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El mejor pescador, el rey de la espera

Víctor García Granda, premiado por su arte con la caña: “Hay que tener picardía y no enseñar trucos al enemigo”, confiesa a la orilla de la ría de Avilés

El joven Víctor García, con dos capturas.

El joven Víctor García, con dos capturas.

Cuando este diario llega al encuentro, a media tarde, con el experimentado pescador Víctor García Granda, el protagonista ya ha atrapado un xargo y una boa, los peces más comunes de la ría de Avilés. Víctor García es hijo de ‘Rafa el de Trasona’, campeón de España en su época y, junto con sus otros hermanos pescadores, ha llegado a lo más alto en varias competiciones a nivel regional y nacional.

Una vez atrapados los peces, los mantiene en una cesta hasta que acaba la jornada y los devuelve al mar. “En esta ría el pescado no se coge, se devuelve cuando acabamos la jornada. En Ribadesella o Luanco y sitios así, los xargos sí se llevan a casa”, comenta mientras prepara otra caña.

La modalidad de pesca que Víctor practica es la de pesca boloñesa y para trabajarla, no hay ningún sitio especial en Asturias. Así explica él sus trucos: “Todo depende de las condiciones, no hay un lugar que sea mejor o peor, tanto en este tipo de pesca como en el resto”. A la hora de sacar la caña, García explica que simplemente mira el escenario, busca una piedra cómoda y plana, para poder montar el panier –asiento de pesca– y “ya está. Hay que machacar el sitio”, explica con la certeza de quien lleva años dedicándose a ello.

Las cañas, una imagen habitual, en la bocana de la ría de Avilés. Mara Villamuza

“La pesca es un arte”, relata, “aprendimos de mi padre. Desde que nacimos, mis cinco hermanos [uno ya difunto] y yo jugábamos con sedales y cebos. Mi padre nos creó la afición”, confiesa entre risas. García e un habitual de la ría de Avilés porque los campeonatos se celebran en la ciudad y, de esta forma, entrena en el mismo punto donde compite. Cuando hay un evento se entrenan tres días a la semana, cuatro horas y cuando conocen la localización exacta, y la última semana acude varios días. Cuando falta poco tiempo y ya llegan los rivales, tanto él como sus hermanos, deciden no entrenar. Por eso de no dar pistas al enemigo.

“No venimos a pescar, para que no vean nuestras técnicas. Hay que tener picardía, no puedes enseñarles tus trucos. Cuando las competiciones se hacen en los lugares de los que son los rivales, ellos tampoco te dicen ni te ayudan en nada. Cada uno mira por lo suyo”, remata.

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