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Los pescadores restan gravedad al flojo inicio de la costera de bonito: “Ya llegará, paciencia”

Fidel Álvarez Garaot, el habitual vendedor del “campanu del mar”, se toma con deportividad haber perdido este año la carrera de las Azores

Tinas con bonitos en la rula de Avilés.

Tinas con bonitos en la rula de Avilés.

La subasta, ayer, de 8.000 kilos de bonito del norte en la rula de Avilés animó la mañana en la lonja de pescado. Pero la venta de esas ocho toneladas –a precios comprendidos entre 13 y 15 euros– no oculta cierto poso de preocupación en el ánimo de los pescadores, que son conscientes de que la costera del popular pescado del verano no empieza con tan buenas perspectivas como la de los dos últimos años: el atún blanco se hace de rogar y las capturas flojean, al menos en estos primeros compases de campaña.

El armador en activo que más “campanos del mar” (primeras ventas de bonito del año) acumula, Fidel Álvarez Garaot, fue uno de los que vendió ayer las capturas logradas en el primer viaje a aguas del Atlántico. A diferencia de los últimos años, no tuvo el honor de estrenar la campaña pues se le anticipó el pasado día 31 de mayo el armador vasco Íñigo Oronoz, patrón del “Gaztelugatxeko Doniene”, que desembarcó una tonelada de atunes. Álvarez Garaot se tomó el asunto con deportividad y explicó que, sencillamente, fallaron los pronósticos: donde debería de haber habido bonitos, pues se daban las condiciones adecuadas, no encontraron ni uno.

Las embarcaciones que vendieron bonito ayer en Avilés fueron el “Berriz Amatxo”, propiedad de Álvarez Garaot, y el “Goienkale”, del bermeano Enrique Zabaleta. Para este jueves, día 10, están anunciadas las embarcaciones “Nuevo Chisu” y “Almikeko Ama”, que subastarán unos 5.300 kilos de bonito del norte. El barco que zarpó de Avilés a mediados de mayo emparejado con el “Berriz Amatxo”, el “Esmeralda Tercero”, propiedad de Iván Álvarez Garaot, sigue en aguas oceánicas tratando de localizar los bancos boniteros.

Tras la venta matinal, Fidel Álvarez Garaot se hizo a la mar de nuevo ayer de tarde para unirse al barco de su hermano y tratar de mejorar los resultados. “Lo de este año es lo normal: encontrar poco bonito en estas fechas. Lo raro fue estos dos años pasados, cuando el bonito se dejó ver tan pronto y en tanta cantidad que toda la flota se apuntó a la costera”, explica el armador, para quien la prueba de fuego llegará en esta segunda marea que ahora empieza: “Si tampoco esta vez se da la cosa bien, entonces sí que será para empezar a ponerse en lo peor; de momento, paciencia”.

En la rula de Avilés confían en que la presente costera de bonito hará honor a las grandes expectativas que genera la campaña y explican que las embarcaciones que zarparon en mayo como avanzadilla hacia las entrañas del Atlántico está localizaron “bancos de túnidos muy poco abundantes” y, además, señalan que el pescado “está bastante esquivo”. Así sea como consuelo, las cotizaciones del bonito en la cancha de subasta han resultado lo bastante fructíferas como para compensar, al menos, los gastos de explotación que asumen las tripulaciones que se aventuran camino de las islas Azores (gasoil, víveres, carnada, aparejos, seguros...)

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