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Azsa explota un metal multiusos y de éxito mundial que va de la farmacia a los azulejos

Las fábricas de Castrillón exprimen hasta la última posibilidad de negocio de su materia prima, utilizada en protectores solares o baterías de coches

Instalaciones de Azsa  tras las dunas de San Juan de Nieva.

Instalaciones de Azsa tras las dunas de San Juan de Nieva. Mara Villamuza

Casi casi se extrae de la blenda (sulfuro de cinc) toda la tabla de elementos. Esto lo dicen los que se dedican a fundir cinc en las dos fábricas que Asturiana de Zinc (Azsa) posee en el concejo de Castrillón desde hace décadas: en San Juan de Nieva y en Arnao. En la primera, se funde el mineral que llena los “almacenones” de los muelles de Avilés desde 2017. En la otra, en la centenaria, lo que se hace es óxido de cinc, un producto que se fabrica aprovechando hasta el final el proceso de fundición y que tiene salidas comerciales tan dispares como el de los azulejos, los fertilizantes o la farmacia. Y es que el cinc es “uno de los oligoelementos vitales: todo el mundo necesita de 10 a 15 miligramos de cinc al día para mantenerse sano”, señalan los expertos. Es decir, el porvenir de este metal es mucho más ancho que el que otorgan únicamente los usos metalúrgicos (la galvanización o recubrimiento de acero). El futuro del cinc metal es gigantesco: la fundidora de Castrillón es la tercera del mundo, la primera de Europa, el corazón palpitante de la multinacional anglosuiza Glencore, que se alimenta de todas las materias primas posibles.

La empresa Asturiana de Zinc (Azsa) reconoce en las cuentas de 2019 –las últimas disponibles– que produjo 9.498 toneladas de óxido de cinc en Arnao, treinta y cinco más que en el ejercicio anterior. De ellas, 1.412 fueron de óxido de cinc farmacéutico “conforme a las especificaciones de las farmacopea europea y se produce cumpliendo los principios de las normas de correcta fabricación de sustancias activas de uso farmacéutico humano y veterinario”. El óxido de cinc es, en sí, el aprovechamiento de los residuos de la fundición de cinc metal. Y estos residuos tienen venta. Y mucha venta.

La capacidad de adaptación del metal al presente –donde impera la economía circular– ha estado siempre en la agenda de las sucesivas direcciones industriales que han tenido las instalaciones fabriles castrillonenses. De hecho, hace tiempo que la compañía atiende peticiones de clientes del sector del automóvil (baterías para coches eléctricos, pero también neumáticos). “De la blenda se rebaña todo”, insisten. Y eso convierte a la compañía en lo que en realidad es: el motor de la economía en la comarca. Actualmente, está desarrollando la ampliación de los cien millones de euros.

“Alrededor del 10 por ciento de la producción mundial de cinc se utiliza para la producción de compuestos de cinc, como el óxido de cinc. Se utiliza principalmente en la fabricación de caucho y en la medicina. Pero también forma parte del cuidado corporal en pomadas y cremas, cosméticos y champús. En cremas de protección solar protege de las radiaciones del sol”, señala el “lobby” mundial del cinc en un informe.

Todo esto es algo de sobra conocido en Asturiana de Zinc de tal modo que, cuando heredó de la Real Compañía Asturiana de Minas (RCAM) sus instalaciones de Arnao decidió dedicarlas al óxido de cinc, negocio que la empresa histórica había dejado de lado. Las casi diez mil toneladas actuales absorben la demanda del mercado. Los efectos secundarios de fundir mineral benefician ampliamente a la cartera de negocios de una compañía imprescindible para el desarrollo de la región.

Todo es posible gracias a que la blenda no sólo tiene cinc. Tiene cobre, plomo, plata, oro, hierro, cobalto... Tuvo también germanio, que se procesaba en San Juan de Nieva y se vendía como si fuera oro para la fabricación de elementos electrónicos de armas de largo alcance (ahora esto pasó a la historia). Y todo esto toma forma de concentrados específicos que se lanzan al mercado. La plata, por ejemplo, se ha convertido en un valor refugio para los sistemas monetarios internacionales.

La empresa reconoce en el último balance contable –el de 2019– que “no posee la propiedad de los concentrados de cinc, cinc metal y otros subproductos, ya que es la matriz del grupo, Glencore International, la que se encarga de gestionar de modo centralizado el aprovechamiento de los concentrados de cinc para ponerlos a disposición de Asturiana de Zinc, que se encarga de su transformación en cinc metal”. Añade a esto la circunstancia de que “tampoco posee la propiedad del producto terminado, ya que únicamente adquiere a Glencore International las toneladas necesarias para abastecer la demanda en el mercado nacional”.

Todos estos desarrollos, aseguran los responsables de Azsa, se han realizado en parámetros acuerdos a la transición ecológica: han descendido un 40 por ciento las emisiones de partículas correspondientes “a los focos de fusión de cinc y fabricación de polvo de cinc”.

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