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El muelle de Valliniello se queda pequeño a los 10 años de entrar en servicio

Una media de cien profesionales trabaja a diario en la dársena de Las Canteras, consolidada como la puerta al mundo de las empresas que exportan piezas metálicas, acero y abono

Un día en el muelle de Valliniello (Avilés) Mara Villamuza

Concebido en un principio como muelle granelero, el de Valliniello es hoy un referente en el sistema portuario asturiano por la singularidad de las piezas metálicas, muchas de ellas colosales, que se embarcan rumbo a puertos de todo el mundo. Diez años cumplen en este 2021 los muelles de la margen derecha, cuya construcción se abordó en dos fases y costó 31,7 millones de euros (14,8 vía subvención de los fondos de cohesión de la Unión Europea). Sus casi 155.000 metros cuadrados de superficie se quedan ya pequeños para atender la demanda de suelo de las empresas que exportan por él sus piezas y la Autoridad Portuaria de Avilés se marca como reto a corto plazo conseguir más suelo logístico para ampliar este espacio. El muelle de Valliniello celebra su primera década a tope de actividad y mira al horizonte con optimismo.

LA NUEVA ESPAÑA ha compartido con la familia portuaria (estibadores, consignatarias, transportistas, policías, clientes...) una jornada de trabajo en los muelles de la margen derecha. En torno a cien personas estaban trabajando en Valliniello el pasado miércoles, una cifra que se llega a duplicar cuando se producen picos de actividad. “Hoy no es un día especial y mira el movimiento que hay. En estos muelles se empezó cargando coque siderúrgico de Arcelor. Ante las necesidades de las empresas, especialmente del Grupo Daniel Alonso, los tráficos viraron hacia la mercancía general: torres eólicas, piezas especiales, productos siderúrgicos y, en los últimos tiempos, abonos de Fertiberia”, explica Manuel Echeverría Suárez, técnico de operaciones portuarias.

Dos piezas metálicas en el muelle de Valliniello. Mara Villamuza

En la extensa explanada portuaria de Valliniello apenas cabe un alfiler. Unos ochocientos tubos gigantes ocupan buena parte de la superficie logística. Ha llegado a haber hasta 1.287. Son los tramos de torres para parques eólicos en tierra (on shore) y en mar (off shore) que salen de los talleres de las empresas del Grupo Daniel Alonso, la mayoría de Windar. A pie de muelle trabaja con su equipo Jorge Yuguero, responsable de logística de Tadarsa, del mismo grupo empresarial. Recepcionan, acopian, preparan y expiden desde Valliniello al mundo los tramos eólicos que fabrican las plantas asturianas del grupo.

Los últimos grandes tubos metálicos embarcados pesan 205 toneladas. Para moverlos hasta el cantil se utilizan dos máquinas especiales que levantan 130 toneladas cada una. No hay muchas de estas características en el mundo. “Ahora estamos en medio del proyecto Saint Brieuc, con el envío de 182 piles (los tubos que anclan los eólicos marinos al fondo del mar), y con encargos ‘on shore’ para el norte de Europa. Todas las semanas llegan aquí unos 27 tramos que luego van saliendo por este muelle. El Puerto de Avilés colabora todo lo que puede para darnos el espacio que necesitamos. De momento, no tenemos problemas”, explica Yuguero.

Por la margen derecha salen buena parte de los productos siderúrgicos que ArcelorMittal exporta por mar desde Asturias y abonos de Fertiberia (Trasona, Corvera).

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Quienes trasladan esa mercancía de los talleres al Puerto son los transportistas de Texo. “Son piezas muy grandes, de gran volumen y peso y eso implica la disponibilidad de muchos equipos. Hoy hay aquí unas diez personas con los camiones. Nosotros trabajamos para el Grupo Daniel Alonso, traemos lo que fabrican en sus talleres de Avilés y de Gijón. Traemos unos siete tubos diarios”, relata el transportista Marino Menéndez Álvarez.

No todo lo que se embarca en Valliniello son tramos de molinos eólicos. Por la margen derecha salen buena parte de los productos siderúrgicos que ArcelorMittal exporta por mar desde Asturias y abonos de Fertiberia (Trasona, Corvera). La empresa de fertilizantes utilizaba hasta hace un par de años los muelles de San Juan. Con la mudanza a la margen derecha, se ha logrado evitar el paso de unos 9.000 camiones al año por el centro de Avilés. Algeposa es la empresa estibadora y consignataria de Arcelor y Fertiberia. Y se llevó el contrato de la empresa química precisamente con su apuesta por mover ese tráfico de abonos por la margen derecha.

Una vista general del muelle, con piezas estocadas. | Mara Villamuza

“Todos los tráficos tienen sus picos, no son constantes. El abono es un producto muy estacional. Los meses previos a las siembras hay mucho trabajo. Y Arcelor se rige por mercados internacionales. Es un tipo de tráfico constante en el tiempo, pero con picos en periodos cortos”, explica Íñigo Lasa mientras no quita ojo al embarque que se está produciendo en ese mismo momento. Se trata de una carga de nitrosulfato en el “Wilson Liverpool”, con capacidad para 3.300 toneladas, con destino a Saint Malo (Bretaña francesa). El abono se vierte directamente por medio de unas cintas transportadores de un camión al buque. Se trata de una carga sensible a la lluvia, no se puede mojar. Y con el paso de un amanecer con nubes y claros a unos chaparrones ventosos, no queda otra que detener la operación hasta que el tiempo amaine.

Daniel García, encargado del recinto, en su oficina.

No muy lejos, una pieza colosal fabricada en Idesa aguarda al embarque en el “Nunalik”. Se trata de un envío de reactores y sus componentes con destino al puerto de Duluth (Minnesotta, Estados Unidos). El embarque se inicia a las cinco de la tarde y concluye un día después, a las 18.30 horas del jueves. “Son piezas muy voluminosas, hay que tener especial cuidado”, explica Alfredo Navarrete, de la consignataria Marítima del Principado. Esta compañía participó en el récord de peso cargado en el muelle de Valliniello, que trajo además a Avilés a uno de los mayores buques de carga pesada del mundo, el “MV Frauke”. Los objetos embarcados fueron dos gigantescas piezas fabricadas por Idesa en sus instalaciones del PEPA, en concreto dos columnas de destilación de grandes dimensiones (la mayor, de 1.000 toneladas).

Un grupo de trabajadores observa un camión descargando abono en la cinta transportadora que lo meterá en la bodega de un barco. | M. Villamuza

Para que todo funcione en el muelle, el trabajo de oficina es fundamental. Las consignatarias son los ojos del armador en el Puerto, los “conseguidores” que se encargan de todos los trámites desde que un buque decide venir a Avilés hasta que deja los muelles. “Recientemente, el capitán de un barco que estaba fondeado a la espera de entrar al Puerto se encontró un pájaro en el buque y nos pidió que lo recogiera una asociación. Cuando atracó, había una protectora esperando que se llevó el ave”, pone como ejemplo Cecilia Rodríguez Antuña, de Marítima del Principado, empresa consignataria, estibadora y de aduanas.

La pandemia ha supuesto también un cambio para la organización de los estibadores, los trabajadores encargados de las descargas y cargas en los buques. “Ahora, los nombramientos se realizan a través de la web de la sociedad y por mensaje al teléfono móvil por el protocolo covid”, explica Adrián Redondo, capataz de los estibadores.

Del control de la seguridad se encargan los policías portuarios, equipo que lidera José Manuel Álvarez. Son 27, organizados por turnos que ofrecen cobertura las 24 horas, los 365 días del año. Un agente controla ahora el acceso a Valliniello, por las obras de los nuevos accesos que se están ejecutando en la margen derecha.

“Vengo de un puerto grande, el de Tarragona, pero éste pese a ser mucho más pequeño tiene una variedad de carga tremendo, aquí hay cosas que no había visto nunca”

Cristina García Martínez - Piloto de la marina mercante y capataz de operaciones de Alvargonzález

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Una de las últimas incorporaciones a la familia portuaria avilesina es la gallega Cristina García Martínez, piloto de la marina mercante y capataz de operaciones de Alvargonzález. Junto a unas piezas fabricadas en Asturfeito almacenadas en Valliniello a la espera de ser embarcadas, sostiene: “Pese a lo pequeño que es, este puerto ofrece muchas posibilidades, el sector industrial aquí es muy potente. Vengo de un puerto grande, el de Tarragona, pero éste pese a ser mucho más pequeño tiene una variedad de carga tremendo, aquí hay cosas que no había visto nunca”.

Valliniello bulle en su décimo aniversario y quienes trabajan en este muelle lo hacen como si fueran miembros de una orquesta, para que nada desafine en una actividad imprevisible como es la portuaria. “El trato que tiene siempre la Autoridad Portuaria de Avilés cuando necesitas coordinar cualquier cosa es intachable, desde el personal de recepción hasta el presidente. Y eso en otros puertos no pasa”, destaca Cecilia Rodríguez.

En esa margen derecha que está de aniversario se buscará ganar más espacio a corto plazo. “Sin este muelle, la actividad del PEPA no existiría. Hay empresas que estaban en otros polígonos y que han tenido que venir aquí. Ocurrió con Asturfeito, cada vez son más grandes las piezas que fabrica y para exportarlas tienes que tener cerca un puerto. Si esto lo cuidamos y lo sabemos desarrollar, aquello tiene un futuro del demonio”, concluye Echeverría. El “aquello” al que se refiere son los terrenos que se liberarán con la demolición de las baterías de coque, “el futuro de Avilés”.

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