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Avilés, cantera de artistas

Los campus de Factoría Cultural adiestran a los pequeños en nuevas técnicas: de la plástica a la escena

Participantes en el taller de minimakers, en la Factoría Cultural.

Participantes en el taller de minimakers, en la Factoría Cultural. Mara Villamuza

Los campamentos son para el verano y en la Factoría Cultural, este año, con el doble de seguridad. “Existe todo un protocolo para la desinfección de las herramientas que empleamos. En ese sentido, nos sentimos seguros”, explicaba el profesor Benjamín Menéndez en referencia a las medidas de seguridad adoptadas en los campus artísticos que la Factoría Cultural acoge desde ayer y hasta el 13 de agosto, bajo el título “Verano con arte”, en el que participan niños y niñas de 5 a 9 años y adolescentes de hasta 16.

Los participantes han podido escoger entre dos temáticas diferentes: las artes plásticas y gráficas y las artes escénicas, divididas cada una de ellas en varios talleres. En el taller impartido por la profesora Natalia Suárez, los integrantes se estrenaron con la técnica “drip painting”, que consiste en pintar al azar, sin pensar. Esa pintura aleatoria la realizan sobre unos papeles troquelados por la máquina de corte numérico, para luego hacer una superficie de papel trenzado.

“El taller de minimakers sirve para crear nuevos materiales, con ideas frescas, a partir de materiales intervenidos por las máquinas de la Factoría Cultural”, explica la monitora.

El monitor Iván López, en taller de canto. | Mara Villamuza

Los chiquillos se reparten entre en talleres de pintura, cerámica, técnicas de impresión, técnicas de ilustración y cómic y minimakers, han tenido gran acogida. Algunos de los participantes de este taller repiten de años anteriores y aseguran que les gusta.

Natalia Suárez comenta que se sienten seguros respecto a las medidas de seguridad, gracias a la distancia de seguridad, el espacio entre los alumnos y la toma de temperatura a la entrada del edificio.

Benjamín Menéndez, uno de los profesores de cerámica, cuenta que los niños son muy creativos y resolutivos y que no les cuesta aprender. En su taller, los alumnos trabajarán temáticas relacionadas con la naturaleza y los animales, y aprenderán técnicas como bajo relieve o bulto redondo. La última semana trabajarán con piezas más efímeras a partir de caolín coloreado y harán pinturas sobre cristales y murales en la pared.

La niña Aitana Suárez, en uno de los talleres. | Mara Villamuza

La profesora de baile, Lucía Prada explica que, en su taller, las medidas de seguridad limitan los movimientos de las coreografías y de los juegos, pero que, aún así, “nos hemos adaptado bien, ya que esta disciplina de baile, hiphop, así lo permite”. Además, los participantes en esta actividad se dividen en grupos en función de su edad, al igual que ocurre con las clases de canto.

“Para los más pequeños, ya que con ellos es un poco más difícil, hay que adaptar tanto las letras como las canciones. Con los alumnos mayores se trabajan otros temas, como es la colocación de la voz”, aclara el profesor Iván López. Para este docente, lo más importante del taller es que aprendan a respirar correctamente y, sobre todo, que se lo pasen genial y disfruten mucho. Al menos, en la primera jornada, ya lo habían conseguido.

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