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Bastián Riak: “Me metí con el graffiti muy pequeño, con doce o trece años”

“Se vive duro de los murales, pero yo no tengo queja: llevo tiempo como autónomo y tampoco es que seamos tantos”, dice el finalista de la Liga Nacional de Graffitti

Bastián Riak, ayer, delante de su mural de la Factoría Cultural.

Bastián Riak, ayer, delante de su mural de la Factoría Cultural. Mara Villamuza

Bastián Prendes (Oviedo, 1990) también es Bastián Riak. Con este último nombre es como se presenta los próximos días 11, 12 y 13 de junio a la final de la Liga Nacional de Graffiti que se celebra en la pista de La Exposición de Avilés. Conversa con LA NUEVA ESPAÑA en una terraza de un café cercano a la Factoría Cultural de Avilés. Acaba de fotografiarse delante del mural de acceso a la instalación por la calle Hermanos Soria. “Hacía tiempo que no lo veía: sigue manteniéndose”, observa.

–¿Costó llegar a la final?

–La verdad es que tenía bastante trabajos acumulados al principio y presenté alguna cosilla. Para esta ronda final lo que tenía que presentar era una obra de este año 2021, pero casi todos los de este año eran comerciales, así que tuve que improvisar al final una obra en el último momento y fue la presenté.

–¿Y ahora qué planea?

–Lo que tengo pensado preparar es algo con un realismo muy potente, del estilo a lo que presenté la primera vez. Voy a evitar el tema de las letras del fondo y del graffiti porque tienen dos categorías y quiero dejarles claro al jurado a por qué voy. Lo que busco es algo así muy fotográfico, muy expresivo y colorido.

–Y luego tiene que hacer un mural en Llaranes.

–Eso. Lo vamos a hacer Pedro Rico y yo. Pasa que el muro es grande y no queríamos hacer un parche a la mitad, queremos darle cohesión al mural. Rico tiene un estilo en blanco y negro muy potente, así con tramas y tal. Y tengo uno colorido, muy diferente al suyo. Lo que estamos intentando es compaginar las dos maneras de pintar dentro de la misma composición. Estamos dándole vueltas a ver cómo lo terminamos.

–¿Y cómo empieza todo?

–Siempre me gustó mucho el cómic y el dibujo y demás. Me metí con el graffiti muy pequeño, con doce o trece años: letras, lo más clásico. A partir de ahí todo fue una especie de evolución; estaba de dibujar cómics, de hacer muchos dibujos en casa y, de repente, pasé a coger un espray y salir a la calle a pintar por ahí donde se me ocurriera, donde pudiera, completamente buscavidas, sin saber mucho, porque la cosa tampoco estaba muy formada todavía. No había tanto graffiti. Salía todas las semanas, ahorraba la paga, así fui dominando el espray.

–¿Qué fue lo primero que vio como una obra propia?

–Veía que la gente hacía los graffitis de letras con imágenes de una cara, superrealistas; parecían cuadros antiguos. Y me dije: “Voy a probar a hacer esto”.

–¿Y dónde lo tiene?

–A saber. Está por un puente, perdido. Igual ya ni está.

–El carácter efímero del arte del graffiti, ¿mola o no mola?

–Depende. Depende un poco la pieza, dónde esté, cuánto te haya costado hacerla. Si tienes un buen sitio y haces un buen trabajo, obviamente, jode que se estropee o que te lo tapen. Me pasó en Barcelona que me firmaron los chavaletes una pieza alta, con el punto central elevado. Bueno, pues tampoco es para tanto. Te hace hasta gracia porque les ves las maneras de empezar a pintar. Si tienes una pieza que se está estropeando y no te preocupaste por renovarla y viene alguien y hace una mejor encima, pues bueno, está bien ir rotando, tampoco hay tantos muros disponibles. Siempre y cuando ese ciclo siga, pues está bien.

–Usted es “graffitero”, pero se gana la vida como muralista. ¿Cómo se pasa a monetizar la afición?

–Muy gradualmente. Empezó con trabajos para amigos y conocidos: decoraciones infantiles, una habitación, un bar. Poco a poco fui depurando la técnica. Estaba estudiando en la Escuela de Arte de Oviedo. A base de ir mejorando en cada trabajo llegué a un nivel para decorar restaurantes en el centro de Oviedo. Ahí empecé a funcionar con la pintura plástica y no sólo el espray: el espray con el pincel. Así, hasta hoy.

–¿Se vive bien de la pintura mural?

–Se vive duro, pero yo no tengo queja: llevo tiempo de autónomo y tampoco es que seamos tantos. Conocí gente, por ahí, en los festivales, y tampoco están de autónomos. Los murales gustan mucho, pero somos pocos los muralistas.

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