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Javier Garat, secretario general de Cepesca: “El pago al esfuerzo de los pescadores en la pandemia ha sido negarles la vacuna”

“Europa criminaliza a su sector pesquero, pero mira para otro lado ante la entrada masiva de pesca de Asia obtenida vaya usted a saber cómo”

Javier Garat, en El Parche.

Javier Garat, en El Parche. M. Villamuza

Javier Garat, nacido en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) en 1971, tiene en la actualidad 18 cargos relacionados con la pesca, si bien es conocido fundamentalmente por dos de ellos: secretario general de la Confederación Española de Pesca (Cepesca) y presidente de la Asociación de las Organizaciones Nacionales de Empresas Pesqueras de la UE (Europêche). Es licenciado en Derecho y diplomado en Derecho Comunitario por la Universidad Complutense de Madrid y acumuló experiencia trabajando en Bruselas durante dos años (1996 y 1997) en el equipo de pesca del Servicio Jurídico de la Comisión Europea y como asistente del Consejero de Pesca de la Representación Permanente de España ante la Unión Europea, además de ejercer como abogado durante cuatro años en el despacho internacional de origen holandés Nauta Dutilh. Esta semana ha visitado Asturias, invitado por la Asociación de Volanteros del Cantábrico Noroeste (Avocano), una organización formada por 32 barcos (200 familias dependientes) que se ha adherido recientemente a Cepesca. Atiende a LA NUEVA ESPAÑA en Avilés, donde pernoctó.

–¿Cuál es su diagnóstico del estado de la pesca española?

–Defiendo que es un sector que tiene futuro sí o sí. Así lo creo porque somos el sector proveedor de la proteína natural más saludable del mundo, obtenida además de forma sostenible y sin rastro de huella de carbono. En un mundo con población creciente a la que hay que alimentar, ¿alguien puede dudar que la pesca tiene futuro?

–A modo de carta de presentación, ¿cuáles son hoy los grandes números de la pesca española?

–Genera 30.000 empleos directos y más 150.000 indirectos. Y proporciona cada día, porque somos una de las potencias pesqueras de Europa, 10 millones de raciones de alimento saludable. Y cuando digo “saludable”, hablo con respaldo fundado: diversos estudios científicos concluyen que la ingesta de pescado es beneficiosa para la función cerebral, para la vista, la piel y las articulaciones; el pescado es imprescindible en una dieta equilibrada y, además, su consumo produce felicidad por su riqueza en ácidos grasos omega 3, que influyen en la actividad de la dopamina y la serotonina, neurotransmisores vinculados a la depresión.

El pescado es la proteína animal más saludable, su consumo produce hasta felicidad

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–Y, sin embargo, y pese a tantas bondades, los pescadores están en el foco mediático por la presunción de que sus prácticas son dañinas para el medio marino...

–Ese el discurso que estoy empeñado en cambiar porque, además de dañino, es falso. Es cierto que lo que acaba calando es el mensaje apocalíptico, casi siempre en boca de organizaciones ecologistas, sobre lo dañinos que son los pescadores. Un discurso que encuentra eco en ciertas instancias e instituciones, pero que no es objetivo: los pescadores no son el problema, son la solución. Véase el ejemplo de la pesca en el Atlántico Nordeste: fruto de años de sacrificio y de una gestión responsable instrumentada en planes de explotación, hoy el 100 por ciento de las especies de interés comercial están en régimen de Rendimiento Máximo Sostenible (RMS), lo que quiere decir que hemos alcanzado el punto óptimo de equilibrio entre la explotación del recurso y su sostenibilidad. Lamentablemente, la pesca sigue siendo una gran desconocida y estas realidades no parecen ser conocidas ni por el gran público ni, en algunos casos, por quienes toman decisiones.

–Proliferan los proyectos para delimitar reservas marinas, áreas de especial protección, en España. ¿Cómo casa esto con los intereses pesqueros?

–Se ha planteado un objetivo mundial al que España se ha apuntado, carente de base alguna, de tener convertido en reservas un 30 por ciento de la superficie de los mares en 2030. Lo que Cepesca defiende es que antes de proteger un hábitat, lo primero es determinar con criterios científicos el interés de esa protección; y en segundo término, desarrollar esas figuras con participación del sector pesquero, como actor principal que es en la gestión del mar. No somos partidarios de proteger por proteger, sino de ajustar las medidas de limitación a lo que realmente es preciso: si lo que debe ser protegido es el fondo, prohíbanse las artes que le afectan; si el objeto de la protección son los reproductores, dispónganse las medidas precisas... Hacer tabla rasa y prohibirlo todo solo serviría para crear áreas marinas protegidas de papel.

–Han sido muchos y sonados los encontronazos de la patronal pesquera con el consejero europeo de Pesca, Virginijus Sinkevicius...

–No pude ser de otra manera cuando se dedica a lanzar mensajes de criminalización del sector pesquero, trata a los pescadores como presuntos delincuentes y demoniza al sector del arrastre. Colabora a crear la imagen de que los pescadores no son de fiar. Es comprensible que tengamos malestar.

–¿Esa supuesta “insensibilidad” hacia los profesionales de la pesca del señor Sinkevicius, tiene paralelismo en alguna instancia española?

–Sí, en los ministerios de Sanidad y Transición Ecológica. La ministra Carolina Darias nos dejó estupefactos cuando, además de negar la vacuna preferente a los pescadores, dijo que se vacunarían “cuando les toque, donde les toque y con la vacuna que les toque”. ¿Qué necesidad tenía de decir eso? Afortunadamente, algunas comunidades autónomas y el Instituto Social de la Marina han sido más sensibles que la ministra y han desarrollado protocolos de vacunación. Respecto a la cartera de medio ambiente, yo soy crítico con el “buenismo ambiental” que tanto predican la Unión Europea y España de modo aventajado. Como ya dije, se criminaliza el pescador de aquí, al que ahora se le quieren poner hasta cámaras de vídeo a bordo de los barcos para vigilar qué hacen, pero miran para otro lado ante la entrada masiva de productos pesqueros de Asia –y cuidado con China– obtenidos vaya usted a saber con qué técnicas pesqueras y sin la menor garantía de respeto a los derechos sociales. Unas importaciones que, sin aranceles, compiten con nuestros pescados de proximidad capturados con técnicas respetuosas con el medio marino.

–Se está cocinando un nuevo reglamento de control pesquero comunitario que levanta ampollas en el sector, ¿cuál es el problema en controlar la actividad?

–Afortunadamente aún está en el horno y hay margen para modificarlo. Al margen de que, como denunciamos en su momento, hubo juego sucio en la gestación del texto (se trató de influir en eurodiputados para que apoyasen el endurecimiento de la norma), el texto propuesto es antipesquero, introduce herramientas de gestión y control que dan por sentado que los pescadores son delincuentes. Después de años dotándonos de sistemas de control y reforzando las inspecciones, tanto en rigor como en número e imposición de multas, la opinión del sector es que con lo que hay, sobra.

–¿Cómo ha afectado a la pesca española el Brexit?

–No solo la española, la pesca europea en general ha salido perjudicada, bien es cierto que con más gravedad para países como Dinamarca, Holanda o Francia que para España. En un nuevo ejemplo de lo poco que la pesca importa, nuestro sector quedó relegado para el final de las negociaciones y los acuerdos adoptados se caracterizan por la improvisación y la inconcreción temporal. Esto lleva a que haya barcos españoles pescando en total incertidumbre e inseguridad jurídica; y ya se sabe que en esas condiciones, una empresa no puede tomar decisiones a medio ni largo plazo. Esto es malo.

–¿Ya se puede evaluar cuál ha sido el impacto del covid en la pesca?

–Algo trajo de bueno: los barcos pudieron seguir con su actividad dada la esencialidad del sector y el consumo de pescado en los hogares repuntó. Pero salvo eso, todo ha sido negativo: problemas de relevos en tripulaciones de barcos de altura, los miedos de tener que convivir con el riesgo sanitario, el hundimiento generalizado de precios por la paralización del sector Horeca (hotelería, restauración y catering)... Y el pago a todo esto, ya le decía, ha sido la negativa del Ministerio de Sanidad a considerar a los pescadores un colectivo vulnerable y esencial de cara a una vacunación preferente.

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