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Roy Harvey, inmune a la morriña

El “buen recuerdo” que dice guardar el CEO de Alcoa de Asturias, donde trabajó, no fue cortapisa para cortar por lo sano con la fábrica de Avilés

Roy Harvey

Roy Harvey

Una de las muchas frases memorables de la trilogía “El Padrino” de Francis Ford Coppola la dice Michael Corleone (Al Pacino): “No es nada personal, son sólo negocios”. O sea, “no mezclemos las emociones con la maximización de beneficios”. Que es en lo que anda empeñado Roy Harvey, el CEO de Alcoa desde 2016 y presidente, además, de la multinacional del aluminio desde 2017. Este primer trimestre de 2021, Harvey puso decir a sus accionistas lo que más les gusta oír: que los beneficios de la empresa crecieron hasta 146 millones de euros entre enero y marzo, lo que representa un incremento del 119% respecto del resultado de 67 millones contabilizado en el mismo período de 2020.

Esas ganancias se fundamentan, además de en una espectacular escalada del precio del aluminio y en la implantación de rentables medidas organizativas, en la suelta de lastre: el cierre o venta de fábricas “poco rentables”, como las de Avilés y La Coruña. En el caso de la avilesina, para la que primero se anunció cierre y luego una venta que apunta a fallida, es factible pensar que Harvey debió de tener su ‘come-come’ en el momento de dar la orden de plegarla pues durante una etapa de su meteórica carrera fue empleado de la misma.

Ocurrió en 2008, año en que este diario dio la noticia de que el por aquel entonces presidente de Alcoa para Europa, Marcos Ramos, había decidido hacer cambios en las estructuras directivas. En Avilés se anunció la llegada de Harvey, “un directivo procedente de San Ciprián (Lugo), que fue jefe de aquel complejo” y que pasaría a encargarse de un departamento nuevo, el de asuntos financieros. Rubén Bartolomé, entonces presidente de la factoría avilesina, fue trasladado a Lugo para cubrir, precisamente, el hueco de Harvey. Ascendido luego a presidente de Alcoa España, Bartolomé dejó la empresa en 2019, pasando a ocupar su puesto Álvaro Dorado, cuya principal misión desde entonces ha sido llevar a término la orden llegada de Pittsburgh (donde está la sede de la multinacional): aligerar la estructura fabril de Alcoa en España. En San Balandrán son decenas los empleados que aún hoy recuerdan a Roy Harvey, un treintañero afable que mostraba predisposición por aprender y satisfacer su innata curiosidad por todas las cosas. Según refirió a personas con las que compartió trabajo, Harvey se llevó una positiva impresión de la calidad de vida de Asturias. A cambio, dejó un curioso legado: la voz del mensaje en inglés grabado en la centralita que da la bienvenida a las personas que llaman por teléfono. “Se le pidió que lo grabase él dado que hablaba un perfecto inglés americano”, comenta un trabajador conocedor de esa anécdota. En realidad, Harvey habla su idioma nata y siete más, entre ellos el español.

Pero, como decía Michael Corleone: “Nada personal, esto son negocios”. Llegado el momento, en la cima de la empresa y con un sueldo de 10 millones de dólares al año, Harvey tiene más estímulos para pensar en la cuenta de resultados que para dejarse influenciar por la morriña de su paso por Asturias.

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