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Telemitin de Gil-Robles en el Palacio Valdés

La polarizada campaña electoral de 1936 en la que venció el Frente Popular sirvió como ensayo de reuniones con nuevas tecnologías

Gil-Robles, durante un discurso en la región. | M. U.

Gil-Robles, durante un discurso en la región. | M. U.

Las reuniones telemáticas no son cosa singular de la pandemia o de la desescalada. La campaña electoral de 1936, la que llevó al Frente Popular al poder republicano, fue tan polarizada como tecnológica. Por lo menos en Avilés. Sirvió para ensayar mítines de grandes próceres a distancia, nuevas tecnologías aplicadas a los actos de propaganda política, que es como llamaban los periodistas de los años treinta a los mítines que tanto se estilaban antes del estallido de los alardes de ingenio de las redes sociales.

En Avilés, por ejemplo, señores de orden se sentaron en el patio de butacas del teatro Palacio Valdés mirando a un escenario vacío, pero con las orejas abiertas. El colectivo Trókola disecciona los días en que todo iba a cambiar para siempre y así atienden las gacetillas políticas de diarios tan de aquella época como “Región”, “El Noroeste” o “La Voz de Asturias”. Un anónimo redactor del primero de estos periódicos explica el 15 de febrero de 1936 que se iba a poder escuchar las palabras enardecidas del Ministro de la Guerra del gabinete de Alejandro Lerroux, el derechista José María Gil-Robles, porque a tal fin consiguieron “hacer una instalación de altavoces” en el odeón avilesino, el que el pasado año celebró sus primeros cien años. Estos altavoces, especifica el gacetillero, los colocaron “en el patio y en las salas del mismo”. Que no todo iba a ser ver espectáculos en la bombonera.

La posibilidad de escuchar en directo y a distancia a Gil-Robles en una ciudad como Avilés (menos de 20.000 habitantes en aquel 1936) era radical: era como una estrella nacional al alcance de la mano. Sin embargo, Gil-Robles va a perder esas elecciones, aunque no en Avilés (la diferencia entre la izquierda y la derecha, señalan desde el colectivo “La Trókola”, fue de unos pocos votos a favor de esta). Gil Robles se va a convertir entonces –en los pocos meses que restan al golpe de Estado de los militares que devino en guerra civil– en jefe de la oposición y, después, en sublevado y, seguidamente, en monárquico opositor al dictador. Todo ello, sin caer de ningún caballo.

Señala el gacetillero de “Región” en su crónica que lo previsto era que la voz “fervorosa” –así dicen que era– del político llegara alta y clara desde el mismo Madrid. Gil-Robles hablaba a las ocho de la tarde de aquel 15 de febrero, pero las nuevas tecnologías permitieron que también hiciera lo propio en Avilés. Explica el gacetillero anónimo de “Región” que las puertas del Palacio Valdés se iban a abrir una hora antes, es decir, a las siete; como si fuera el cantante Camilo este próximo septiembre en el pabellón de La Magdalena. “Se ruega a todos los que asistan, sigan las instrucciones que se les den dentro del teatro para su acomodo en el mismo”. Como ahora mismito, en plena pandemia.

El Palacio Valdés, que por entonces llevaba abierto sólo quince años, logró hacerse hueco en la división sideral de los teatros nacionales. No hacía falta coger la diligencia para estar al cabo de la calle de lo que se cocía en la capital, que entonces era mucho.

El diario “Región” recoge los preparativos de aquel mitin tecnológico. Cosa de la agrupación local de Acción Popular, la casa madre del entonces Ministro de la Guerra. Había que escuchar al líder. “El Palacio Valdés comenzaba a ser el lugar para que los actores de la política mostraran sus habilidades ‘escénicas’”, señala Juan Carlos de la Madrid en su reciente historia del teatro avilesino. En este sentido cabe reseñar una gacetilla de “La Voz de Asturias”, aquel 1 de febrero de 1936, en el que reseña otro mitin de la Unión de las Derechas de Asturias. Cantaban Luis Caso de los Cobos Alas-Pumariño (Infiesto, 1896-Avilés, 1967) y José María Fernández Ladreda (Oviedo, 1885- Bobes, Siero, 1954).

El primero llegó a nombrar un barcazo de mercancías y el segundo, fue Ministro de Obras Públicas de Franco. Dice el gacetillero que participaron de la fiesta “numerosísimas personas”, tantas que “no tuvieron cabida en la amplia sala de nuestro primer coliseo, conformándose con oír los discursos por un sistema de altavoces dispuestos en los foyeres y pasillos”. Además, completa “Región”, también se escuchó en el pabellón Divad, de Piedras Blancas, y el teatro Iris, el que estaba en frente de la iglesia de Sabugo. Allí también se colocaron los altavoces. Desde allí también se pudo escuchar los mítines del comienzo de la globalización mundial.

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