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Adrenalina redoblada sobre ruedas en la 45.ª edición del Rally de Avilés

Tras un año de parón por el covid la cita con el motor permite a los aficionados a las carreras disfrutar de nuevo de su afición y admirar bólidos que marcaron una época

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45º Rallye Avilés: reencuentro tras la pandemia Miki López

“Le tengo un cariño especial al Rally de Avilés, creo que muestra siempre un concepto muy agradable de lo que realmente es este deporte”, remarca ilusionado Ignacio Martínez Sieso, uno de los aficionados que estuvo ayer tras las vallas de la zona de asistencia en el complejo deportivo del Quirinal durante la celebración de la 45ª edición de la prueba automovilística.

Este amante del mundillo de los coches de carreras cuenta lo especial que es para él poder ver in situ la prueba que discurre por las carreteras de la comarca avilesina: “Yo soy de Cantabria y he venido especialmente para ver el rally. He corrido toda mi vida y conozco a muchos de los pilotos que están hoy aquí, lo cierto es que la pasión me viene desde niño”. Además, añade que “en 2010 quedé segundo en esta competición y aunque actualmente no corro, respirar de nuevo esta atmósfera me devuelve las ganas de subirme al coche”.

Julián Arenas, con su hijo. | Miki López

Entre rugidos de motores, había algún seguidor que buscaba con la mirada un coche en concreto; era el caso de Manuel Antonio Suárez: “Tengo un hijo corriendo aquí, David Suárez González, es copiloto en regularidad. Siempre hemos sentido la pasión por los rallies y cada vez que puedo vengo desde Gijón a ver éste”.

Ignacio Martínez Sieso, expiloto cántabro: “Le tengo mucho cariño al rally de avilés, muestra un concepto muy agradable de este deporte”

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Como la pasión no entiende de edades, entre el público se encontraban también padres e hijos que comparten afición. Jorge Miranda, avilesino y apasionado de los coches, estaba acompañado por su hijo, con el cual no solo comparte afición sino también nombre. “A mí me gustan las carreras desde muy pequeño, en 1983 cuando tenía 8 años ya seguía el Rally de Avilés cada vez que podía. También corro de vez en cuando como copiloto de Juan Jordiales; participamos hace poco en el nacional de Cangas de Onís y en 2011 quedamos segundos en la competición general, por eso conozco a muchos de los corredores que están hoy aquí, como a Alberto Carrizo”. Y continúa: “A mi hijo, que tiene ahora 8 años también le gusta mucho este ambiente”.

Jorge Miranda, con su hijo Jorge saludando al piloto Alberto Carrizo;

Pero Jorge Miranda no fue el único entusiasta que llevó a su retoño al rally. Borja Díaz Bejarano también acudió acompañado de sus dos hijas. “Desde crío me gusta venir a verlo, este año me enteré de rebote porque no lo vi tan anunciado como otros años. A veces voy a ver los tramos de velocidad, aunque ahora con las niñas es más complicado; a la pequeña no le llama mucho la atención, pero a la mayor sí que le empieza a gustar. Siempre se saca un hueco para venir a verlo y disfrutar juntos de estos ratos”, explica el avilesino.

Para otros, fue su día de suerte. Le pasó, por ejemplo, a Diego Arenas, de diez años, otro seguidor de este tipo de carreras, que tuvo la fortuna de que uno de los corredores le dejase subir a su coche. “Es mi primera vez viendo este rally y estoy muy ilusionado. Me gustan mucho los coches y me gustaría conducir uno de éstos algún día”, relató el niño.

Dos mecánicos ponen a punto uno de los coches que corrieron el rally. Miki López

Esa misma ilusión de Diego Arenas la comparten los hijos de Manuel Martínez Olmo, otro fanático de las carreras que se autodefine como un “enamorado del mundo clásico del motor”, amor que le está tratando de transmitir a sus dos pequeños.

Entre el público, incluso, había algunas personas con carricoche, como Alberto Martín. “Vengo todos los años, no me lo pierdo. Esta vez me he traído también a mi hijo; es aún un bebé pero me gustaría que algún día también se aficionase a este deporte”, comentó entusiasmado.

Manuel Díaz Sánchez y Patricia Collar García, en la mesa de acceso a la zona de asistencia. | Miki López

El ambiente que se creó en la presente edición del Rally de Avilés hizo las delicias de la mayoría de los aficionados, que se curaron la pesadumbre de haber tenido que renunciar el año pasado a presenciar la carrera debido a que la situación sanitaria de aquel entonces no hizo posible la prueba. Sin embargo, este año, tanto para los más mayores como para los más pequeños, todo ha ido sobre ruedas.

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