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El “kilómetro 0” de la fotografía avilesina

Nardo Villaboy rescata de su archivo imágenes captadas a finales del siglo XIX por el marqués de Ferrera, consideradas las más antiguas que se conocen de la Villa

Un grupo de peatones en El Parche, entonces (finales del siglo XIX) con pavimento de empedrado; al fondo, el inicio de la calle La Ferrería. | Archivo de Nardo Villaboy

Un grupo de peatones en El Parche, entonces (finales del siglo XIX) con pavimento de empedrado; al fondo, el inicio de la calle La Ferrería. | Archivo de Nardo Villaboy

La plaza del Ayuntamiento –popularmente llamada El Parche–, “kilómetro cero” de Avilés, fue hace más de un siglo el escenario urbano que inspiró al marqués de Ferrera para hacer una veintena de fotografías, un lujo fuera del alcance de cualquier otro avilesino de la época dado el prohibitivo precio que tenía entonces una cámara de fotos. Esas fotos del Parche –o mejor dicho, una copia de sus negativos originales en placa de vidrio– las conserva y acaba de desempolvar de su archivo el fotógrafo Nardo Villaboy, poseedor de la mayor colección de fotos históricas del concejo, varios cientos de ellas difundidas en sendas ediciones del álbum “Avilés en el pasado”.

A la izquierda, un día de mercado en El Parche; a la derecha, un carruaje de caballos circula por El Parche en dirección a la actual calle Ruiz Gómez. | Archivo de Nardo Villaboy

A la izquierda, un día de mercado en El Parche; a la derecha, un carruaje de caballos circula por El Parche en dirección a la actual calle Ruiz Gómez. | Archivo de Nardo Villaboy Francisco L. JIMÉNEZ

Las placas de vidrio originales que guardan los negativos de las fotos que abren una ventana al Avilés decimonónico fueron halladas por Villaboy en la década de los años ochenta del pasado siglo en el palacio de Ferrera, cuando por encargo de Francisco Sitges documentó fotográficamente el interior del edificio, que con el tiempo se vendió en 1998 a la cadena hotelera NH, que lo reformó y convirtió en un hotel de cinco estrellas. “Pedí permiso a Francisco Sitges para escanear los negativos, consciente de su valor histórico, y se los devolví. A partir de ahí, desconozco qué fue de las placas”, explica el fotógrafo.

Villaboy, buen conocedor de la historia de la fotografía local, sostiene que las fotos del marqués “son las más antiguas hechas en Avilés que se conocen”. Por el tipo de material usado (placa de vidrio con emulsión seca) y las escenas retratadas, la datación de las fotos remite al último cuarto del siglo XIX. En ese tiempo ostentaron el título de marqués de Ferrera dos personas: Álvaro de Santa Cruz y Navia Osorio (entre 1883 y 1891) y su hermano, Antonio de Santa Cruz y Navia Osorio (entre 1892 y 1897), fallecido cuando solo contaba 16 años. Dado que el VIII marqués (Antonio) apenas era un adolescente cuando accedió al título, parece probable que fuera su antecesor (Álvaro) el que tuviera inquietudes fotográficas.

El “kilómetro 0” de la fotografía avilesina

El “kilómetro 0” de la fotografía avilesina Francisco L. JIMÉNEZ

El primer procedimiento fotográfico conocido fue inventado por Nicéphore Niépce hacia 1824. Las imágenes eran obtenidas con betún de Judea extendido sobre una placa de plata y previa exposición de varios días. Durante el siglo XIX se fue mejorando esa rudimentaria técnica y en 1847 se fabricaron las primeras placas de vidrio preparadas con emulsión fotosensible, las mismas usadas para tomar las fotos del Parche.

Villaboy sospecha que para el revelado de las placas de vidrio usadas en la toma de imágenes en el Parche, el marqués de Ferrera debió mandarlas a París al estudio Lumière, la familia que inventó el cine y revolucionó las técnicas fotográficas en el tránsito del siglo XIX al XX: “Pudieron pasar cinco meses entre el envío y la devolución de los negativos; entonces los tiempos eran mucho más dilatados... y el coste de hacer fotos, también”.

De la veintena de fotos que conserva Villaboy, alguna tiene una calidad deficiente, otras son muy parecidas –“el autor de las tomas no era precisamente muy creativo, bromea el fotógrafo– y curiosamente en ninguna sale el palacio de Ferrera, la casa del marqués. Lo que las fotos evidencian es que, salvo el pavimento (entonces empedrado) y la vestimenta de la gente, poco o nada ha cambiado en la fisonomía arquitectónica del Parche, que sigue tal cual.

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