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Luis Piedrahita Humorista, ilusionista, guionista y director de cine

“El humor hace la vida más soportable”

“En la pandemia vi cotas de estupidez humana inimaginables para el siglo XXI, pero quedarse con lo peor no es rentable”

Luis Piedrahita.

Luis Piedrahita.

El festival “Luanco al mar”, a celebrar entre el 5 y el 9 de agosto, reúne una selección de primeros espadas de la música y el humor español. El primero que se subirá al escenario del muelle viejo de Luanco es Luis Piedrahita, que además de humorista es escritor, ilusionista, guionista y director de cine, además de archiconocido por participar como colaborador en el programa televisivo “El Hormiguero”. En la siguiente conversación con LA NUEVA ESPAÑA cuenta cómo se siente tanto personal como profesionalmente, qué proyectos tiene en mente y cuánto le ilusiona participar en el festival luanquín.

–Para empezar, es sabido por mucha gente que se dedica a distintos ámbitos del espectáculo, ¿en qué faceta se siente más cómodo?

–No es fácil contestar porque en todas me siento tremendamente incómodo. Espere, que me explico. Me apasiona la magia, el humor, el cine… y el origen de la palabra pasión, seguro que ya lo sabe: es “passio” que significa sufrimiento. Es una entrega muy parecida a la del enamorado adolescente, al enamorado de verdad, al enamorado que sufre. Una entrega en la que se acaba el mundo si la cosa no sale bien y el mundo sólo tiene sentido cuando las cosas funcionan. Bendito sufrimiento, bendita incomodidad. Ojalá me dure toda la vida. Ojalá estas cosas nunca me den igual.

–Hablando de pasión... ¿Siempre sintió que entretener y hacer reír a la gente era su vocación?

–Nunca lo tuve muy claro, ni de pequeño ni ahora. Simplemente me he ido dejando llevar tratando de enfilar el barco hacia las cosas que más me apetecían. Todo se fue dando con una sabia ingenuidad, sin un plan maestro, y creo que al final he tenido la suerte de acabar haciendo lo único que sé hacer.

–¿Qué busca transmitir al público con sus shows?

–El objetivo es que se rían, que se rían mucho. No hay otro objetivo. Que les duela la cara de reír y que al día siguiente tengan “risaca”, esa especie de dolor muscular que queda en el abdomen y en todos los músculos del cuerpo después de haber reído mucho la noche anterior.

–¿En qué proyectos está inmerso ahora mismo?

–Se lo cuento, pero aún no está listo. La cosa es que llevo más de un año y medio preparando un curso de magia online para todos aquellos que quieran iniciarse en la magia con cartas. Se trata de un curso para empezar de cero y acabar haciendo 20 trucos de cartas realmente buenos. Algunos de ellos los he hecho en televisión ante estrellas internacionales, sin habilidad. Llevo trabajando en ello desde el confinamiento y estará listo en septiembre. Toda la información estará disponible en www.luispiedrahita.com.

–Últimamente todos nos hemos visto afectados por la pandemia, ¿cómo le ha afectado a usted y qué aprendizaje saca de ello?

–Todo esto a mí me ha puesto muy triste. He visto cotas de estupidez humana inimaginables para el siglo XXI. Sin embargo, no debemos quedarnos con lo peor ya que eso nunca es rentable. Si bien es cierto que podemos repartir medallas a idiotas individuales, creo que también hemos tenidos algún momento brillante de humanidad. No dejemos que los imbéciles empañen nuestros momentos de luz.

–¿Cree que la gente le da más importancia a la cultura y al entretenimiento después de haber estado confinada y con restricciones a las reuniones masivas?

–No creo que ahora la gente le dé más importancia a la cultura, y tampoco creo que le dé menos. La importancia de la cultura nunca ha estado cuestionada. Al que no le importaba antes tampoco le importa ahora y al que antes sí le importaba ahora le sigue interesando. Nadie se ha cambiado de bando por la pandemia. Igual que el hecho de poder abrazarnos, de sentarnos a tomar una caña o de salir a pasear. La importancia de eso nunca ha estado en entredicho. Pero puede ser que a los que ya nos gustaba pasear de antes, ahora nos guste un poco más.

–Entrando ya en el tema “Luanco al mar”, festival en el que va a participar: ¿le hace ilusión?, ¿tiene algún tipo de relación con Asturias?

–Muero de ganas. Tengo grandes amigos ahí en Asturias. Desde ese gijonés ilustre que es Rodrigo Sopeña, gran amigo y gran guionista, hasta Marta Botas, nuestra diseñadora de cabecera. Toda excusa es buena para subirse a Asturias a tomar unas sidrinas, a reír y a pasear. ¡Ah, y a dormir tapado!

–¿Podría resumir en qué consistirá el espectáculo del 5 de agosto en Luanco?

–Es una recopilación de mis mejores monólogos… y también alguno de los peores. Siempre digo lo mismo. Se trata de un show de humor pensado para hacer en verano, al aire libre y sin las solemnidades de los grandes teatros en los que suelo actuar. Por unos instantes dejaré a un lado el frac que utilizo en el Carnagie Hall de Nueva York, apartaré los formalismos que exigen en Royal Albert Hall de Londres y olvidaré el tutú que me obligan a llevar cuando actúo en el Bolshoi de Moscú. En Luanco estaré entre amigos y puedo permitirme ser yo mismo.

–¿Por qué recomendaría a la gente asistir a verle?

–Porque voy a estar muy bien. Al menos eso me han dicho. Me han dicho que voy a estar muy bien y yo no quiero perdérmelo. De hecho, fíjese lo que le digo: pienso coger un coche e ir a verme. Y eso que vivo en Madrid e ir hasta Luanco es un poco engorro, pero me han dicho que voy a estar tan bien que quiero verme. Vamos, que no me pierdo mi show por nada del mundo. Espero que los asturianos, que lo tienen al lado, hagan lo mismo.

–Y para terminar, ¿tiene algún consejo o alguna reflexión que crea que el mundo necesita en estos momentos?

–El humor hace la vida soportable. El humor no arregla los problemas, no hace que las heridas cicatricen o que los huesos rotos se suelden... El humor tampoco hace que vuelva la persona amada ni que la hipoteca se pague sola. Nada de eso. Pero el humor hace que todo eso sea llevadero. La mejor manera de entenderlo es pensar en el humor como el sistema de amortiguadores de un coche: si no lo tienes, cada una de las piedras del camino se van a tornar una molestia.

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