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Un balcón de lujo al Cantábrico

El Museo de Anclas, punto clave del recorrido turístico en torno a la playa de Salinas: “La Peñona es un enclave único, incluso con el mar revuelto”

Panorámica del Museo de Anclas, en La Peñona.

Panorámica del Museo de Anclas, en La Peñona. M. Villamuza

El concejo de Castrillón alberga una dilatada historia, pero un breve recorrido por Salinas permite viajar al pasado de este territorio, más concretamente, al siglo XIX.

El mar es el elemento que vertebró la historia de este lugar, haciendo protagonista a la localidad castrillonense en el siglo XIX con su espléndido balneario y sus majestuosas casonas de indianos que se instalaron en la costa castrillonense.

Y también fue el protagonista de la ruta organizada para el día de ayer en el concejo.

La pareja vallisoleta , en el mirador de La Peñona. Mara Villamuza

“Descubrimos estas rutas en la oficina de turismo y nos están encantando. Solo llevamos cinco días y ya hicimos otra en Avilés. Son muy interesantes. Descubres cosas que a priori no te llegas a fijar pero con estas rutas te enteras de la historia y encima los guías la explican muy bien. Si nos da tiempo tenemos pensado continuar con estas actividades”, afirmó Isabel García, vallisoletana de vacaciones en Avilés que se ha animado a conocer los principales enclaves de la comarca a través de las rutas organizadas por los Ayuntamientos de Castrillón y Avilés.

El encuentro, que tuvo como punto de partida la playa del Cuerno de Salinas, continuó por el Museo de las Anclas con la finalidad de conocer las historias del litoral de Salinas. La costa castrillonense cuenta con una extensión de casi dos kilómetros y está entre las tres más grandes del Principado.

En el trayecto realizaron paradas en todas las anclas del museo, que cuenta con piezas cedidas por diferentes instituciones y ayuntamientos. “La que más me gusta es la del galeón de Nuestra Señora de Atocha, que formaba parte de la flota de las Indias, que se hundió en 1622 en el estrecho de las Bahamas con todo un tesoro a bordo”, explicó la guía Ángeles González.

Una de las anclas que alberga el museo de La Peñona. | Mara Villamuza

A los participantes en el recorrido de ayer les quiso mostrar con todo detalle el lugar, pese a la lluvia. “Iremos hacia la zona de los mástiles que tiene todas las banderas de las diecisiete comunidades autónomas, la de Asturias, España, la Comunidad Económica Europea y la de nuestro municipio, Castrillón”, detalló González.

El museo, situado en La Peñona y que rinde homenaje a los hombres del mar, es el mirador perfecto para contemplar la costa asturiana y la bravura del mar Cantábrico. “La ubicación me parece preciosa, es un enclave único y hoy (por ayer), sobre todo, con este mar revuelto”, comentó González.

Además, los miradores permiten observar los principales puntos del concejo y el busto de Philippe Cousteau, del que toma nombre el museo, un buceador francés que murió a una edad temprana y que llevaba su pasión por la vida marina en la sangre ya que su padre era oceanógrafo.

Un balcón de lujo al Cantábrico

Cousteau comenzó a bucear con cuatro años y ayudaba a su padre en los reportajes marinos. Otro de los puntos a destacar fue el casco del barco también presente en este museo al aire libre. “Simula la cubierta de un barco con sus velas, sus anclas y las cadenas por encima de la cubierta”, explicó la guía.

Aunque el tiempo no acompañó y algunos de los asistentes no acudieron a la cita, la ruta continuó para los vallisoletanos Juan Pablo Hervás e Isabel García, que disfrutaron de un trayecto personalizado.

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