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El cañón de Avilés, donde renacen peces

Los científicos constatan que las áreas marinas protegidas tienen un papel fundamental en la mejora de la producción de actividades pesqueras en zonas adyacentes con depredadores

Delfines en el cañón de Avilés. | Ricardo Solís

Delfines en el cañón de Avilés. | Ricardo Solís

Los científicos que durante los últimos 19 meses han llevado a cabo el proyecto “Ecofun” en el sistema de cañones submarinos de Avilés han constatado que las áreas marinas protegidas –como se prevé etiquetar al cañón de Avilés el próximo año– podrían servir de lugar de alimentación a depredadores de zonas circundantes.

Dicho de otra forma, el sistema de cañones de Avilés sería el lugar en el que los peces renacen para alegría del sector pesquero, que sería uno de los principales beneficiarios. Mediante un mecanismo conocido como “spillover”, la abundancia de peces aumenta en esas zonas. Esto es debido, como explica la Fundación Séneca, al aumento en el número y tamaño de los ejemplares, que propicia una mayor producción de huevos. Asimismo, como consecuencia de este aumento de las densidades, algunos ejemplares tienen que desplazarse fuera de los límites de los espacios protegidos para encontrar un territorio.

Los expertos, en los últimos años, según recogen las publicaciones especializadas en medio ambiente, han comprobado que figuras jurídicas como las áreas marinas funcionan realmente, puesto que se convierten en focos de recuperación que se propagan además a sus alrededores. Esto es lo que se ha demostrado ahora en el sistema de cañones submarinos de Avilés, un oasis repleto de tesoros naturales a pocas millas del litoral.

Los expertos de Instituto Español de Oceanografía (IEO), que han contado con el apoyo de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a través del Programa Pleamar cofinanciado por el FEMP, han estudiado en concreto dos áreas marinas protegidas: el sistema de cañones submarinos de Avilés y los valles submarinos del escarpe de Mazarrón en el Mediterráneo, combinando metodologías experimentales y de análisis de series históricas de las campañas científicas del IEO.

Estos análisis han permitido caracterizar a escala local la diversidad taxonómica y funcional de las comunidades, así como otros indicadores de las cadenas tróficas marinas que indican, por ejemplo, dónde la producción marina es mayor o de mayor calidad, permitiendo un flujo más eficiente de energía desde los productores primarios hasta los depredadores superiores.

Durante el proyecto, los científicos han determinado para tres especies diferentes –pintarroja (Scyliorhinus canicula), merluza (Merluccius merluccius) y gamba blanca (Parapenaeus longirostris)– su firma bioquímica, es decir, sus concentraciones de ácidos grasos esenciales y su acumulación de isótopos estables, que permiten identificar cambios en la dieta y por tanto saber dónde se están alimentando.

Ahora, los resultados del proyecto proporcionarán una serie de recomendaciones para incluir la influencia de la protección de una zona en el funcionamiento ecológico de sus áreas adyacentes, información que puede ser incluida en el futuro en los planes de seguimiento y monitorización de estas áreas marinas protegidas.

Estos resultados preliminares se presentaron recientemente en la sesión sobre conectividad funcional que albergó el Congreso Internacional de Ciencias Acuáticas de la Sociedad Americana de Limnología y Oceanografía, que tuvo lugar on-line el pasado mes de junio, así como en unas jornadas públicas celebradas de forma virtual el pasado 8 de julio.

Plan de gestión

El plan de gestión del sistema de cañones de Avilés pasará a ser una zona marina con gran protección en 2022, de cumplirse los pronósticos de los expertos del Oceanográfico. Entonces está previsto que salga adelante un documento que tiene por objeto garantizar la conservación de los valores ambientales de esta gran zona con un mínimo efecto sobre las actividades económicas.

También busca potenciar este ecosistema profundo “mediante un método responsable y de valor añadido”, según explicó en estas páginas Francisco Sánchez, investigador del Centro Oceanográfico de Santander y responsable del proyecto Indemares-Avilés, que en los últimos años ha liderado campañas en los cañones avilesinos.

La biodiversidad en estos cañones submarinos próximos al litoral es muy elevada y se han inventariado hasta la fecha más de 1.300 especies sobre el fondo (sin incluir las pelágicas), algunas de ellas muy vulnerables, como son los corales, las esponjas y los tiburones de profundidad, y que se encuentran incluidas en diversas normativas de protección, si bien ocupan generalmente aguas muy profundas.

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