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Los expertos identifican en la costa comarcal abundantes pruebas de una nueva era geológica

Julio López Peláez, doctor en Geología, localiza señales indicativas del cambio de época en playas como Zeluán, Los Quebrantos y El Dólar

Julio López Peláez, en la playa de Zeluán. | Mara Villamuza

Julio López Peláez, en la playa de Zeluán. | Mara Villamuza

Una mañana soleada de verano y un paseo por varias playas de la costa de la comarca avilesina fueron el plan perfecto para que Julio López Peláez, doctor en Geología por la Universidad de Oviedo y profesor de Secundaria y Bachillerato entre 1977 y 2015 en el colegio San Fernando –además de autor de varios libros, entre ellos “Antropoceno: afloramientos costeros del Nalón a punta El Infierno” (2020)–, explicase con todo detalle las claves de la nueva era geológica en la que, según opinión generalizada d e los expertos, se halla la Tierra: el Antropoceno. Y es que la comarca avilesina es uno de los lugares de España donde más perceptible es, a simple vista, esa era geológica.

Antes de meterse de lleno en el tema en cuestión, el geólogo define para los no iniciados el concepto de Antropoceno, desde dos perspectivas. “La definición científica hace referencia, en el espacio-tiempo, al Antropoceno como el periodo geológico actual, cuyo inicio se sitúa aproximadamente en 1950, coincidiendo con varias explosiones nucleares”, explica. Algunas de esas explosiones vienen indicadas en su libro, como la prueba “Trinity”, realizada en Nuevo México el 16 de julio de 1945; un poco más tarde, la explosión de Hiroshima, el 6 de agosto de 1945, y la de Nagasaki, tres días después. Tras ellas, explica Peláez, “se detectaron elementos radioactivos dispersos por todo el planeta; de ahí, que marquen el inicio global del Antropoceno”.

La segunda definición de esta era geológica, y probablemente la más reflexiva según el investigador, se centra en las causas y consecuencias del impacto del ser humano en el entorno. “La mayor característica del Antropoceno es, sin duda, la influencia de la mano del hombre en el medio. A día de hoy, como todas las acciones humanas se realizan a nivel global, se puede decir que no hay ninguna parte del planeta que no se vea afectada”.

A pesar de lo preocupante de la afirmación, Julio López Peláez destaca: “El Antropoceno no se puede mirar solo desde un punto de vista; de hecho, existen diferentes discusiones filosóficas sobre el tema. Al final todos queremos vivir mejor, tener disponibilidad de recursos y más comodidad. Todo esto hay que compaginarlo con la forma de producir y las consecuencias que esto acarrea”. Y continúa: “La ventaja del Antropoceno es que está en nuestras manos, las del ser humano, el ser capaces de modificar la inercia que ahora mismo nos lleva hacia el desastre”, subraya el geólogo.

La playa del Cuerno, en Castrillón. | J. L. P.

Asturias y el Antropoceno

López Peláez reflexiona sobre el hecho de que la mayor parte de la población autóctona, la que ha crecido y vive sobre el territorio, no es consciente de la gran huella que las personas dejan en el paisaje cercano. En un didáctico recorrido por algunas playas comarcales –Zeluán (Avilés), Los Quebrantos (La Arena, Soto del Barco), Bayas, El Dólar y El Cuerno (Castrillón), Portazuelos (ubicada en Cabo Negro, entre las playas de Xagó y Verdicio) y Riva de Pachón, en el cabo Peñas, (Gozón)–, López Peláez hace que mejor se le da: identificar los sedimentos relacionados con la acción humana y analizar el impacto geológico de los mismos.

La primera de las playas del recorrido, Zeluán, se caracteriza por la presencia de lo que el geólogo llama en su libro “plastiglomerados”: “Son sedimentos, compactados o no, propios del Antropoceno que están formados por arenas y materiales no naturales, como restos de aluminio, hormigón o plásticos acompañados también de restos orgánicos”. Además, añade: “La ampliación del canal portuario entre 1974 y 1975 propició la aparición de sedimentos que terminaron por formar estratos en los cuales se aprecian diversos elementos no naturales, como plásticos, incrustados en las dunas. El hecho de que estos nuevos materiales se incorporen al entorno está dejando una gran huella geológica significativa, lo que provoca en mayor o menor medida, dependiendo de los materiales, una gran contaminación”, explica el experto.

Siguiendo el recorrido costero, el geólogo muestra también las playas de El Dólar y El Cuerno, las cuales se han visto afectadas por la actividad de la Real Compañía de Minas de Arnao (RCMA) para la obtención de cinc en su factoría de Arnao. Los residuos que esta fábrica vertía al mar fueron transportados por las corrientes hasta la ensenada de El Cuerno, ocasionando la formación de lo que Peláez conoce como playa cementada o “rock beach”.

La playa cementada de Riva Pachón, en Cabo Peñas. | J. L. P.

“Son superficies planas, formadas entre piedra y arena, que se encuentran normalmente en medios acuáticos e industriales; es decir, en lugares costero donde se vertían residuos industriales relacionados con el tratamiento de minerales y con procesos de combustión. Por ejemplo, si sobraba carbón en una empresa y se vertía al mar, esto facilitaba la formación de carbonato de calcio y como consecuencia, la creación de plataformas carbonatadas, semejantes a las naturales pero con residuos industriales”, explica López Peláez.

El geólogo señala que, a pesar de que la playa cementada del Cuerno fue poco a poco desapareciendo “por la acción de los agentes geológicos externos”, aún se pueden ver restos de la formación propia del Antropoceno”. En esta playa castrillonense, en concreto, destaca la posibilidad de ver algún “tecno-fósil” en la parte cementada. Los “tecno-fósiles”, según el geólogo, son restos de actividades humanas que han quedado fosilizados, como si fueran un animal. “No son fáciles de ver”, destaca. Un “tecno-fósil” puede ser cualquier cosa, desde un trozo de aluminio consolidado hasta una huella.

Plastiglomerados en el corte de una duna de la playa de Los Quebrantos, en La Arena. | J. L. P.

El interés por el Antropoceno en nuestra comarca es creciente y va más allá de Asturias; este periódico publicó a mediados del pasado mes de junio una noticia referida a la investigación que se está llevando a cabo en las rías de Avilés y del Nalón liderada por la Universidad del País Vasco. El proyecto, de nombre “Antropicosta-2”, en el que participan distintas universidades españolas y extranjeras, analiza la evolución ambiental desde distintas perspectivas geológicas.

Los estudios realizados en la costa asturiana muestran, según expertos como López Peláez, un cambio en el tiempo geológico y proporcionarán datos que pueden generar consenso sobre la declaración del Antropoceno como era geológica vigente, en detrimento del Holoceno, que sería para algunos científicos la actual.

Asturias, y más en concreto la comarca avilesina, por suerte o desgracia, es uno de los referentes antropogénicos a escala internacional ya que en sus costas son perfectamente visibles las huellas que la industria y el ser humano dejan en la Tierra.

Una evidencia del cambio: la aceleración del ritmo de extinción de especies


Como relata en su libro: “Antropoceno: afloramientos costeros del Nalón a punta El Infierno” (2020), las consecuencias causadas por las distintas acciones del hombre van desde la acidificación de la atmósfera, debido a las emisiones industriales, hasta la contaminación de suelos y aguas, por el uso de fertilizantes artificiales. Pero sin duda, la consecuencia directa que más remarca Julio López Peláez, y posiblemente la más preocupante, es la pérdida de biodiversidad causada por la deforestación, el monocultivo, la domesticación de animales y la destrucción de ecosistemas naturales que llevan directamente a una extinción en masa de distintas especies. El geólogo explica en qué consiste esta extinción: “En condiciones normales hay una evolución natural y existen una serie de especies que van desapareciendo. Esto es la tasa de mortalidad normal en un ecosistema. Cuando la tasa de mortalidad se dispara en un lapso de tiempo muy pequeño, se le conoce como extinción en masa”. “De hecho” –continúa López Peláez– “el problema reside en que estas extinciones en masa suelen ir precedidas por un gran evento, por ejemplo, la extinción masiva de los dinosaurios tras la caída de un meteorito. Hoy existen estudios que afirman que la desaparición de especies, actualmente, es diez veces mayor que la que produjo cualquier evento a lo largo de la Historia”. “Mi objetivo, además de la divulgación, es que el ciudadano medio no solo se conciencie, sino que cambie su percepción del entorno tal y como lo conoce”, concluye el geólogo.

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